Juan Escarré, exjugador de Hockey Hierba y medallista olímpico

“Cuando me preguntan por mi mayor éxito deportivo siempre digo un torneo con el San Vicente, nunca uno con la Selección”

Juan Escarré, exjugador de hockey hierba y medallista olímpico

256 internacionalidades, medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96 (elegido mejor jugador del torneo), medalla de plata en el Mundial del 98 y campeón de Europa en el año 2005, para los aficionados al Hockey sobre hierba Juan Escarré es un hombre que no necesita presentación.

No muchos jugadores pueden presumir de haber sido convocados con la Selección de su país, incluso llegando a capitán, desde una liga de segunda división. Tampoco de haber seguido acudiendo aun después de quedarse sin equipo. Y con todo, los éxitos que recuerda con más cariño son los cosechados con el equipo de casi toda su vida, el Atlético de San Vicente, donde compartía vestuario con su hermano y los amigos de toda la vida.

Juan es hoy una persona corriente. Ejerce de técnico deportivo en el servicio de deportes de la Universidad de Alicante donde consiguió una plaza por oposición en 1995, mientras comenzaba a despuntar en la élite profesional. Gracias a ello, tuvo una transición dulce tras su retirada, una suerte que otros muchos compañeros no pudieron disfrutar. Desde el campo que le vio dar sus primeros pasos y donde vivió algunos de sus mejores recuerdos como jugador recordamos la trayectoria de esta vieja gloria deportiva. Legend.

¿Qué le conduce a dedicarse al hockey hierba?

Es un tema familiar. Si se fija un poco en el equipo más representativo que es la Selección posiblemente ha habido siempre, llámele, sagas. Es un deporte muy familiar, en su día pues los Amat, son muchos. Aquí, en mi caso, a mucha menor escala obviamente, los Escarré, mi tío y mi padre jugaban. Yo iba a verles los partidos con mis hermanos y nos poníamos en la banda a jugar. Y una cosa lleva a la otra.

¿Cómo fue su formación?

Los inicios con mi padre, luego en las categorías del club con todos los entrenadores. Pero hay una parte muy importante en mi carrera que es autodidacta. Y es que yo siempre he tenido la necesidad de entrenar más. Vivo relativamente cerca de la universidad, donde siempre ha estado el campo de hockey, y sí que hubo unos años que a lo mejor desde los 16 a los 20, que venía a entrenar yo sólo prácticamente cada día. Cruzaba todo el campo por detrás del cuartel. Me tiraba aquí horas y horas y horas. También hay factores sociales que te llevan a veces. Movidas con amigos o con la novia, y como momento adolescente que estás un poco cabreado con el mundo pues yo le eché aquí más horas que un reloj.

¿Cómo era el hockey por aquellos tiempos?

Muy diferente, muy diferente. Ha cambiado mucho desde la superficie hasta las redes. Pero desde que empezamos a competir ya yo veía que me gustaba mucho. Mis padres cuando me querían castigar era no llevándome a hockey. Lo pasaba muy mal. Es algo muy divertido porque además yo siempre he tenido la suerte de hacerlo con mis amigos.

¿Guarda algún recuerdo especial de aquella primera etapa?

El campo de hockey de la universidad de alicante, donde Juan dio sus primeros pasos

Recuerdo de ir catorce chavales embotellados en el coche de mi padre a jugar a Alcoy. Y recuerdo que cuando llegábamos allí los niños iban a preguntarle a mi padre, que era el entrenador, si había venido el 8. Ya me respetaban un poco y era un enano (risas).

¿Por qué siendo un jugador de nivel internacional decidió pasar casi toda su vida en el Atlético San Vicente, en segunda división?

Yo le doy mucha importancia a la parte social. No contemplo el deporte como algo profesional. Yo he jugado cobrando, sí, y he jugado sin cobrar mucho más. Sí que he tenido aventuras en el extranjero, cuando las autoridades deportivas me lo permitían, pero por una necesidad personal. Algunas ligas cambiaron de normativas por mi culpa. Porque al jugar en segunda me permitía jugar en primera en cualquier sitio del mundo. Nadie ficha a un tipo de segunda, porque no hay nadie que te vaya a subir el nivel. Pero claro, en mi caso, yo recibía muchas ofertas para ir a jugar, a lo mejor, los últimos partidos de liga en Alemania.

Usted jugó en Alemania, Inglaterra, Egipto, India… ¿cómo es la liga en esos países?

Son muy diferentes unas de otras. La liga inglesa es muy divertida. El club al que vas te invita a comer. El tercer tiempo, esa filosofía muy británica. Y esa forma de competir tan bestial que tienen. Les da igual tu nombre y tu curriculum, ahí el tío te va a jugar… ves unos puntos en común con la idea que tú tienes del país. Alemania igual. A los alemanes no les sacas de su guion. Mi experiencia allí fue complicada. Exitosa también. Porque ellos piensan que la bola tiene que ir de aquí allí. Entonces cuando tú encuentras otra solución hay cortocircuitos. A la liga India fui allí el año que la crearon, siendo el único europeo. Decidió meter mucha pasta una cadena de televisión y hacían como un draft. Esto es como un tema de periodistas. Si te meten un partido de hockey todos los días a las 8 de la tarde a nivel nacional al final la gente acaba enganchándose.

También llegó a jugar algunos años en la sección de hockey hierba del F.C. Barcelona.

Éramos muy malos. Yo cogía un tren los sábados, jugaba los domingos y volvía. Ni siquiera entrenaba con ellos. ¿Por qué lo hice? No estuve en los Juegos de Barcelona porque en aquella época había un seleccionador que me exigía jugar en división de honor. Yo estaba estudiando y no podía irme de Alicante. Luego el tío me pidió perdón. Ya había jugado alguna competición internacional en sub-21 y al pasar los juegos dije: ¡yo quiero jugar una cosa así! Hice un esfuerzo y cuando llevaba dos partidos en división de honor ya fui convocado con la Selección.

Llegan los Juegos de Atlanta y contra pronóstico se hacen con la plata.

Sí, los veteranos como Joaquín Malgosa o Xavi Escudé solo con ganar a Alemania en el primer partido ya daban los juegos por hechos. A los jóvenes nos daba igual quien estuviera delante, íbamos sin complejos. El segundo ganamos a Paquistán. No teníamos ese chip de ganar por necesidad. Eso lo cogimos después, en la segunda época dorada con Maurits, el entrenador holandés, donde si no ganábamos un torneo llorábamos. Pero en Atlanta, perdimos la final y el equipo más feliz era el nuestro.

Otra vez plata en el Mundial de Utrecht del 98 y sin embargo en el 2000, hecatombe en los juegos de Sidney ¿Qué falló?

Éramos casi los mismos que en Atlanta y Utrecht y quedamos 9º. Por eso cuando me preguntan cuál es la fórmula del éxito yo siempre respondo que no hay una fórmula del éxito. En el deporte de élite hay una gran cantidad de factores externos y pequeños detalles que determinan mucho los resultados. Contra Holanda íbamos ganando 1–0 y nos empataron ellos teniendo un jugador menos.

Tras Sidney llega la etapa de reconstrucción.

Llega Maurits Hendriks. Es muy difícil echar a los veteranos porque en un deporte amateur como el hockey los jugadores tienen otro trabajo y para ellos es como un dinero extra. Y además por aquel entonces se permitían decidir a que iban y a que no. Maurits les dijo que o iban a todo o a nada. Y muchos decidieron irse. Yo decidí quedarme y tuve la suerte de vivir una segunda etapa dorada.

En 2005, por fin, campeones de Europa. ¿Es este el mayor éxito de la Selección?

Sí, como te comentaba, la llegada de este entrenador holandés fue un boom. Decidió que el gestionaba el dinero, lo repartía según el rol que desempeñaras en el equipo y limpió a muchos míticos. En el europeo de Barcelona de 2003 perdimos la final por penaltis y ahí vimos que esto iba a coger carrerilla otra vez. Con gente joven como Xanti Freixa, Xavi Rivas, Rodrigo Garza… gente que no había estado en las Olimpiadas anteriores y que en tres meses se convirtieron en los mejores del mundo en su posición. Tuve suerte.

El Atlético San Vicente desaparece y, sin equipo, aún sigue siendo convocado con la Selección.

Sí, muchos jugadores lo dejaron de golpe, los que entraron no cumplían mucho y nos descendieron por no presentarnos a tres o cuatro partidos. Entonces estuve jugando sin licencia deportiva. No estaba retirado pero no competía, entrenaba por mi cuenta. Luego físicamente estaba como un toro porque me dedicaba a correr y llegaba a los entrenamientos de la Selección y jugar no se te olvida. En los primeros tres encuentros del siguiente torneo fui elegido jugador del partido.

¿Ha pensado alguna vez que jugar en segunda división haya podido ser un hándicap para su crecimiento como jugador?

Yo creo que ha sido lo contrario. Que yo he estado en el caldo de cultivo perfecto para desarrollarme como jugador. Por las experiencias que he vivido luego en otros equipos no lo cambiaría por nada. No había un punto de esa adulación que hay en otros equipos. Eso no lo aguanto. Yo al final jugaba con mi hermano, mis amigos íntimos de toda la vida. Y jugaba todos los minutos de todos los partidos, en otro lado a lo mejor me hubieran cambiado. Vivir esas experiencias… siempre que me preguntan cuál es mi mayor éxito deportivo no digo ningún torneo con la Selección, digo un torneo con el San Vicente, siempre. Esa ha sido mi mejor experiencia deportiva.

Se retira de forma abrupta por una lesión de rodilla poco antes del Mundial de 2006. ¿Le dio lástima perderse un mundial en el que partían como uno de los favoritos, tras el oro del europeo el año anterior?

No, cuando llevas cuatro mundiales, el quinto ya… Obviamente el día que hice la prueba y vi que no podía lo pasé muy mal. Pero al mismo tiempo sentí como una liberación. Pensé: se acabó el no tener equipo, llegar a una concentración y pensar, siempre pensar que ya me van a echar. Ahora con el tiempo incluso lo hubiera dejado antes. Compaginaba el trabajo, con el hockey, con la familia y además era Seleccionador de la sub-18.

Una vez se retira, ¿cómo afronta su futuro?

Con normalidad. Yo trabajo desde hace 15 años como técnico deportivo en el servicio de deportes de la Universidad de Alicante, gracias a una plaza que me saqué al poco de terminar mis estudios de magisterio. Pero otros compañeros no han tenido tanta suerte. Recomiendo el documental “Del podio al olvido”. Ahí salen muchos deportistas qué treinta años después del éxito están con una mano delante y otra detrás. Yo cuando acabé la carrera me hinché a repartir curriculums y no me llamó ni cristo. Tuve la suerte de poder optar aquí en la Universidad.

¿Tuvo alguna facilidad por ser profesional de élite?

No, me presenté a una plaza que salió y soy interino todavía. De hecho soy de los que se quejan y mandan cartas a la federación, ¡qué menos qué cotizar! Estuve ejerciendo ese trabajo hasta los 37 tacos y al final estamos todos en lo mismo. ¿Y si no hubiera tenido esto? En otros países como Rumanía o Cuba, por ejemplo, los atletas olímpicos que consiguen medallas tienen un sueldo para toda la vida. ¿Cómo tener en cuenta el sacrificio? No sé, pero habrá que buscar herramientas para la gente que se ha dejado mucho tiempo de su vida y gran parte de su salud física por defender una camiseta. A veces te tienen más en cuenta los clubs que la propia federación.

Muchas gracias Juan.

A usted, pero sepa que lo de vieja gloria me ha tocado.

Bueno, ¿es ley de vida, no?

Ya le digo.

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