¿Destapando la felicidad?
Pienso que una de las compañías multinacionales que más éxito tiene debe mucho a su gran trabajo en cuanto a la mercadotecnia y las brillantes campañas publicitarias que generan sus publicistas. Sin embargo ¿Qué es lo que explotan que es tan llamativo? La respuesta es sencilla, es la felicidad. Una vez dejando esto en claro es bastante obvio que me refiero a la compañía encargada de comercializar el refresco negro más famoso, Coca Cola.
La idea que Coca Cola promueve sobre la felicidad y esta versión utópica del mundo en la cual los problemas se solucionan gracias al optimismo y a la fraternidad de compartir una coca helada. No me malinterpreten, es una campaña brillante y me encuentro muy lejos de estar en contra de que busquen un mundo más optimista y empático — aunque esto sea de alguna manera bastante comercial, pero al final efectiva- sin embargo, no puedo evitar pensar en las implicaciones sociales y emocionales que este tipo de campañas tienen en sus receptores.
Aceptémoslo, es muy sencillo promover un mundo feliz que solo busca las partes positivas de la vida, pero la realidad es que existe un gran porcentaje de personas que se encuentran sumergidas en la depresión. Y aun peor, al menos en México y más particularmente en Guadalajara, la depresión es una emoción que socialmente no tocamos, casi como un tema tabú, en el que preferimos ser omisos ante este problema de salud pública. Estoy consciente que existen campañas al igual para combatir la depresión y distintas situaciones emocionales, pero es evidente que distan mucho de tener la misma difusión que otras campañas, claro está por el tema lucrativo de la publicidad.

Por lo que con este pequeño texto pretendo aportar un poco hacía las causas perdidas y que sirva de apoyo para todo aquel que se encuentre en algún momento difícil. Y es que si puedo sintetizar mis ideas acerca de este texto en una frase sería la siguiente: “Esta bien sentirse deprimido, es normal y todos pasamos por ello. Es un elemento fundamental para formar una salud emocional sólida”. Estas son palabras que son emitidas bajo el punto de vista de un estudiante de Derecho, no de un estudiante de psicología o un sociólogo. Sin embargo, creo que esto no es tan relevante, porque la profesión no cambia el hecho de que cada persona pasa y experimenta los mismos sentimientos, bajo distintas circunstancias y distinta intensidad, pero lo hace.
En un contexto legal o jurídico, por la naturaleza de las situaciones que orillan a una persona a acudir por asistencia legal es común que los operadores jurídicos estemos familiarizados con situaciones realmente delicadas, por lo que el manejo de los asuntos ajenos contiene un alto grado de responsabilidad. En lo personal pienso que a muchos de los que nos desarrollamos (o desarrollaremos de manera formal) en este contexto es necesario desarrollar una habilidad de empatizar y, sobre todo, manejar con las emociones de las personas a las que ayudamos, y, sobre todo, en lugar de censurar y evitar el tema de la depresión afrontarlo y dejar muy en claro del papel que esta juega dentro de una estabilidad emocional. Pero ¿Por qué menciono esto acerca de la profesión jurídica?
Por una razón en particular, y esta es que para lograr esto es necesario contar con una claridad y dominar nuestras emociones, en especial acerca de la depresión. Si, esto si es parte de una educación y una inteligencia emocional desarrollada. Una que no es tomada en la mayoría de las escuelas, siendo esta un pilar necesario para el desarrollo propicio de todas las personas. Quizá el nuevo sistema educativo apenas comience a tomarla en cuenta para generaciones por venir, sin embargo, es necesario hablarlo y fomentarlo en las generaciones que ya estamos aquí, las que estamos por introducirnos formalmente al campo laboral y por supuesto, a las que ya forman parte de este.
Es claro que existen una pluralidad de razones por las que esto sucede, son muchas las posibles razones y situaciones que llevan a que alguien se sienta abrumado por la vida, y de alguna manera el uso de las redes sociales y la crisis que esta trae en cuanto a la cantidad de información de acceso rápido por más personal que sea, y sobre todo una creciente problemática con adolecentes que toman la popularidad en redes sociales como un medidor de autoestima, lo cual puede tener consecuencias graves. Por lo que es necesario poder acceder a todas estas personas, independientemente de la edad.
Así que a continuación tengo una propuesta para cada uno de nosotros, es bastante obvia y es más sencilla escribir sobre ella que de hecho llevarla a cabo. Pero aquí va: Tengamos esas conversaciones difíciles, esas que es más sencillo posponer. Ya sea con alguna persona o, y aún más importante, con nosotros mismos. Y aquí ya no solo hablo sobre la depresión, sino de todo aquello que nos oprime y que puede que impida desarrollarnos en los ámbitos o contextos que nos gustaría. Sí algo he aprendido en mis primeros veinte años de vida es que incluso en las situaciones más difíciles y adversas hay una lección por aprender. Quizá sobre la vida, quizá sobre nosotros mismos, o quizá sobre si te gusta más la cerveza oscura o clara. De cualquier manera, vale la pena averiguarlo.
En el cuerpo de este texto mencione que esto era en pro de las causas perdidas, rectifico dicho comentario porque esto no se trata de una causa perdida, sino de una olvidada dentro de un contexto social en el que es suprimida por una ola de optimismo mediático. Así que a modo de conclusión solo quiero remarcar la sugerencia y necesidad de comenzar a aceptar que todas las etapas y experiencias emocionales son necesarias para alcanzar una mayor estabilidad y madurez emocional. Coca Cola sugiere destapar la felicidad, yo sugiero destapar una cerveza y confrontar todo lo contrario.
-Daniel Hernández. 06 de agosto de 2017.
