La chica que aún no se levanta
¿Quién fue el responsable? En una mano tengo a la providencia y en la otra al conductor, que por necedad, insolencia y hasta cierto tipo, corrupción, decidió privar a las integrantes del equipo al que dirigía de un seguro viaje en avión, de sus sueldos; quién pensaría que en realidad terminaría privándoles de sus carreras, de sus sueños, hasta de sus vidas. ¿Qué pasó con este responsable de la desgracia? Sus contactos le ayudaron para evadir la prisión.
¿Qué pasaba por mi mente en aquellos días de junio?
1-Una vieja amiga, quien ocupa un significativo lugar en mi corazón, me necesitaba.
2- Después de haber encontrado más notas me inundó un sentimiento de impotencia. Leer lo que los medios publicaban, el morbo con el que siempre se manejó la noticia fue lo que detesto. Me hice la promesa de que llegado mi momento, jamás escribiría o vería el lado de “interés” sobre la sensibilidad.
3- El saldo para ella sería altamente costoso: hasta el día de hoy, a un año del desafortunado incidente, no se sabe si podrá volver a “pisar” una cancha de baloncesto. Todo quedó en un “qué hubiera sido”, en el inamovible “hubiera”.
El recuento de los daños, dos mujeres muertas, todas las pasajeras y el pasajero con lesiones de distinto nivel. Lo primero que debe pasar por tu cabeza son tus seres queridos y hasta ese momento toda noticia que se tenía era la oficial.
Todas las personas que conociste y ahora, de un momento para otro, en un simple click, desaparecieron. Obviamente la preocupación constante estaba en mi vieja amiga, pero aunque tratara de disimular, saber que personas que pude ver y con quien incluso conversé en un video, era agobiante.
Como todas las historias, esta debe tener un inicio, un lugar de donde partir, sin embargo, qué complicado resulta cuando el lugar de una de las desgracias que más han tocado mi corazón ni siquiera lo conozco, no hay referencia más que algún kilómetro de alguna carretera. Si me preguntan por la fecha puedo decir que el 15 de junio, pero el infortunio continúa persiguiéndome.
Por mi bien decidí no informarme más allá de lo que fuera necesario, pero cuando pregunté a mi amiga fue una combinación deliciosa entre saciar mi interés de periodista y una aberrante sensación proveniente del relato que mis oídos no se decidían si escuchar o no.
Nada del momento previo al accidente lo recuerda claramente, pero sí sabe qué pasó una vez que recobró la conciencia. Sentía un raro frío, un dolor innegable que a la vez no estaba, producto del shock en el que se encontraba. Estaba grogui, su actuar no fue el más lógico, pero sí está adherido a su memoria. Recuerda que no pudo incorporarse, que no sintió por completo su cuerpo, que lo único que pudo hacer fue abrir los ojos y sin despegar la cabeza del pavimento pudo ver, a través de mucho humo y cristales rotos, un cuerpo y un rostro. “Sabía que yo estaba mal, pero no me vi, solo miraba ese rostro irreconocible y no sabía quién era pero me dije ‘ya se murió’ a ella le fue peor”. Se arrepiente de la frialdad con que se refirió a “ella”, una de las chicas más tranquilas y alegres de la escuadra.
Claro, cuando alguien fallece queda sino retomar los momentos buenos, aunque este no es el caso, ella sí era un cúmulo de buenas experiencias porque siempre quería ofrecer una sonrisa a todos sus conocidos.
Después de narrar ese breve momento hay un espacio en negro. Lo siguiente de lo que tiene memoria es ella en la ambulancia, siguiendo en un estado completamente inconsciente. “Le decía al paramédico que se apurara, que tenía que llegar a mi examen en la mañana” y acompañado de esto intentó recrear la mueca de risa y pena que hizo aquel hombre que la atendía. De nuevo, una laguna.
Sus recuerdos brincan a su cuarto del hospital en que estaba su enfermera y un médico. Apenas abrió los ojos cuando un incesante e inigualable dolor se apoderó de ella y fue una posesión casi “satánica”. Se puede contemplar mas no reconocerse gritando cosas indescriptibles y atroces, en un lenguaje que nunca le había escuchado utilizar; pedía que le quitaran el dolor.
Seguramente ella conoce el impacto real que tuvo la desgracia, pero yo también estoy sumamente conmocionado, que resulta después de saber que la persona que has viste capaz de hacer lo que nadie puede no lo conseguirá repetir ya nunca, que un futuro se viró de una manera súbita. De las personas que viajaban y que ahora están con vida sé que es la única que nunca pudo levantarse del pavimento.