Narcisismo: el infierno de Dante

Narcisismo: el infierno de Dante

A finales del mes de octubre, una de las estudiantes de la maestría en psicoterapia para adolescentes de la Facultad de psicología en la UNAM, se presentó a la clase de Psicopatología y personalidad con el fin de exponer uno de los casos con el que ha trabajado durante un periodo largo de tiempo y que, sin duda, ha representado un gran reto personal.

Dante, que es el nombre del paciente, asistió por supuestas ideaciones suicidas al centro de atención psicológica de dicha facultad, sin embargo no pasó mucho tiempo antes de que la terapeuta identificara en el evaluado algo que iba mucho más allá de su motivo de consulta; estaba frente a un trastorno narcisista de la personalidad.

El diagnóstico se logra debido a que en las primeras sesiones, al realizar su historia clínica, se pueden identificar conductas soberbias, un amor desmesurado hacia sí mismo, pocas habilidades para reconocer emociones en otras personas, desvalorización de los demás, excesiva seguridad para actuar incluso en contra de lo establecido, etc. que, evidentemente, Dante no logra reconocer como negativas.

Seún el DSM- IV para poder hacer diagnosticar a una persona, esta debe cumplir con al menos 5 de los 9 criterios:

1. Tiene sentimientos de grandeza y prepotencia (p. ej., exagera sus logros y talentos, espera ser reconocido como superior sin contar con los correspondientes éxitos).
 2. Está absorto en fantasías de éxito, poder, brillantez, belleza o amor ideal ilimitado.

3. Cree que es “especial” y único, y que sólo pueden comprenderle o sólo puede relacionarse con otras personas (o instituciones) especiales o de alto estatus.
 4. Tiene una necesidad excesiva de admiración.
 5. Muestra un sentimiento de privilegio (es decir, expectativas no razonables de tratamiento especialmente favorable o de cumplimiento automático de sus expectativas).
 6. Explota las relaciones interpersonales (es decir, se aprovecha de los demás para sus propios fines).
 7. Carece de empatía: no está dispuesto a reconocer o a identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás.
 8. Con frecuencia envidia a los demás o cree que éstos sienten envidia de él.
 9. Muestra comportamientos o actitudes arrogantes, de superioridad.

Para el psicoanálisis, todas estas características de personalidad presentes en los narcisistas que los llevan a tener un excesivo amor propio, son el resultado de un retorno libidinal del exterior al interior como medida de protección del yo, que va a parecerse mucho al narcisimo de la primera infancia.

Si logramos comprender la relación inversamente proporcional entre la libido del yo y de los objetos externos, podemos entender fácilmente porque están presentes conductas como la explotación de las relaciones interpersonales, la falta de empatía y la prepotencia.

De la misma forma, la crítica continua hacía otras personas muchas veces es producto de la proyección como mecanismo de defensa, muy presente en este trastorno, que al no poder reconocer y aceptar cosas de sí mismo que le cuesta trabajo soportar, comienza a atribuírselo a la demás gente.

Es por todo ello que las personas diagnosticadas con el trastorno narcisista de la personalidad son unas de las más difíciles para trabajar en psicoterapia, ya que hay poca probabilidad de que se acerquen a pedir ayuda; y si logran hacerlo es complicado que lleguen a aceptar su propios errores y defectos. Los terapeutas se enfrentan a una poca adherencia al tratamiento, a una constante denigración del trabajo profesional y una confrontación difícil de sobrellevar si no se tienen los recursos y la experiencia necesarios como psicólogos.

La meta terapéutica se limita entonces a desarrollar habilidades de empatía en el paciente que le van a permitir no solo establecer mejores relaciones interpersonales, evitando la objetivización a las personas, así como generar recursos para reconocimiento de su imperfección, mismos que lo mantendrán menos expuesto a la melancolía producida por críticas exteriores.