La 8va Arte: Hacer dificil lo sencillo

Hay personas complicadas y demandantes, de las que tienen un problema para cada solución, una contradicción para cada evidencia, una contraprueba para cada prueba y una tormenta para cada instante de calma. Son petulantes y ladrones de paz interna, personalidades complejas que adoran las discusiones, que agotan, debilitan y que hemos de aprender a manejar para preservar nuestra integridad mental y emocional.

A muchos nos encantaría poder llevar a este tipo de perfiles a nuestra bandeja de “spam”, a una dimensión paralela donde nuestra realidad más cercana quedara a salvo e intacta. Sin embargo, si hay algo que todos sabemos es que ya sea en nuestra familia, en nuestro entorno laboral o incluso en el grupo de amigos, nunca faltan este tipo de personas complejas con las que estamos -casi- obligados a convivir.

Decía Confucio en sus textos que hay personas que parecen encontrar algún tipo de recompensa negando algún proyecto nuevo e innovador o incluso encontrando fallos en los demás. El arte de hacer difícil lo sencillo esconde un laberinto de problemas emocionales que nos será muy útil descubrir.

Todos somos complicados a nuestra manera. Cada uno de nosotros disponemos de estos huevos alojados en la mente y el corazón, donde se entremezclan miedos con inseguridades, frustraciones con ansiedades. Sin embargo, la principal diferencia respecto a esos otros perfiles que habitan en lado más extremo de la complejidad es la incapacidad para establecer relaciones sociales y afectivas funcionales, respetuosas y estables.

En vista de lo expuesto anteriormente, ya tenemos claro que en primer lugar es recomendable ser sensibles ante estos comportamientos y entender que las personas complicadas pueden estar pasando por un momento personal delicado, nunca tuvieron el apoyo de los suyos en el momento de emprender algún tipo de proyecto o ven una amenaza en el entorno laborar a lo que realmente puede ser un proyecto de éxito. No obstante, y por otro lado, también las hay que han cronificado sus manías, sus artimañas narcisistas y ese deseo encubierto por hacer difícil la vida a los demás.

Para concluir, hay personas con una tendencia natural a complicarse y a complicar la vida de los demás. Seamos capaces primero de entender sus ópticas y de intuir si detrás ellas existe algún tipo de problema que reclame nuestra ayuda. Si no es así, no cabe otra opción que desplegar nuestros paraguas emocionales para protegernos de sus tormentas personales.