La filosofía de la historia en Immanuel Kant
La filosofía de la historia de Kant, se inserta en el contexto de la Ilustración, en la historia metafísica o especulativa alemana. Esta corriente fue alimentada por otros autores como Herder, Schelling, Fitche y Hegel que establecieron el fin último de la historia como eje de la realización humana y de su propia interpretación histórica.
La filosofía de la historia, como la llamaban, tenía por objeto la historia en el sentido de res gestae no de historia rerum gestarum; y la tarea de sus expositores consistía en presentar una interpretación del curso real de los acontecimientos para mostrar que podía encontrarse en él un tipo especial de inteligibilidad.
Si la historia debía ser analizada por los filósofos para encontrar algún tipo de inteligibilidad fue por el curso especialmente caótico de los hechos humanos, que daba pie al análisis filosófico de la historia. A primera vista la historia parecía la concatenación de una serie de acaecimientos conectados accidentalmente sin ninguna guía o sentido evidente. Y para muchos filósofos era imposible aceptar a la historia en su sentido literal porque esto significaría aceptarla en su forma ininteligible.
La elaboración de una “filosofía”, o interpretación filosófica, de la historia que revelara, según se esperaba, la racionalidad subyacente en el curso de los acontecimientos históricos haciendo manifiesto el plan según el cual se habían producido.
La interpretación filosófica que de esta preocupación surja, adquirirá naturalmente matices especulativos en el tratamiento de los hechos históricos que buscarán esclarecer la racionalidad subyacente de toda la existencia humana.
Las especulaciones desde mucho antes de la filosofía metafísica alemana, tuvieron un origen teológico que le dieron su lugar reconocido en la apologética cristiana, por esto, los filósofos buscan encontrar su equivalente secular en las teorías de perfectibilidad y progreso humano tan importantes para los pensadores de la Ilustración.
La filosofía de la historia se construye al pensar que hay algo moralmente terrible en la creación de una historia de carácter inteligible, que no tenga un orden entre todo el caos que impulse a los hombres a buscar la norma en el acontecer histórico. Sin norma, las grandes desdichas de la humanidad se presentarían como fines y no como medios racionales del devenir.
Kant en su tiempo
Una mirada a la filosofía de la historia de Immanuel Kant debe ser insertada necesariamente en su contexto socio histórico. Kant, reflexiona sobre su presente y sobre las posibilidades de éste en el futuro y así su filosofía se inserta dentro de la filosofía especulativa alemana junto con el trabajo de otros autores.
Sin embargo, el trabajo de Kant no sólo se inserta en el contexto de la historia especulativa alemana, también se inserta en el momento de la Ilustración y con ella el uso de la razón como motor de la humanidad. De ahí también se entiende el contexto europeo donde el germen que acabaría con el antiguo régimen ya se había sembrado.
La manera en que Kant analiza su presente, así como sus preocupaciones por el mismo, se reflejan claramente en el artículo que escribió en 1784 titulado ¿Qué es la ilustración? Esta reflexión la escribió Kant como parte de un concurso en el que participaron otros autores que tenía el fin de contestar la pregunta con la que se titula el artículo.
Kant responde a la pregunta explicando que la ilustración, así como la historia, se construye a través de la humanidad, no del hombre. Sin embargo existe una dimensión en la que el hombre por sí mismo tiene un papel primordial que no podrá condensarse hasta la generalización de éste. Esta dimensión es la libertad que todo hombre ha de tener derecho a poseer.
La ilustración es un proceso, un proceso de liberación de la “culpable incapacidad” característica del hombre. La incapacidad reside en la imposibilidad de hacer uso de la razón propia y con esto contravenir el designio de la Naturaleza o la Providencia. Esta incapacidad se ha convertido casi en segunda naturaleza del hombre y por eso mismo le tiene tanto miedo a la emancipación.
La ilustración sólo puede, y se da, en el plano de la libertad de hacer uso público de la razón íntegramente. Sin importar el papel y la función que cada individuo cumple en la maquina social, el uso de la razón se presenta para Kant como un derecho y una obligación de la misma existencia.
Cada persona es miembro de un ser común total, esto le da las facultades para poder hacer libre uso de la razón aunque muchas veces tan sólo sea en calidad de entendido. Esto porque Kant acepta la necesidad de un marco legislativo regulador que muchas veces incita a la obediencia de sus partes, sin que esto excluya la libertad del uso de la razón. Sin embargo este tema será tratado más adelante.
Para Kant, el destino primordial de la naturaleza humana radica en el progreso, y para lograr éste el uso de la razón resulta el motor en cuanto a que es éste el que crea el conocimiento que cada generación podrá divulgar a las demás. El progreso dependerá de las estructuras que cada generación adapte a sus propias necesidades. Por esta razón resulta una contradicción intentar crear estucturas sociales que se piensen inamovibles, porque “una generación no puede obligarse y juramentarse a colocar la siguiente en una situación tal que le sea imposible ampliar sus conocimientos (…) Esto constituiría un crimen contra la naturaleza humana, cuyo destino primordial es [el] progreso”
El problema de la inamovilidad estructural lo presenta Kant en distintos aspectos de las sociedades, uno de ellos es el religioso al que Kant dedica buen espacio de su trabajo porque la “tutela religiosa es la más funesta y deshonrosa de todas”. Los tutores religiosos deben hacer uso de la razón, porque son estos los que tendrán que ir adaptando la estructura religiosa a los distintos cambios que en su sociedad se presenten. Con esto, Kant estaba poniendo a la religión entre los límites de la razón. El individuo, en su calidad de miembro de la maquinaría total, debe hacer uso de la razón porque sólo mediante ésta podrá lograr la ilustración de su ser. Y el monarca, en calidad de representante de la voluntad general, deberá hacer uso de la razón si lo que quiere es legitimar su autoridad legislativa. Un mayor grado de libertad ciudadana se reflejara en el poder de acción de los pueblos a través de su subjetividad, además también dejará su impronta en los principios de cada gobierno.
Así, para Kant, el tiempo que vive no es una época ilustrada sino una época de ilustración. Con esto Kant acepta la Ilustración como un proceso al que todos los hombres deben unirse por sí mismos en pos de lograr una sociedad en donde todas las partes de la maquinaria cumplan con su función en los designios de la Naturaleza.
El plan de la Naturaleza
La Naturaleza tiene un plan, un plan destinado al curso de la humanidad en el tiempo. Así, todas las acciones humanas están determinadas por las de leyes generales de la misma. Sin saberlo, todos los hombres al seguir sus propias motivaciones y necesidades están siguiendo el hilo conductor de la Naturaleza. La vida privada está determinada por ésta desde mucho antes de que nacieran los hombres que la vivirían. Las guerras, las desdichas humanas son parte inherente para la realización del fin último que la Naturaleza ha ideado para nosotros.
Sin embargo, el plan de la Naturaleza, está destinado a la humanidad como un común total. Los individuos no son los verdaderos actores de la historia ya que sus acciones estarán determinadas por el camino de la maquinaria humana total. Es, la humanidad la que está destinada al progreso y el hombre sólo puede formar parte a través del imperativo categórico y de la realización completa de sí mismo mediante el uso de la razón y la libertad de la voluntad que en ella se funda.
El imperativo categórico estará determinado por la libertad del uso privado de la razón, y éste se lograra debido a que dentro del mismo plan de la Naturaleza, cada individuo está dotado de ciertas potencialidades que tendrá que encargarse de realizar. Este planteamiento de Kant, es profundamente teleológico ya que responde a la búsqueda del propósito último de la existencia del hombre. “Parece que a la Naturaleza no le interesaba que el hombre viviera bien; sino que se desenvolviera a tal grado que, por su comportamiento, fuera digno de la vida y del bienestar.”
El plan de la Naturaleza que Kant dibuja, está determinado por el progreso de la humanidad que es prácticamente inherente a ella y la llevará de la barbarie a la civilización en una transición de dos etapas. La civilización entendida por Kant como la realización de una sociedad libre cuyo antagonismo esté limitado y mediado por el quehacer político –legislativo.
Esta sociedad libre se construirá en un principio dentro de las fronteras de los Estados con una constitución civil perfectamente justa que tendrá que someter a la “insociable sociabilidad” del hombre. Éste será el problema más difícil y el que la especie humana más tiempo se tardará en resolver, ya que la criatura racional tiene una egoísta inclinación animal que lo llevará a abusar de su libertad si no hay nadie que por un medio legal pueda ponerle un freno. Por esta razón la Naturaleza ha planeado la formación de una sociedad civil, la primera etapa de la transición, que administre el derecho en general, misma que deberá estar formulada a partir de la experiencia, el conocimiento de la historia y la buena voluntad de aceptación de la misma.
La segunda etapa de la transición consistirá en exteriorizar la primera, para Kant de nada sirve la realización de una sociedad civil sin que ésta traspase fronteras. Por esto es éste un principio de la historia cosmopolita que se analizará más adelante. Este principio será impulsado por la misma “insociabilidad sociable”, que impulsó a los hombres a entrar en la esfera de la legislación, se reflejara en las relaciones, antagonismos y excesos de libertad de los Estados y los guiará al establecimiento de una unión de naciones,
En la que aún el Estado más pequeño puede esperar su seguridad y su derecho no de su propio poderío o de su propia decisión jurídica, sino únicamente de esa gran federación de naciones, de una potencia unida y de la decisión según las leyes de la voluntad unida.
Así, el fin último de la Naturaleza se condensa en un ámbito de la esfera política derivado del antagonismo de sus agentes, en sus dos niveles, interno y externo. Que estará determinado por la voluntad general que deriva del uso de razón y se manda a sí misma y por eso es libre. Los hombres llegaran a esa meta, la determinada por la Naturaleza, llevados por las desdichas que su ausencia produce.
El papel del hombre
La humanidad es una especie moral y es ésta, y no el hombre, la que tiene el destino de cumplir el designio de la Naturaleza. La individualidad del hombre no tiene importancia más allá de su parte en la maquinaria social. El hombre se verá beneficiado tan sólo en la medida en que el bien de la humanidad lo beneficie a él, pero también será perjudicado, si es necesario, en provecho de la humanidad.
Sin embargo las motivaciones de la naturaleza, que los hombres creen propias, dotan al hombre de su carácter moral y sobre el que se construirá la voluntad, que unida a todas las demás será universal. El hombre debe alcanzar este punto mediante el uso de la razón, que llevará a la adopción del imperativo categórico de Kant.
Es éste el principio básico de la ética de Kant, que incita a que los hombres tomen la actitud que individualmente aportará a la máxima universal de la humanidad, por una parte la realización de sus potencialidades y por otra, el reconocimiento de las personas como fines en sí mismos y no como medios. El imperativo categórico tiene como fin último lo bueno en una forma absoluta y nada más.
El comportamiento individual que adopte estos principios, debe ser autónomo en vista de la libertad racional derivada de la Ilustración, siendo consciente de que éste deriva de un plan metafísico con un fin último y distintos propósitos intermedios.
Como mencione arriba, uno de los principios de la historia cosmopolita de Kant, dicta que todo hombre estará dotado de distintas “disposiciones naturales […] destinadas a desarrollarse alguna vez de manera completa y adecuada” Sin embargo estás deben desarrollarse completamente en la especie y no en los individuos. Esto, porque, para empezar se necesita una serie incontable de generaciones para que el conocimiento en estas construido logre la realización de todas las potencialidades del hombre. Pero también porque a una escala individual, las relaciones hombre a hombre están dominadas por la acción egoísta, casi instintiva, contra la que el uso individual de la razón, nada puede.
Sin embargo, muy a pesar de la concordia que tanto anhela el hombre, la Naturaleza ha ideado a la discordia como una herramienta que impulsará el desarrollo de sus disposiciones para la humanidad, en palabras de Kant,
Los impulsos naturales, las fuentes de insociabilidad y de la resistencia absoluta, de donde nace tanto daño, pero que, al mismo tiempo, conducen a nuevas tensiones de las fuerzas y, así, delatan también el ordenamiento de un sabio creador y no la mano chapucera o la envidia corrosiva de un espíritu maligno.
Si el hombre no tiene el papel protagónico en el devenir de la humanidad, el bienestar individual de éste no tendrá importancia en el mismo, al contrario, se encontrará a lo largo de su vida con una serie de obstáculos y penalidades que reforzaran su papel secundario. Sin embargo el plan de la naturaleza ha dado cierta satisfacción a los hombres, que una vez liberados del yugo de la irracionalidad e involucrados en la esfera de la voluntad, de la moral, obtendrán “su propia estimación racional”. Por eso mientras más libres sean los ciudadanos más se reflejará esto en su sentir y en su capacidad de actuar.
Su filosofía de la historia
Para Kant, la historia de la especie humana en general puede considerarse como la realización de un plan secreto de la Naturaleza para dar existencia a la constitución política perfecta tanto nacional como internacional. La historia entonces tiene un fin, y un perfil teleológico que será determinado por distintas herramientas de la Naturaleza.
“Los hombres no se mueven, como animales, por puro instinto, ni tampoco, como racionales ciudadanos del mundo, con arreglo a un plan acordado, parece que no es posible construir una historia humana con arreglo o plan.”
Sin embargo, a pesar, de que a la historia no podría encontrársele un plan, y por tanto tampoco debería adquirir matices de divinidad, la historia, dice Kant, se construye a través de la moral de los hombres, y es la trayectoria moral, en la que Dios, aparece como realidad práctica, que incita a los mismos al entendimiento de una realidad que aparece como conflictiva. Para Kant, es el filósofo el que debe encontrar en curso contradictorio de las cosas humanas, alguna intención de la Naturaleza y a partir de ella sea posible crear una historia de seres semejantes. La religión aparece entonces, al ser una realidad práctica, dentro de los marcos de la razón. En primer lugar como la dadora de moralidad hacia los hombres y como aquella que debe adaptarse a la necesidades morales de la humanidad.
La historia se construye con aires profetizantes, porque la misma moralidad humana tiene matices especulativos, mismos que se reflejan en su constante búsqueda de un “fin de todas las cosas”. Los hombres, en general esperan un fin del mundo, porque este representará el fin último de su misma existencia humana, la manera en la que su moral se condensará en algo tangible, y muchas veces este fin último se piensa como desastroso y lleno de horrores, porque será este el que finalmente hará justicia frente a todas las decisiones individuales del carácter moral humano. Sin embargo, esto también forma parte del plan de la Naturaleza en aras de hacer creer al hombre de la importancia de su desempeño individual, lo dota de razón y por tanto de distintas preocupaciones existenciales cuyas respuestas darán sentido individual a la vida de los hombres.
Los principios de la historia cosmopolita de Kant, para que la historia pueda pasar de ser universal a cosmopolita, deben ser adoptados por la humanidad en sus diferentes esferas de acción. Y será así y sólo así que la historia podrá construirse como un reflejo de lo que el plan de la Naturaleza pinta para el futuro de la humanidad.
Primero el hombre deberá aceptarse a sí mismo como parte de una maquinaria total, y así abrazar los preceptos de su acción como parte de la acción cosmopolita de la humanidad y no de su existencia como fin último. El hombre podrá deberá hacer uso de su razón para así crear los medios necesarios para dar propósito a su propia existencia y no sentir que se vive en vano.
Segundo, los Estados deberán actuar como los preservadores de la voluntad general que mediante la creación de un estado ilustrado, que asegure la libertad del uso de la razón de cada uno de sus ciudadanos, logre condensar una constitución civil que sea resultado del tira y afloja del antagonismo natural de los hombres. Que pueda contrarrestar con esto, las deficiencias naturales, que la Naturaleza a brindado, a conciencia, al hombre.
Tercero y último, que la constitución civil pueda mandar también sobre las relaciones de los Estados, que también tendrán deficiencias naturales o antagónicas que tendrán que ser mediadas, deficiencias que mediante una confederación o liga de naciones podrán consolidar el sentido de la historia de la humanidad.
Pero la historia sólo puede construirse, si estos tres momentos se cumplen, por eso la historia de Kant mira hacia el futuro sin intentar manipular el presente. Porque el presente no puede manipularse más allá del plan original de la naturaleza. Porque la historia sólo está completa cuando se han desarrollado todas las potencialidades de la humanidad y eso dista de reflejarse en su presente o incluso, en el nuestro.
La historia es lo que da a la humanidad un fin último, como la moral es la que da al hombre el por qué de su existencia. La historia sólo puede dejarnos conocer la trayectoria que la humanidad seguirá hasta la realización de sus metas, más no dará indicio de lo que pasará mañana o el día después de mañana en la vida de cada hombre. La historia nos da el futuro que será común a todos los hombres para que estos, con su maquinaria social puedan dar ímpetu a los designios de la Naturaleza. Por eso la historia puede crear distintas leyes universales cuyo seguimiento en las tres esferas de la humanidad aseguraran su sentido cosmopolita.