Querer como se quiere, cuando se quiere tanto que te hace doler.

Me doles tanto. Me doles de tal manera que me siguen afectando cosas que pasaron hace más de un año. Que haces que no duerma, que no deje de pensar, que me cueste respirar. Haces que todo sea una vigilia, que no pueda estar tranquila sin saber todo. Me haces querer saber todo, porque sé que las cosas que no sé son las peores. Me duele no saber. Me duele que no seas vos el que me las diga. Que todavía tengas miedo a hablar, a confesar. Que no me veas más como alguien a quien le podes decir todo, por más hiriente que sea. Me duele que pienses que me estas cuidando cuando en realidad lo único que causa el ocultar las cosas, es romperme más. Y ya estaba muy rota cuando me conociste. Bastante rota.

Y yo sigo esperando que pienses en mí, así como yo pienso en vos. Que te agarre esa culpa, esas cosquillas con las que no podes vivir excepto que vengas y me lo hagas saber. Esa necesidad de liberación.

Porque es como yo me sentí (no muchas veces) cuando algo no estaba bien. Porque siempre me salió sentir que somos uno. Que si algo me afecta a mi, también te afecta a vos y viceversa. Que nuestra vida es la misma, y que, a esta altura, es necesario cuidar al otro, cuidarlo como a uno mismo. ¿Y las mentiras? pensé que estaban en un solo tipo de relación. En una inaguantable, aburrida, y rutinaria relación, y estoy muy segura que no somos eso. Nuestra relación está bien. Es estable y dinámica a la vez, no es perfecta, pero es mejor que la mayoría que me doy el lujo de conocer. La relación tiene todo lo que debe tener, pero nosotros no. No la mantenemos. Uno miente y esconde y oculta. La otra quiere ir por su lado, hacer la suya esperando apoyo. Somos contradicción, vamos para diferentes lugares y cada tanto nos encontramos y somos felices por un rato, hasta que nos separamos de vuelta. Y vos seguís con las cosas que me duelen, y yo sigo con las cosas que te hacen enojar. Porque siempre fue así: vos te enojas y te vas, yo me quedo y lloro. Distintas reacciones y distintas acciones. No tenemos un punto en común. Lo único que compartimos es el amor inmenso que nos tenemos, el renunciar a las cosas más grandes por el otro, pero es en las cosas más boludas en las que nos equivocamos, porque esas son las que hay que mantener. No sirve de nada dar tu vida por el otro, si te pasaste toda esa vida haciéndolo miserable. Y no, no me haces miserable, pero a veces son miserables las cosas que estamos dispuestos a hacer para que la otra persona esté un poquito más contento, más confiado, más seguro. Vos sabes que soy insegura en todo. Hasta en todo esto que escribo, ya estoy empezando a dudar de mí. O sea, si pienso todo esto ¿Por qué me cuesta tanto defenderlo? Será porque no lo entendes. Nadie lo hace. Ya me cansé de esperar eso.