Juan, un habitante de la calle, fue mi guía espiritual

Voy patinando por la calle, es una noche muy solitaria, y mientras voy subiendo un puente, encuentro a un hombre de apariencia bastante común por la zona, que vive en las calles de la ciudad de Miami. Lo saludo por cortesía y el hombre me contesta el saludo muy amablemente. Entonces, se queda mirándome y comienza a hablarme.

Inicialmente no pongo mucha atención y le pido repetidamente que me repita lo que dice, pero al cabo de un rato me doy cuenta de que realmente no me está pidiendo o diciendo nada en específico. Simplemente se está desahogando. Inicialmente tiene una forma un poco torpe de hablar. Se expresa muy rápidamente y se traba constantemente, pues no encuentra las palabras correctas. Noto que es un hombre bastante enfocado en el uso correcto del lenguaje. Se esfuerza por tener un vocabulario amplio y certero, y este pequeño detalle me mantiene interesado así que sigo escuchando y de la misma manera el hombre, feliz de que alguien le escuche, comienza a comentarme sobre cómo vive en un depósito y cómo, mientras estaba cagando en la calle, lo pilló la mujer de seguridad y tuvo que recoger y disimular sus propios desechos haciéndolos pasar por comida vencida mientras los sostenía en una bolsa de papel, con sus propias manos.

Se me vino a la mente inmediatamente la frase de La Montaña Mágica de Jodorowsky: “Tú eres mierda. Tú puedes transformarte en oro”. Y efectivamente, el hombre al que inicialmente escuché por una especie de compasión, o casi deber social, se convirtió en la raíz de una profunda conversación.

Comenzó hablándome con un profundo interés sobre la física. Me hizo partícipe de su pasión por varios conceptos e hizo una crítica al método científico por el hecho de que necesita aislar fenómenos y variables, viéndolos como sistemas independientes y no como parte de un todo. De un cosmos inseparable e inevitablemente interdependiente.

Luego continuó con un análisis sobre por qué la física cuántica había llegado a un punto fascinante en el que ya no no puede ver los fenómenos como sistemas independientes sino que, por lo contrario, entre más grandes los fenómenos que se analizan y entre más variables se consideran, más certera puede ser una medición.

No se puede pretender predecir el futuro con exactitud. El universo no es una máquina, está vivo. Por lo tanto, esa inevitable búsqueda de la teoría divina que tantos físicos proclaman en la actualidad, sólo obtendrá frutos cuando se cambie de paradigma. Cuando realmente sepamos qué estamos buscando y cómo nos estamos aproximando al problema.

Citó a Einstein, mencionando cómo él no se basó en las teorías físicas de ese tiempo sino que confió en su intuición. Miró dentro de sí mismo y en su propia alma encontró la respuesta. Experimentando con su mente, con el corazón. No haciendo experimentos externos y observándolos.

Más adelante siguió hablando sobre la psicología. Manifestó su inconformidad con el hecho de que las enfermedades o situaciones mentales fueran encasilladas. Como si la personalidad entera de un individuo pudiera describirse con una definición de una patología. Y esa inconformidad lo llevó a explicarme que para la sociedad él es una persona hipoactiva, es decir, lo contrario a hiperactiva. En palabras más burdas, es lento. Y por ese detalle ha sido despedido de varios trabajos.

Por un tiempo se dedicó a ser tutor de estudiantes. Les ayudaba a entender conceptos complejos de física y matemática con ejemplos creativos y sencillos. Tuvo harto éxito y esto lo llevó a incursionar en el fraude académico. Comenzó a ayudar a los estudiantes a pasar exámenes y recibía dinero de esa forma. Trabajaba de impostor, se afeitaba, y se hacía pasar por estudiantes para presentar los GRE, SAT, e incluso los MCAT, que a veces los requieren para iniciar estudios en medicina.

Yo mientras tanto, no puedo negarlo, estaba en una montaña rusa mental. De momentos le creía profundamente y me sorprendía con cada palabra que me decía, cuidadosamente elegida. Por otra parte, mi interior que me decía que este hombre estaba mintiendo, que simplemente estaba jugando conmigo. Pero con cada palabra que el hombre decía, surgía cada vez más un convencimiento fuerte de que lo que este hombre decía era verdad.

Llegué finalmente a un estado de pura escucha. Un momento en el que independientemente de la veracidad de lo que este hombre me dijera, ya no importaba, pues el aprendizaje que estaba teniendo era muy profundo. Entonces, la conversación cambió de rumbo. Ya no me importaba el tiempo o el lugar, o el personaje. Podría estar hablando con mi mejor amigo, o con un profesor, o con el mismo Einstein, pero no importaba, pues ya este personaje pasaba a un segundo plano. Ahora lo que importaba era lo que brotaba de su boca. Esas palabras sinceras y desinteresadas.

Este hombre no buscaba impresionar. Simplemente expresaba lo que brotaba desde el fondo de su alma. Desde esa parte de su ser, que es tan profunda, que es divina. Desde su Dios interior. En ese momento, ese hombre se convirtió en mi maestro espiritual.

La conversación duró 2 o 3 horas y la verdad da igual. Podría haber durado 10 horas o 5 minutos, pues lo verdaderamente importante fue el hecho de que perdí la noción del tiempo.

Continuó con temas de física, hablando de dispositivos que permitían viajar muy rápidamente comprimiendo el espacio y logrando avanzar más rápidamente. A esto le añadió conceptos como por ejemplo suprimir la gravedad con giroscopios y electroimanes rotatorios. Yo, un poco aturdido por sus ideas, a veces, me resignaba a escuchar sin siquiera contemplar la posibilidad de que estos dispositivos fueran posibles. Luego comenzó a hablar de UFOs u OVNIS y los conectó con estos conceptos que de cierta forma desafían las leyes de la física tradicional.

De la física, pasó a la química y su aparente inconformidad con este estudio. Me explicó más adelante que cuando era joven quiso estudiar física. Estudió un pregrado y como era tan exitoso, se le ofreció una beca para hacer una maestría en una prestigiosa universidad. El hombre fue a la entrevista con el decano para elegir la carrera, y al enterarse de que no tenían ninguna maestría en física, eligió química. Por no rechazar una beca, decidió estudiar algo que no le apasionaba.

Desde ahí comenzaron sus cambios en todo sentido. Sus padres lo notaron diferente y se lo atribuyeron a drogas, malas influencias, un bebé, negocios ilícitos, cualquier tipo de explicación que soportase el hecho de su profunda depresión. Pero su única tristeza, lo que realmente le atormentaba, era el hecho de estar estudiando por un deber moral o social. Por seguir el camino que se supone que se debe ir.

Dejó la maestría y le confesó a sus papás su inconformidad con sus estudios, ya que esa era la razón de su depresión. Luego comenzó toda su historia de fraude académico. El hombre siguió hablando, con tono apasionado, acerca de cómo debemos seguir nuestro propio camino, pues es la razón por la que vinimos al mundo. Se burló de una gran cantidad de normas establecidas socialmente cuya utilidad no existía más que para crear separación y discordia. Nada realmente productivo en ellas.

“Si tu instinto interior, si quieres llámalo alma, quiere ser un ladrón, sé el mejor ladrón. Pero no busques ser lo que no eres en tu interior. No busques ser lo que la sociedad te pide que seas”

Todos estos consejos me sorprendían, no solo por su profundidad y veracidad sino por su importancia y relevancia en mi situación personal. Cada cosa, cada frase que el hombre me decía podía relacionarla conmigo mismo. Con mi propia historia.

Nietzsche hablaba del eterno retorno, el cual plantea que todos presenciamos solamente una historia, que es la historia universal. Y esa historia, no es más que el paso de un no a un sí. De un estado de separación a un estado de unión y de integración con el mundo en el que la conciencia goza solo por ser. Y por lo tanto ese aprendizaje por el que todos tenemos que pasar es conjunto y entre todos nos ayudamos mutuamente para permitir que exista en primer lugar. Yo aprendo gracias a que el mundo me enseña y el mundo aprende gracias a que yo le enseño.

Luego, en un tono un poco más serio, me dijo:

“Llámalo Dios, Kosmos, o como quieras. Es muy probable que Él me haya enviado a hablar contigo en este momento y a ti te haya enviado a escucharme”.

En ese momento fue inevitable pensar en el destino. Todas estas ideas y conceptos que este hombre me planteaba eran ideas que yo había estudiado anteriormente pero que nunca había presenciado tan explícitamente como ese día. Para él la filosofía y la ciencia no eran meros instrumentos del pensamiento sino herramientas para el cambio social y personal en todo sentido. Las ideas no debían quedarse en la cabeza sino que debían ponerse en práctica.

Me preguntó qué hacía yo y le dije que había estudiado Cine en Orlando y que en Noviembre me había graduado así que apenas estaba empezando. Me preguntó si ya había dirigido alguna película o si ya tenía algo listo y le dije que no, pues apenas estaba empezando.

“Y es que acaso estás esperando a que llegue un millonario y te diga, Ohh, ¿Quieres dirigir una película? ¡¡Ven!!”.

Yo me quedé atónito a su expresividad. ¡Este hombre me estaba regañando! Me estaba ayudando a despertar.

“Te digo una cosa, compra un cuaderno y un lápiz. Cárgalos contigo, y usa a la naturaleza como tu maestra. Sal por las mañanas a caminar, e inspírate. Proponte la tarea de ver lo bello y verás que tendrás ideas magníficas y te dará rabia contigo mismo, pues serán tantas ideas y tanta inspiración, que no te alcanzará una sola vida para plasmarlas todas.”

Continuó hablando sobre el arte. El arte tiene que ser revolucionario. El arte tiene que romperle la cabeza a la gente. Tiene que generar, en cierta manera, un despertar. Es decir, un aprendizaje en la gente. Incluso el humor tiene esa facultad de hacernos reír al ridiculizar un patrón social del que no somos conscientes o incluso una parte de nosotros mismos, de nuestro ego, de la cual no éramos conscientes anteriormente.

“Por lo tanto, no hagas arte que se conforme con lo de ahora. Haz arte revolucionario, que cambie mentes, que despierte a la gente.
Piénsalo así: todo lo razonable es maligno, pues te limita. Cuando no somos curiosos, cuando buscamos dejar que el mundo entero descanse en un concepto, no podemos ver nuestras posibilidades, pues estamos en una posición cómoda de la que no podemos salir fácilmente. Es más, ni siquiera vemos la necesidad de salir.
Por eso mucha gente se ha quedado con la visión limitada de ver a Dios como un mago o un mito, o un ser que nos cumple nuestros sueños y castiga nuestros pecados. Pero cuando se concibe a Dios solamente como nuestras posibilidades, la posibilidad evolutiva del mundo, es inevitable sentir paz y amor por toda la creación, no solamente por una parte de ella.”

Me invitó a evolucionar a diario. A preguntarme todos los días: ¿Es realmente esto lo que quiero? ¿Es realmente esto que pienso, la verdad? Me incitó a buscar cosas que doy por hecho y realmente cuestionármelas. No necesariamente transgredir mis costumbres sino simplemente entenderlas. Así, si por ejemplo suelo cruzar la calle por una cebra, detenerme a entender la razón por la cual la cruzo. Si hay algún beneficio en cruzar por otra parte o simplemente ir en helicóptero hasta mi destino.

La sociedad inevitablemente llegó a un punto de confort, en el que las reglas ya están establecidas y la gente debe vivir acorde a esas reglas. Una especie de matriz invisible que damos por realidad. Un buen ejemplo es el dinero. El dinero tiene valor, solamente porque todos lo creemos. El dinero hace parte de la matriz, mas sin embargo, nos es difícil verlo como tal y creemos que ese billete que tenemos en nuestras manos es realmente valioso.

Así pues, la idea no es transgredir esa matriz y convertirnos en rebeldes sin causa, sino simplemente entender la matriz, dejar de identificarnos con ella, y finalmente poder reconstruirla y perfeccionarla juntos. Como especie. Esa matriz, a la cual podemos llamar también mente, debe soportar los conceptos de libertad, individualidad, compasión, igualdad y trascendencia.

Cada quien contribuye a ese fin. Todos los artistas de la historia han sido valiosos contribuyentes a esta causa que poco a poco hemos experimentado. Desde Aristóteles y Platón, hasta Da Vinci, Nietzsche y Einstein, la humanidad poco a poco ha evolucionado a un entendimiento de la individualidad como una cualidad fundamental de la persona, y el hecho de que este hombre me hablara de mi propio camino justo en este momento, con mi estado de conciencia actual, me intrigaba y me parecía fascinante.

Sentí escalofríos con cada cosa que decía. Siguió hablando acerca de cómo a veces no somos exitosos buscando trabajo porque ni siquiera sabemos qué queremos o cuál es nuestra meta interior. Todos deberíamos hacer un balance de nuestras habilidades y lo que nos inspira, puesto en función de algo: una misión. Un agente de cambio para el mundo: para esta matriz mental colectiva. Me recomendó un libro llamado What color is your parachute, por cierto muy interesante, acerca de la búsqueda de trabajo, no basada en agentes externos sino en la persona y sus habilidades.

“Usa tu cerebro para hacer algo único. ¿Sabes cómo se mide el éxito en Estados Unidos? Como la capacidad para generar empleo. Si eres capaz de crear algo único y nuevo, estarás cumpliendo tu meta interior. Rómpele la cabeza a la gente, ponlos a pensar y haz que te critiquen. De esa forma lograrás ayudarlos a evolucionar.”.
Después de decirme eso me preguntó si estaba buscando hacer una maestría o más cursos y le dije que sinceramente no me había gustado la educación tradicional. Le comenté que no estoy de acuerdo con el hecho de pretender que 100 estudiantes aprendan de la misma forma y a la misma velocidad y que además no veo la utilidad de imponer qué curriculum debo estudiar y qué opiniones debo tener, en vez de permitirme enfocarme en lo que me nazca.

Por eso soy un autodidacta, dije. Prefiero aprender sobre lo que me encuentre y me interese, e integrarlo con mis otras habilidades de alguna manera. Me gusta aprender sobre todo y mi finalidad es hacer arte digital, usando código como mi lienzo y música, fotografía y cine como mis óleos, de forma que mis mayores pasiones puedan juntarse para hacer arte que brote de mí.

Me dijo, con tono alegre:

“Pues ya has tomado mi consejo desde antes de que te lo diera. Es bueno que busques tu propio camino y no es tan fácil con la educación tradicional. Finalmente uno termina convirtiéndose en un robot capaz de hacer algo conforme a los estándares sociales.
Pero nosotros podemos ponernos nuestros propios límites o incluso no ponérnoslos. Cuando nos enseñan una ley física no nos están enseñando a subordinarnos y tomar como fuente de autoridad al científico que la creó. Están incitando en nosotros el deseo de crear un nuevo teorema, una nueva ley. De hacer algo nuevo para la humanidad. De dejar un legado que nazca desde nuestro interior. Y así con todos los campos de acción.
Por lo tanto — me dijo — el arte debe ser controversial. Sé controversial y no retomes clichés o estereotipos, busca la crítica, pues eso te inspira a seguir creando.”

Más adelante siguió hablándome de su padre, quien era un gran músico y director de orquesta en Cuba. Me enteré de su nombre, Juan y de sus orígenes cubanos. También me enteré más adelante de que Juan sabía hablar español, y me pareció curioso por la fluidez en la que estuvimos hablando en inglés y la relativa indiferencia respecto al idioma que estuviéramos hablando, pues nos entendíamos.

Me acordé de la película Waking Life, en la que hablan acerca de cómo el lenguaje nos permite llegar a ese momento trascendente que podríamos llamar la confrontación de almas, en la que liberamos a los dioses temerarios de nuestro interior. Así pues el idioma que se habla pasa a un segundo plano, pues una vez se crea esa comunión espiritual, se llega a un entendimiento.

La conversación siguió su curso y pasamos a hablar de idiomas. Me preguntó de dónde era, al verse intrigado cuando le dije que mi nombre era Daniel (con la pronunciación en español) y le dije que era colombiano, de Bogotá. Me respondió que el español de Bogotá era el que mejor léxico y pronunciación tenía, pues vocalizaba correctamente todas las consonantes y no las cambiaba. Siguió con ejemplos cómicos de otros dialectos, como el majomenoj o la calor y continuó con ejemplos más complejos relacionados con la gramática y los tiempos verbales. No todos los entendí.

Enfatizó en que era importante saber todo esto, pues para aprender otros idiomas, es importante primero conocer cómo funciona el propio idioma. Y no todos lo conocemos. Simplemente lo hablamos. Es por eso que cuando él daba clases de inglés a hispanohablantes, primero recurría a enseñarles la mecánica de la gramática española, hecho que lo llevó a encontrarse con muchos casos en Centroamérica y Sudamérica con errores gramaticales graves.

Toda esta ola de opiniones nuevas y fuertemente fundamentadas que coincidían con todas mis imágenes mentales del mundo, pero que en cierto sentido tenían esa dosis de realidad y materialidad, me entraron fuertemente al principio. Me sentí abrumado (overwhelmed) por la cantidad de conceptos e ideas. Y a la vez asombrado y emocionado interiormente. Este hombre, a quien pude haber ignorado o incluso despreciado, estaba cambiándome interiormente y ayudándome a abrir mi consciencia. Este habitante de la calle fue mi guía espiritual en ese instante.\

Finalmente me contó que su barba precedía a sus tiempos sin hogar, y que incluso en sus tiempos de estudio, nunca se preocupó mucho por su aspecto físico. Se autodenominó un nerd y un estudiante extraordinario. Me contó que muchos de sus compañeros esperaban grandes cosas de él pero que su camino no fue precisamente el predicho.

Luego se despidió y lo abracé, lleno de agradecimiento por ese momento que acababa de pasar. Para mí fue como si Abraxas mismo se me hubiera presentado y me hubiera dado un consejo. Entendí que las personas que conocemos están destinadas a cruzar su camino con el nuestro, pues necesitan un aprendizaje de nosotros al igual que nosotros de ellas. Por lo tanto, creo firmemente que ese encuentro no fue casualidad y que fue un paso muy importante para mi crecimiento espiritual.

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