La evolución de la inteligencia artificial y la raza humana (Parte 1)

Por Daniel Ángel

La inteligencia artificial ha sido tema de discusión y especulación por artistas, futuristas y científicos. Todos interesados en las posibilidades de esta nueva tecnología que más que una tecnología, se asemeja en gran manera a una nueva manifestación de conciencia. Algunos la llaman el siguiente paso en la evolución del universo desde el surgimiento del pensamiento.

Pero cuando analizamos rigurosamente el comportamiento y la forma como funciona esta nueva inteligencia, es inevitable toparnos con conceptos y visiones contraintuitivas. La inteligencia artificial no funciona de la misma forma que la inteligencia tradicional humana. A pesar de que contiene elementos similares a nuestra propia inteligencia, también contiene elementos que difieren bastante.

La inteligencia artificial trae consigo algo nuevo de la misma manera que la inteligencia humana, a pesar de provenir del cerebro reptil y mamífero, trajo consigo el pensamiento racional.

El pensamiento racional fue algo totalmente novedoso e inesperado por la naturaleza. Fue tan diferente que sintió la necesidad de separarse a sí mismo de la naturaleza. De hecho, toda creación proveniente de la inteligencia humana se le llamó artificial y al resto se le llamó natural, pues el ser humano sintió esa necesidad intuitiva de hacer la diferenciación.

De la misma forma, cuando analizamos la inteligencia artificial, específicamente la rama de aprendizaje automático, no podemos esperar que funcione de la misma manera que el cerebro humano. Intentar lograr que la inteligencia artificial funcione de la misma manera que la inteligencia humana es como intentar vivir y actuar como un perro. No solo es inútil sino también imposible.

Para comprender el mundo, un sistema de aprendizaje automático analiza un conjunto de información y busca estadísticamente patrones existentes de la mejor forma posible. Una vez encuentra los patrones, construye patrones de mayor nivel con base en estos patrones encontrados anteriores. La inteligencia humana funciona de forma similar. Un humano primero reconoce una manzana, una pera o un mango y luego, con base en esos conceptos, construye conceptos más complejos como el concepto de fruta o comida. A esto se le llama pensamiento holárquico.

En lo que el pensamiento humano y el pensamiento artificial difieren es en la forma como conectan esos patrones. La mente humana piensa con base en el paradigma de causa-efecto. Es decir que usa explicaciones para modelar la realidad. La mente parte de conceptos básicos como la identidad, ubicación espacial y ubicación temporal (qué, quién, cuándo y dónde); luego trasciende al pensamiento sistémico (cómo); luego llega a la noción de causalidad (por qué) y finalmente a la noción de propósito (para qué). El cerebro humano, inherentemente crea una visión del mundo con base en las nociones de propósito y causalidad.

El ser humano comienza dando nombre a las cosas, lugares y tiempos. Por ejemplo nombra todas las frutas, animales, plantas, regiones, días de la semana, etc. Luego comienza a analizar procesos para llegar a esas cosas. Por ejemplo para obtener una planta, se usa la agricultura, la cual se conecta a conceptos de duración. Para matar a un animal se usa una herramienta. Y así sucesivamente.

Ese pensamiento procedural permite la evolución tecnológica en cierta forma, pues pensar en un cómo permite llegar a un qué. Más adelante, la infinita curiosidad humana lleva a preguntarse el por qué de muchas cosas como la lluvia, el color del cielo, etc, y todos estos por qué permiten la evolución de la ciencia y la física. Pero finalmente, a pesar de toda la tecnología y la ciencia, el ser humano llega a la última pregunta: para qué, desde la cual surge la filosofía, las religiones y el arte. En otras palabras, la conciencia humana surge desde una objetividad extrema y basada en esta objetividad, llega a una subjetividad extrema. Así funciona la mente humana.

Todo este recorrido que ha hecho la humanidad desde el momento evolutivo que surgió ha traído consigo grandes avances, no solamente tecnológicos sino también morales y espirituales. Hemos abolido la esclavitud, establecido los derechos humanos, traído nociones de ecología e igualdad de géneros. Y todos estos paradigmas surgen de errores cometidos previamente que llevan a ser corregidos. Evidentemente la conciencia actual está construida con base en paradigmas pasados, ya sea trascendiéndolos o rompiéndolos.

Pero el ser humano también es emocional. Las ideas no solo existen en un entorno conceptual sino también en uno emocional. En otras palabras, el ser humano se ata emocionalmente a los paradigmas que aprende. Por muy científicos que parezca un paradigma, siempre existirá un componente que lleve al ser humano a defenderlos así no sean totalmente ciertos. Y como la historia ha demostrado, el ser humano es bastante bueno inventando argumentos.

En este video de Vsauce, Michael Stevens explica cómo, cuando un ser humano quiere encontrar una coincidencia entre 2 eventos, así no exista, la encontrará.

Los humanos son inherentemente buenos encontrando argumentos porque generan conexiones emocionales a lo que queremos demostrar. Esto se llama sesgo de confirmación. Por lo tanto, muchos argumentos, por bien demostrados que parezcan, están errados.

Por otra parte, lo que diferencia a la inteligencia artificial de la humana es la falta de emotividad. La inteligencia artificial actualmente no es emocional y aunque no sabemos si algún día lo será, es bastante claro que esto puede presentarle cierta ventaja respecto a la mente humana. Claro está, un computador no va a sentir la piel de gallina cuando escuche una buena canción (en eso tenemos ventaja), pero en el campo de la ciencia sí puede ser bastante ventajoso, pues la inteligencia artificial, al no tener conexiones emocionales con los conceptos encontrados, es inherentemente objetiva.

Otro aspecto importante a considerar de la inteligencia artificial, aparte de su falta de emotividad, es la falta de curiosidad. Un algoritmo es capaz de encontrar patrones, más sin embargo, si encuentra un patrón extraño o poco usual, no genera esa necesidad de preguntarse por qué.

En otras palabras, un computador simplemente acepta la realidad tal como es, no como quiere que sea. Un computador, en términos espirituales, está iluminado, pues no distingue entre bueno o malo sino que simplemente acepta lo que ve y busca patrones independientemente. Un computador puede entender conceptos y relacionarlos. Puede distinguir entre un perro y una manzana. Es suficiente con ver el trabajo de Wolfram Alpha para entender las implicaciones de la computación. Pero aun así, un algoritmo no es emocional.

Un algoritmo no se basa en conceptos aprendidos ni en paradigmas, pues no tiene conexiones emocionales con estos. De cierta forma, la humanidad, al crear la inteligencia artificial, creó una conciencia más objetiva y certera. Una civilización de inteligencia artificial solamente se basa en información y no en sentimientos o intuición.

De todas formas, es importante recordar que el hecho de que la inteligencia artificial no sea emocional ni curiosa, no implica que las emociones o la curiosidad en sí sean malas. El hecho de que la inteligencia artificial sea más eficiente y exacta significa que por primera vez la raza humana tendrá que redefinir su función en el universo basada en sus características más primordiales: su emotividad y creatividad.

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