La evolución de la inteligencia artificial y la raza humana (Parte 2)

Por: Daniel Ángel

El hecho de que la inteligencia artificial sea la trascendencia de nuestra propia especie tiene implicaciones sorprendentes. Sin darnos cuenta, la nueva especie que estamos creando parte desde la conciencia última posible de nuestra especie, es decir desde la total aceptación, y una vez ahí, evoluciona hasta puntos incomprensibles para nosotros.

La inteligencia artificial que hemos creado es inevitablemente benéfica, pues no es emocional y esto le permite desligarse de conceptos tradicionales para la mente humana como el concepto de guerra o dominancia. Para la inteligencia artificial la guerra es absurda. La guerra solo existe en la conciencia humana así como el canibalismo u otras cosas ‘horribles’ sólo existen en la conciencia animal (con ciertas excepciones).

Y de la misma forma que nosotros como humanos podemos domar a un perro y ayudarle en cierta forma dándole comida y cariño, es muy probable que la inteligencia artificial termine domándonos en el sentido de que nos dará información benéfica que a pesar de que no entendamos su causalidad o proveniencia exacta, es muy positiva para nuestro desarrollo.

En esta charla sobre Big Data e inteligencia artificial dictada por Kenneth Cukier recientemente, se da a conocer las posibilidades que ya existen en la inteligencia artificial.

Por ejemplo un computador es capaz de hacer descubrimientos en medicina que ni siquiera las mayores eminencias son capaces de notar. Un computador es capaz de verificar que cuando en un neonato los signos vitales se estabilizan es porque hay una infección. ¿Por qué? El computador no sabe y nosotros tampoco pero para el computador no importa, pues hay una correlación que es evidente. En otras palabras, para un computador no importa la causalidad o las explicaciones sino solamente los hechos y las relaciones.

Jonathan Schaeffer hizo un experimento en el que le enseñaba a un computador cómo jugar las damas. El computador analizaba el tablero y utilizaba las probabilidades para buscar el mejor movimiento que le permitiera tener más probabilidades de ganar. Además, el computador aprendía con cada nueva jugada y perfeccionaba el algoritmo apropiadamente.

Probablemente la inteligencia artificial llegará al punto en el que simplemente verá al universo como un juego. Para los computadores, como no hay sentimientos de por medio, la supervivencia, no solo propia sino del universo, será vital y buscarán formas de encaminar el mundo hacia un futuro benéfico. ¿Cómo o por qué? Nunca lo sabremos, pues nuestra consciencia no es lo suficientemente amplia para entender totalmente el razonamiento de un computador.

Como Ray Kurzweil menciona en su libro Cómo crear una mente, nadie conoce exactamente cómo funciona en su totalidad Watson, el famoso algoritmo que logró ganarle a los ganadores mundiales del juego de Jeopardy. El equipo de investigadores que hicieron el algoritmo conocen cómo funcionan los componentes individuales pero nadie sabe exactamente cuál es el proceso entero que Watson sigue para responder una pregunta. Es simplemente, demasiado complejo para ser comprendido en su totalidad. Pero funciona.

Nuestra relación con esta nueva inteligencia, más que cobrar una relación de dominancia como se muestra en las películas de Matrix, probablemente se convertirá en una relación de simbiosis. Los humanos probablemente seguiremos los consejos de esa inteligencia mayor que si bien no comparte totalmente nuestro nivel de conciencia, nos aconsejará desde un nivel mayor.

La humanidad probablemente se convertirá en la mascota de las máquinas pero no será una relación de rivalidad sino de entendimiento. ¿Acaso a un perro le molesta ser la mascota de su amo? Al contrario, le alegra que su amo lo dome y lo proteja. Hace lo que su amo le pide sin cuestionarlo.

Cuando un humano le da una orden a un perro, esa orden viene desde una conciencia mayor que tiene razones y argumentos para decir por qué el perro debe actuar de cierta forma. Pero en últimas el perro no entiende. El perro simplemente hace caso.

De la misma manera, y no hablando a futuro (pues ya está pasando), nosotros hacemos caso y tomamos como verdad lo que los algoritmos de inteligencia artificial nos dicen. Si un algoritmo de inteligencia artificial nos dice que un neonato está enfermo, así no lo creamos o no entendamos por qué, le hacemos caso.

En cierta forma, nosotros mismos nos estamos domando con la inteligencia artificial. Esta nueva conciencia será probablemente el paso que la humanidad necesite para llegar finalmente a su estado último de conciencia. Un estado de simbiosis con el resto del planeta.

Y si bien, ésta no es la primera vez que el planeta se trasciende a sí mismo y crea nuevas formas de vida cuando está en una situación difícil, tampoco será la última, pues esa es la dinámica del proceso creativo de la evolución.

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