El mundo de los cazafantasmas en la biblioteca de Francisco Toledo

¿Por qué un niño va a una biblioteca de arte?

Hace veinticuatro años, yo tenía ocho. En ese entonces, me gustaba jugar futbol, ir a lecciones de Tae-kwon-do, y ver caricaturas. Y en las noches veía Los Cazafantasmas — esa serie de los ochenta sobre las aventuras de un grupo de exterminadores de espíritus — . En uno de los episodios, los cazafantasmas se encontraron en un mundo extraño y desolado. Solo me acuerdo de los árboles sin hojas y de los enormes relojes grandes y blandos que colgaban de las ramas como si fueran pizzas. Se lo conté a mi mamá. «Deben de estar copiando a un artista español que se llama Salvador Dalí», me dijo.

Los cazafantasmas. El gabinete de Calimari. 1987

Ese año habíamos comprado una enciclopedia — era el internet de ese entonces — y buscamos a Dalí. Había solo una imagen: una mujer desnuda, sentada con un ganso. Fue decepcionante encontrar que no tenía nada que ver con la caricatura. «Mañana vamos a una nueva biblioteca que abrió Francisco Toledo. De seguro encontramos algo», dijo mi mamá.

Al día siguiente fue la primera vez que entré a la biblioteca del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca. Mi misión era encontrar el mundo de los cazafantasmas. Entré con mi mamá a una casa colonial con fachada roja. Adentro todo estaba pintado de blanco, y las habitaciones estaban llenas de libros de arte. Encontramos la sección de pintura. Y allí, los libros de Salvador Dalí. Yo era más pequeño en ese entonces pero me acuerdo que podría haber extendido mis brazos y aún no habría sido suficiente para abrazar todos los libros de Dalí. Entre cientos de imágenes, encontré lo que buscaba. Tenía un nombre inolvidable: La persistencia de la memoria.♦

Salvador Dalí. La persistencia de la memoria. 1931.