Te quiero, pero te quiero de lejos

Sé que alguna vez también se lo dijiste. Decir esas dos palabras requieren esfuerzo, requieren valor y requieren autenticidad. Confesar un sentimiento tan real como ese en un mundo lleno de máscaras es tan difícil y sin embargo, lo hiciste. Antes que más nada, date unas palmadas en el hombro y felicitate por ser auténtico y real. Pocos consiguen eso. Desafortunadamente, solo eso a veces no es suficiente…

Todos y cada uno de nosotros tenemos aquel amor que deseamos por siempre vivir pero que al que la vida decidió no dar oportunidad. Todos ya lo vivimos y sentimos en la piel la frustración y el dolor de tener que marcharse y no mirar atrás. Y por eso, todos escribimos juntos estas palabras:

“Recuerdo haberte conocido y sentir que el destino me empujaba hacia vos diciéndome que mis siguientes pasos eran en tu dirección. No lo quise escuchar y sin embargo, mis piernas ya habían decidido seguirte. Te alcancé y me tomaste de las manos. Sentí el calor de tus brazos y una sensación de aventura me llenó la mente. Ciertas gamas de colores que antes no estaban disponibles, de repente se hicieron magia con esta nueva resolución de pasión. Tu primer beso y el mío fue magia y en tu boca mis labios y mi lengua se derritió. Me hiciste bailar aquel ritmo que mi propia intelectualidad no me permitía disfrutar y me mostraste que en el mundo había más que la constante carrera por mis metas. Aprendí a ver más allá de los defectos que al mismo tiempo te hacían perfecto y comencé a dejar caer las murallas que siempre me protegían y aprendí a admitir que la realidad era que te quería. El tiempo pasó y la relación y nuestros malos esquemas psicológicos nos gastaron y nos cansamos. Comencé a reclamarte de tu falta de visión en la vida y vos a mí de mi presión recurrente de crecer y de metas mayores. ¡Qué infierno creamos! En las llamas creíamos en un amor que casi ya no había.

Te dije adiós y vos a mí pero pasaron los meses y los años y no te olvidé. Te guardé en el corazón sabiendo que nunca más podría abrazar a alguien sin pensar en vos. Pensé que me había equivocado cuando otros brazos me ofrecieron una nueva canción y de hecho no. Cuando su cuello tocaba el mío te sentía a vos. Eras mi maldición porque no estabas presente y sin embargo, nunca te ibas. Fuiste el tatuaje que nunca pedí y que cubría todo mi corazón. El recuerdo de tu amor era el parásito de un cuerpo que ya solo débil podía llamarse, era el baobad en mi planeta y era la llaga en la herida que sangraba todos los días. Aprendí a vivir sin vos pero me costó. Fue difícil aprender a dormir con un vacío a mi lado pero lo hice. Me sentí un héroe al saber que me animé a vivir una vida en la que admitía que solo era mejor que contigo….

Y luego volviste a aparecer. Creí que quizás la vida o el destino o “Dios” o como le digan estaba dándonos una nueva oportunidad de escribir la historia con otra tinta y quizás conseguir una mejor lectura. Creí que podría ser diferente pero qué tonto yo. Lo peor del fracaso no es fallar en sí sino saber que serás víctima de la impotencia que nace y perdura. Para crecer debemos decir que sí al “Acepto que te vas” y eso no está nada fácil. Creí haber aprendido tanto en este camino y pensé usar todo eso contigo de nuevo. Pensé que podríamos hacer las cosas de otra forma y quizás crecer juntos. Aprendí que para amar se requiere esfuerzo pues el simple hecho de amar es una decisión que se toma todos los días. Sé que tenías miedo porque yo también lo tenía. Sé que no estabas seguro, lo olía en tu piel y en la mía. Sé que quizás te dio pánico porque también lo sufrí y sin embargo, vencí a todos para creer en un nuevo comienzo que nunca pasó. Cuando el amor que siento por vos no te lo puedo dar porque no me dejás, es momento de dejarte ir.

“¿A dónde lo llevo?”, “¿quién lo va a querer?” y “¿qué hago ahora?” son las preguntas que me vienen a la mente y al mismo tiempo sé que a veces está bien no tener todas las respuestas. Encuentro la calma en el saber que después de las olas la playa sigue allí y así como ella, yo también. Sé que soy más fuerte que el dolor que siento al verte partir y sé que mis músculos están listos para los golpes que tu ida me dan. Sé que de las cenizas el fénix se levanta y sé que de las caídas aprendemos más. Sé todo eso y más. Esta no va a ser la última vez que sabrás de mí y no te lo digo como anuncio de venganza sino como promesa que del amor que te quise dar, la mayor parte me lo voy a dar.

Te amé en cada instante y te quise apoyar. Te quise ver crecer y te quise hacer volar. Te di lo que podía y lo que tenía porque para mí lo valías pero hoy ya todo cambió. Te quiero pero te quiero de lejos. Te envío el amor del mundo y espero que mi mensajero llamado universo te lo haga llegar. Al amor que alguna vez fue: Te amo”

Cuando éramos chicos nos hicieron creer que el amor era la cura a nuestra enfermedad y que sin él, la vida no tendría sentido. De grandes nos damos cuenta de que no todo es tan lindo y no todo es perfecto pero aún así insistimos. Solo hoy puedo decir que entiendo que amar también es saber dejar ir cuando las piezas no se juntan y cuando verdaderamente los polos son opuestos.

A todos nos tocó vivir un amor que no duró. A todos nos tocó sufrir un poco por amor.

¡Fuerzas!

Daniel Galarza Molina

Escritor, filósofo, publicista y yogui.

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Un joven de veinte y algo años buscando un mayor significado para su realidad. 🙌

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