El camino responsable

Soy un entusiasta que defiende los principios fundamentales del diseño, pero sobretodo del profesionalismo. Tengo más de 15 años de trabajar como diseñador. He colaborado con muchos profesionales. He recibido entrenamiento, consejos y guía de muchos otros.

Sin embargo, desde el 2001, de vez en cuando me encuentro en una situación que me roba la calma, y hace que mi entusiasmo se disminuya al mínimo. Cuando estoy hablando de principios profesionales y recibo como respuesta un “no me parece, las reglas son para romperlas” o “no, es que eso siempre se ha hecho así de esa manera”.

Pocas cosas me quitan la calma como esas malditas frases.

Las personas que dicen eso las considero ingenuas. Esas observaciones no las considero válidas. Para mí no tienen criterio. Y eso me entristece. Porque usualmente quienes las dicen, las dicen con un cierto grado de orgullo, y una atrevida ignorancia.

Me entristece cuando esas frases se dicen, porque se dicen en diferentes situaciones.; en una reunión, en una cita, en las noticias, en un partido de fútbol, en fin… se dicen como parte de lo que considero un fallo cultural.

Un fallo cultural porque lo dicen muchas personas, muchos profesionales en diferentes áreas. Son muchas veces las que he escuchado esas frases, y son personas que se aferran a esas ideas. Con una confianza suprema e irracional. Las dicen jóvenes estudiantes — que aspiran a terminar una carrera y convertirse en profesionales — y las dicen también grandes profesionales con carreras privilegiadas llenas de éxito.

Cuando uno empieza a estudiar — cualquier carrera — es porque sigue un sueño: convertirse en ese “profesional”. Luego — usualmente — se hace una práctica para entrar a trabajar en algún lugar o idealmente fundar su propia compañía.

Pero existen esas personas que prefieren el “camino fácil” o la gratificación inmediata. Se vuelven dueños de un negocio — sin pensarlo mucho — sin entender cómo se maneja un negocio, hacen negocios sin saber de contratos, manejan proyectos sin saber cómo medir el éxito de un proyecto, sin saber qué hacer cuando las cosas se ponen difíciles — cuando un cliente defiende algo sin entender o sin experiencia — no entienden los múltiples y profundos componentes de trabajar con diversos tipos de clientes, ni siquiera saben cómo atraer clientes en primer lugar.

Estas personas son “profesionales” que no tienen idea de lo que es profesionalismo.

En el mundo actual existen muchos técnicos. Esas personas bien entrenadas, con habilidades pero sin experiencia. Esas personas no poseen conocimientos de profesionalismo, no tienen el entendimiento requerido para entregar su mejor trabajo. Esas personas entregan “algo” a lo que se comprometieron, su manera de trabajar es una vergüenza profesional.

Esos individuos son unos idiotas que caminan y hablan. Son una contradicción del término profesional.

Tener una preparación institucional les da una falsa seguridad. Y entrenarse con personas más preparadas o con más experiencia es algo inútil, es algo que “otros” sí deben hacer, pero a ellos no les hace falta.

Esos “profesionales”, esos “entrepreneurs” muy orgullosos intentan construir su idea de negocio sobre un legado de irresponsabilidad e ingenuidad. Creen que la parte ética de cualquier negocio no es prioridad. Dejan de lado la responsabilidad que define y revela la ética necesaria para cualquier negocio. Dejan de lado la profesionalidad.

Muchos se concentran en lo decorativo. El orgullo es vacío. Les falta vergüenza. Y eso me entristece profundamente.

Los fundamentos y las reglas.

He pasado casi toda mi vida aprendiendo. He aprendido diversas disciplinas. El entrenamiento es muy importante para mí. Sé que una de las lecciones más importantes son los fundamentos, sin embargo a los principiantes les parece aburrido.

El valor de las reglas es difícil de comprender para la mayoría de personas. Es de vital importancia reconocer las reglas, ya que las habilidades se pueden desarrollar fácilmente, especialmente si se tiene un don, pero el desarrollo profundo y el buen entendimiento es algo que toma años.

Es por eso que los maestros o mentores — en la escuela, en el colegio y hasta en la universidad — deben defender los fundamentos; para que los profesionales desde los inicios de su carrera entiendan la importancia de ser profesionales, para que nunca salga de su boca ese grito ignorante de “las reglas son para romperlas” o “es que así siempre se ha hecho”.

Alguien que aprendió bien sabe que las reglas nunca se quiebran, que los fundamentos nunca se ignoran. En lugar de eso, un verdadero profesional se sirve de un principio, de una regla, de un fundamento para convertir su proyecto, su tarea, o trabajo en algo inesperado. Para un profesional el resultado siempre significa algo inteligente más allá de lo obvio. Es la manera en cómo se puede emplear la creatividad en nuestro trabajo.

Ignorar principios termina siendo un arma de doble filo, ya que es ignorar la propia responsabilidad de convertirse en mejores profesionales.

Las excepciones no son lecciones y por esa razón no son estudiadas en las clases, no hay referencias en libros y por eso los profesores responsables no las enseñan. Las excepciones son experiencias individuales —importantes en la experiencia profesional — y se descubren en su momento.

Un profesional busca ideas en los fundamentos, no los refuta. Otras personas, que se dicen profesionales, habitualmente retan las reglas, basándose en la vagabundería o en una excepción. Y de nuevo, las excepciones son individuales, no son universales. Sólo un tonto se deja llevar por una excepción para no trabajar usando principios aprendidos.

Pero los tontos abundan.

Personas que aspiran a ser diseñadores buscan desarrollar competencias en el arte de crear. Son entusiastas de estudiar, leer… sin embargo cuando tienen que desarrollar sus competencias profesionales — un término más complejo que el arte de crear — estas personas lo consideran insignificante. No creen que para ser profesional hay que entrenarse.

Solo algunos se dan cuenta de esto. Luego de fallar se dan cuenta de su ineptitud. Pero aún cuando algunos se dan cuenta, siguen repitiendo el error. Siguen con su manera irresponsable de ser profesionales, y esperan que algún día — como por arte de magia o por algún designio divino — su profesionalismo mejore.

Esas personas viven una mentira y emplean mentiras para cubrir las consecuencias de sus mentiras.

Responsabilidad absoluta.

Si queremos decir que somos profesionales. Nuestra responsabilidad es clara. Debemos aprender nuestra profesión, debemos colaborar con otras personas que tengan experiencia en esa misma profesión. Debemos ejercitar nuestra curiosidad. Debemos “robarle” un poco de la educación a los que nos rodean. Debemos aprender de ellos. Debemos convertirnos en expertos. Mejorar nuestras habilidades.

Debemos darle importancia a los fundamentos, a las reglas de nuestra profesión. Pero si a usted le parece que todo eso es demasiado, entonces diga “las reglas son para romperlas” o “eso siempre se ha hecho de esa manera”. Pero eso sí, considérese un trabajador, un técnico. Porque un profesional nunca dice eso.

Si usted aspira a ser un profesional, escoja el camino responsable. Eso se verá reflejado en su trabajo, en sus proyectos, en usted mismo. Cada persona es el reflejo de sus elecciones.

Cualquiera puede hacer su trabajo; sin embargo, hacerlo profesionalmente es una elección.

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