La vida que he vivido

¿Cómo aprendí a diseñar? ¿Cómo terminé siendo el dueño de un café? ¿Porqué no tiene hijos? ¿A qué edad se casó? ¿Qué consejo podría dar? ¿Cómo llegué a hoy?

Yo soy feliz cuando me preguntan cosas, mis respuestas — casi siempre — son con entusiasmo. No se si son apropiadas, no se si tengo credibilidad… pero yo respondo.

Adventure Time Philosophy

Hay días que yo mismo me pregunto ¿Cómo hice para tener la vida que tengo hoy? Hay días para reflexionar acerca de estas cosas. Tengo claro — clarísimo — una cosa y es que yo noto que las cosas buenas que me han pasado en la vida, las cosas buenas que tengo y las que he logrado… ha sido un asunto de estar dispuesto a salir de mi zona de confort y eso es importante (¡ahh y también suerte, hay que aceptarlo!). Yo creo que las consecuencias de los eventos relevantes en nuestras vidas y las decisiones — por más incomodas que sean — que tomamos, son una preparación.

Hay que ser considerado, eso es importante. Yo trato de serlo. Sin embargo la influencia positiva que resulta de ser consciente de las demás personas y de nuestro entorno a cada momento, afecta de manera directa nuestra vida. Yo espero que lo que digo, escribo y hago tenga una influencia positiva a mi alrededor y espero lo mismo a la inversa.

Yo paso leyendo y pensando mucho acerca de diseño, paso muchas horas diseñando, le dedico mucho a mi profesión, y creo que el diseño ha sido algo muy importante en mi vida y que me ha hecho sentir exitoso, sin embargo yo sé que no importa cuántas horas de entrenamiento, cuánto conocimiento o preparación pueda tener… nunca nada bueno me ha pasado hasta que tomé decisiones difíciles.

Soy dueño de un café, soy diseñador freelancer, adopté dos gatos con mi novia Susi, vivimos en un apartamento alquilado, tenemos un carro pero no tenemos lavadora ;). Tengo buenos amigos que respeto y admiro. Tengo una familia que me quiere. Y efectivamente he tenido que tomar decisiones fuertes, difíciles e incómodas. Pero si no lo hubiera hecho así, no tendría ni estaría hoy donde estoy.

Inventar algo.

Estudié diseño y en aquel momento para el final de mi carrera sabía que la mejor opción era buscar un puesto en alguna agencia. Pero yo quería empezar algo. Para la tesis de graduación hice una agencia. Ahí quedó en papel. Terminé de estudiar y empecé a trabajar en una oficina de diseño gráfico y web. Y mis colegas programadores me preguntaban si les podía ayudar con algún diseño — logos, libros, afiches, páginas web — así empecé a tener trabajos como freelancer. Al tiempo hice mi primer portafolio online. No sólo ponía mis trabajos freelance, adicionalmente ponía mis proyectos más personales. Hice tarjetas de presentación y en esa web personal había un botón para descargar mi resumé.

Empezó a llegar más trabajo freelance. Así que decidí convertir mi sitio personal en algo más profesional, le puse nombre y se convirtió en mi agencia virtual. Abajo tenía un email y mi número celular. Llegué a tener más de 25 clientes, a los que les di mantenimiento mensual por más de 5 años. Al inicio aceptaba todo tipo de proyectos. Quería crecer el portafolio. Tenía reuniones semanales. Mis clientes me recomendaban con nuevos/potenciales clientes. Mi ingreso como diseñador era muy bueno. Pero mis ingresos como freelancer eran igual de buenos.

Fui muy afortunado de poder tener tiempo dentro de mi horario de “oficina” y podía hacer ambas cosas sin tener que dedicar muchas horas extra. Durante estos años aprendí muchísimo. A balancear mis tiempos, a ser muy responsable y ordenado. Aprendí a negociar, a colaborar, a cobrar.

Me inventé un negocio. Hice dinero y aprendí muchísimo. Eran mis “early-twenties”. Todo bien. Hice lo que quería y luego seguí.

El ascenso más rápido.

Le dije a una buena amiga que le daba mi resumé para que se lo pasara a HR. Seis meses después me llamaron y me contrataron. Nuevo empleo, nuevas experiencias. Entré con 5 años de experiencia en web y eso a mis empleadores les pareció perfecto. El “boom” de la producción digital era inminente y yo estuve en el momento y lugar adecuado. Yo desde el día uno dejé claro que la compañía podía contar conmigo y que yo estaba ahí para darlo todo.

Yo fui el empleado número 41 aproximadamente… 5 años después habían 300 personas más. El negocio creció. Yo ayudé a ese crecimiento. Yo dije que podía hacer cosas, y las hice.

En esa compañía aprendí de negocios, de proyecciones, de presupuestos, de manejo de personal, de contratos, de asuntos legales, entre otro montón de cosas extra a mi profesión de diseño. Fueron cambios monumentales. Situaciones intensas, desde hablar en inglés todo el día por teléfono en conferencia con clientes hasta despedir un colega por tomar una muy mala decisión de no responder un email.

Aquí tuve que aprender a balancear mis ganas de seguir diseñando con las ganas de saber más acerca de Project Management. Tuve grandes amigos que me ayudaron mucho. Fallé tantas veces, pero mi entusiasmo veía recompensa cuando mis managers decidían seguir apoyándome a pesar de las circunstancias.

Pasé uno de los mejores momentos de mi vida. Viajé por negocios y placer. Me dieron carro, casa y bonos de “agradecimiento”. Me reunía con clientes “importantes” del negocio. Tenía que entregarles mi tarjeta de presentación para que pudieran contactarme directamente. Hice lo que tenía que hacer y la compañía creció tanto que una agencia más grande la compró y luego la volvieron a vender a una agencia aún más grande. El asunto fue worldwide. En ese momento yo renuncié. Me fui de viaje por seis meses y regresé para abrir un café. Volví a ser freelancer.

La colorida Susi.

Esta es una historiecilla muy linda, aunque no empieza así. Yo estaba casado. Sin embargo cuando empecé a trabajar en esa compañía — que creció tanto como yo — empecé a conocer más cosas, y ver y viajar y sentir ganas de vivir más y de experimentar más. Yo estaba muy joven cuando me casé. La dinámica con mi pareja no estaba funcionando así que decidí separarme. Hablamos de seguir nuestro destino por caminos aparte.

Susi trabajaba conmigo. Ella también estudió diseño. Nos hicimos muy buenos amigos. Ella junto a Henry son mis mejores amigos. De esos que uno sabe que puede contar en cualquier momento, y ellos saben que pueden contar conmigo para lo que sea. Compartimos una conexión, un respeto y un entendimiento que sólo se llega a tener con quien atravesamos momentos importantes juntos y que no podría existir si tuviéramos solamente una simple afinidad mutua.

Yo supe que tenía que separarme porque los conocí a ellos. Y quería estar con ellos. Con Susi como mi pareja y con Henry como mi amigo. Y esa situación no iba a pasar si yo seguía casado. Yo quería viajar con ellos, ir a la playa, ir a fiestas.

¿Qué hago? Me separo. Empiezo una vida donde ellos puedan estar conmigo. ¿Y las implicaciones? ¿Y la gente qué va a decir? ¿Mi familia va a aceptar este cambio? Para este momento muchas personas que — todavía — aprecio sabían que yo estaba casado, así que cuando supieron o les conté de mi separación decidieron no seguir siendo mis “amigos”. Se alejaron, me vieron y no supe nada más de ellos.

Yo decidí separarme porque quería empezar una nueva vida. No me quedé donde no me sentía bien. No estoy seguro de haber podido lidiar con las consecuencias emocionales de no haberlo hecho. Hoy vivo sabiendo que lo hice por mi. Fue un esfuerzo. Actué de acuerdo a mis ideas. Yo quería hacerlo. Ni puedo imaginar donde estaría hoy.

Los finales felices existen.

Las acciones determinan nuestro futuro. Y saber eso hizo que yo empezara a salir con Susi. Sabía que quería aprovechar lo bien que nos llevamos, lo mucho que ella me gusta y lo feliz que me hace estar con ella. Muy rápido se volvió una relación seria. Crecimos y empezamos a planear juntos.

No todo ha sido una nube rosa volando en un cielo lleno de flores. Pero es amor, es compañía, es colaboración, respeto y risas cómplices. Siento que Susi se ganó mi confianza y mi amor. Ella lo sabe. Yo puedo estar con ella y ser feliz. Yo le doy todo lo que soy. Nuestra relación significa mucho para mi. Susi ha recorrido lugares del mundo conmigo, hemos tomado un vinito y hablado por largas horas, nos hemos contado secretos e historias tristes, idiotas y alegres. Yo por ella hago lo que sea. Tenemos más de 10 años de conocernos y estar juntos. Y no me arrepiento de nada.

Aprovecharse y punto.

Casi todo lo bueno en mi vida llegó porque — a pesar del miedo — me aventuré. Tomé riesgos, cambié, hice lo que tenía que hacer. Muchas cosas buenas que me han pasado, han pasado porque yo quería que pasaran.

Tuve que trabajar, hablar, negociar, callar, reír y hacer muchas cosas. Tuve que dejar mi zona de confort muchas veces. Y ha sido difícil muchas veces. Pero creo que le ha pasado igual a tantas personas que sienten que han tenido algo bueno en sus vidas.

Siempre hay un factor de suerte — al menos así lo creo — sumado a estar preparado y buscando oportunidades. Ya que de nada sirve tener una buena oportunidad si no estamos preparados. Usualmente las buenas oportunidades — cuando se presentan — no son tan claras como las imaginamos, así que tenemos que detenernos y decirnos a nosotros mismos que podemos tomar esa oportunidad y crear algo nuevo, algo bueno.

Yo siempre me pregunto si estoy donde quiero estar. Eso para mi es lo más importante. No me gusta dejar mi vida en manos del destino. No creo en eso. El destino puede no ser amable y tampoco tolera a los idiotas.

Si quiero algo, lo hago.