El modelo neoliberal y la crisis económica actual

Artículo publicado en “Hildebrandt en sus Trece” el 14 de julio de 2017.

Hoy la economía peruana está paralizada y en buena parte es culpa del modelo neoliberal. En este artículo trataremos de desenredar qué entendemos por modelo neoliberal, en qué medida ha causado nuestra actual parada económica y que cambios son necesarios.

Empecemos la historia en el 2017, es decir, hoy. El crecimiento económico está frenado, la industria tiene ya 4 años en recesión y se han perdido cien mil empleos. El importante crecimiento que hubo entre 2004 y 2013 se paró.

¿Qué cambió? ¿Cuál fue el viento que antes impulsó la economía peruana y ya no lo hace? El elemento clave fueron los precios de las materias primas y en especial los metales. Revisemos lo sucedido: hasta el 2003 el precio del cobre era de 80 centavos la libra, y de ahí subió y subió y subió, manteniéndose entre el 2006 y el 2014 encima de 300 centavos la libra, 4 veces más que en las décadas anteriores. Algo parecido sucedió con otras materias primas que exportamos. Estos precios altos trajeron tres cosas. En primer lugar, aunque la mayor parte de las sobreganancias permaneció en manos de las compañías mineras, con los impuestos y regalías aumentó el gasto público. En segundo lugar, los proyectos mineros se hicieron más rentables y atrajeron a las trasnacionales: la inversión minera que fue de 14 mil millones de dólares entre 2006 y 2011 (Alan García) pasó a 40 mil millones (casi el triple) con Humala entre 2011–2016. En tercer lugar, esto atrajo capitales extranjeros a toda la economía, como lo demuestra el último informe del FMI para el Hemisferio Occidental. Mediante esos tres mecanismos, los altos precios de las materias primas — mientras duraron — empujaron nuestra economía hacia arriba.

Así, crecimos porque los precios de los metales y las materias primas subieron, y nos paramos cuando estos bajaron, del 2012 en adelante. Como dijimos y repetimos reiteradamente durante el ciclo de precios altos y auge primario-exportador, era de esperarse una caída de precios con sus efectos paralizantes; después de todo, ciclos de alzas y bajas de materias primas, y booms y crisis económicas causadas por eso las hemos visto en el Perú muchas veces. Desde siglos anteriores hasta las últimas décadas, para las cuales las investigaciones indican que todas las crisis económicas vividas están asociadas a la caída de los precios internacionales de las materias primas: 1957–58, 1997–68, 1975–78, 1982–83, 1988–1992 y 1999–2000. No había sino que conocer la historia para darse cuenta de lo que iba a pasar. Las crisis vienen con recesiones industriales, menos empleo y caída de los ingresos tributarios; a veces son suaves y otras veces muy duras, dependiendo del tamaño del shock externo y de las respuestas de política económica. En el 2014–2017 la respuesta de política económica ha agravado la crisis.

La derecha neoliberal tiene otro relato: “pocos han apreciado en toda su magnitud el daño que ha sufrido el país bajo el gobierno de Humala-Heredia. Ello debido a la prédica antiminera que desarrolló Humala“, lo que ha hecho que “desde hace cuatro años, la economía peruana está debilitada“ (Roberto Abusada, El Comercio 10 de julio de 2017). O sea, la culpa de todo la tiene Ollanta por anti-minero. Pero esa tesis entra en total contradicción con los hechos: ¿Cómo puede calificarse de anti-minero al gobierno durante cuyo periodo se triplicó la inversión minera llevándola al nivel más alto de nuestra historia? ¿el que encarceló a Oscar Mollohuanca por defender a Espinar de la contaminación minera? ¿el que decretó cuatro paquetazos antiambientales llevando a que el Perú sea calificado por el Instituto Frasier como el país más atractivo de Latinoamérica para la inversión minera el año 2016? Lo cierto es que la derecha neoliberal repite una y otra y otra vez esta historia que no se ajusta a la verdad como propaganda ideológica para defender sus intereses.

NEOLIBERALISMO

¿Y qué tiene que ver esto con el modelo neoliberal? El neoliberalismo tiene una receta fundamental: achicar el estado y dejar que el “libre mercado” decida el rumbo de la economía. Eso también significa reducir salarios mínimos y traerse abajo a los sindicatos, privatizar todo lo posible, rebajar los impuestos a los ricos y eliminar regulaciones sociales y ambientales; en suma, darle todas las ventajas a los inversionistas para que logren mayores ganancias lo que, supuestamente, atraería la inversión y generaría crecimiento. Los efectos de esas políticas sobre la desigualdad son obvios y se han registrado claramente en muchos países en las ultimas 3 décadas, incluyendo Estados Unidos, Inglaterra y varios países europeos como lo han documentado Piketty, Saez, Atkinson y otros.

En términos de crecimiento, lo que sucede con las políticas neoliberales en países ricos en materias primas y con bajo desarrollo tecnológico e institucional como el nuestro, es que los que vienen son capitales que buscan extraer nuestras riquezas naturales. Las inversiones van donde hay mayores ganancias, que es donde la “ley” del cobre y el oro es más alta y donde la anchoveta se reproduce por miles de millones. No se dirigen a a crear nuevas industrias y diversificación productiva, las que no se generan por la espontánea acción del mercado como lo muestran las diversas experiencias de industrialización, desde la Inglaterra del siglo XVII y la estadounidense del siglo XIX, hasta las asiáticas (Japón, Corea, China). Como las políticas industriales nos fueron negadas por el neoliberalismo, el resultado es una industria peruana debilitada y una diversificación productiva en pañales (sólo agroexportación y algo de turismo, en buena parte gracias a la calidad de nuestros recursos naturales).

El otro gran problema que ha traído el neoliberalismo es la debilidad del estado. Por un lado, rebajó impuestos a las grandes riquezas, y aunque el boom de precios internacionales y ganancias mineras generó ingresos al estado, ello sólo era temporal y ya se acabó. Por otro lado, la propia política neoliberal busca reducir y recortar el estado, aceptando sólo a regañadientes y cuentagotas la presión popular en defensa del ambiente y objetivos sociales. Ahí están Las Malvinas y San Cristóbal para probarlo.

NO ES TAN SIMPLE

Menester es reconocer, sin embargo, que tras una década de gobiernos progresistas en América Latina, los avances en diversificación productiva parecen ser bastante limitados. Varios gobiernos parecen haber optado por poner mucho énfasis en la redistribución de las rentas de los recursos naturales, que en la industrialización y la diversificación productiva, lo que ha llevado a que la caída de precios de las materias primas también los haya golpeado con mucha fuerza. Paradójicamente, quienes más capturaron la renta primaria para redistribuir, son también los que sufren mayor golpe con la caída de los precios, sobre todo los que no “guardaron pan para mayo”.

Por otro lado, hay otros tres elementos subyacentes a la crisis que no se explican únicamente por el modelo neoliberal. La primera es la corrupción, que como hemos visto con el escándalo Odebrecht, parece estar presente en gobiernos de derecha y de izquierda, neoliberales y progresistas. En segundo lugar, la captura del estado por lobbies y oligarquías en algunos casos, o su mayor autonomía y base democrática en otros, así como la propia capacidad operativa y legitimidad histórica del estado. Finalmente, están las políticas macroeconómicas, con algunos países de la región haciendo estupideces, mientras otros han sido un poco más sensatos. El Perú, entre 2004 y 2013, parece haber tenido mucha corrupción y muchos lobbies, pero una política macroeconómica que no se ve mal al compararla con la región, aunque ahora tras la caída de precios de las materias primas el MEF y el BCR la han embarrado completita.

Así, decir que el modelo neoliberal ha causado la crisis actual es una verdad incompleta, ya que hay otros factores en juego. La realidad no es simple, es compleja, de tal manera que hablar de modelos ayuda a entenderla sólo sino simplificamos demasiado las explicaciones.

CAPITALISMOS DIVERSOS

Regresando al tema del neoliberalismo, precisemos que rechazar esta política no quiere decir que propongamos un estado de planificación central estilo soviético con controles de precios y estatizaciones generalizadas. Hay que remarcarlo porque ese es el maniqueísmo que quiere introducirse en este debate: igualar modelo neoliberal con capitalismo y decir que oponerse al neoliberalismo es proponer una economía soviética. No es así. Hay alternativas.

Un camino distinto debe reconocer que el mercado tiene un rol importante que jugar para acomodar las cambiantes demandas de la población, y las inversiones privadas son fundamentales para promover avances tecnológicos, para lo cual requieren seguridad de que podrán recuperar su dinero con ganancias. Para decirlo en revisión de viejas tesis marxistas, la propiedad de los medios de producción deberá seguir siendo privada, aunque regulándola para evitar explotación laboral, daños sociales y contaminación ambiental. Esto último adquiere mayor importancia ante el calentamiento global y replantea profundamente el sentido del crecimiento económico a futuro y su contenido material.

En este marco, diversos países han desarrollado diversas formas de capitalismo: el anglosajón es distinto al japonés y al coreano, al escandinavo, al francés o al alemán; y en los países subdesarrollados, la distancia entre Asia y Latinoamérica es grande. El neoliberalismo no es el único capitalismo posible; hay mejores alternativas de crecimiento, más justas y sostenibles.

¿Hay alternativas para enfrentar esta crisis de la economía peruana? Sí, hay dos. La más inmediato es aplicar una política anticíclica: aumentar la inversión pública 2 puntos del PBI, rebajar unos 3 puntos la tasa de interés del BCR para dar un empujón al crédito, defender el mercado interno para la industria y el agro nacionales. Estas medidas no cambian el modelo, pero nos permiten salir del hoyo.

A mediano plazo, es necesario un cambio en la estructura productiva: industrializar y diversificar hacia otros sectores como el turismo, el biocomercio y los servicios. No hay desarrollo económico si seguimos restringidos a los minerales y materias primas. Todo ello requiere un estado más activo y más inteligente.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.