UABC: Mi propuesta para una reforma universitaria

UNIVERSIDAD AUTONOMA DE BAJA CALIFORNIA

DANIEL SOLORIO RAMÍREZ

Profesor UABC desde1975 hasta 2018; jubilado, pero únicamente en cuanto a la relación laboral

danielsr21@hotmail.com

A la H. Junta de Gobierno de la Universidad Autónoma de Baja California:

A cada uno de los integrantes del cuerpo colegiado, Juan Alvarez López, Luis Fernando Angulo Quiñonez, Gustavo Camarena Salinas, Felipe Cuamea Velázquez, Gabriel Estrella Valenzuela, Edna Luna Serrano, Gema López Gorosave, Martín Francisco Montaño Gómez, Rosa Imelda Rojas Caldelas, Benjamin Valdez Salas y Juan Fernando Vizcarra Schumm:

A cada uno de ustedes les expreso mi agradecimiento por la gentileza de haberme escuchado anticipadamente; lo considero un buen ejercicio de comunicación, muy útil cuando se trata de tomar decisiones.

Quiero ser muy preciso: me pongo a su disposición por si consideran que puedo servir a la UABC en la actual coyuntura histórica; nadie es indispensable, pero vanidades aparte, me considero apto para ser rector. La UABC me impuso el talante y el talento indispensables para tan importante desempeño.

Por años he manifestado mi rechazo a la forma en que la UABC ha sido gobernada; si ustedes me hacen rector, no seguiré los modos autoritarios que han prevalecido. La educación no se lleva bien con el autoritarismo.

1.- CONSIDERACIONES GENERALES

Para los efectos de la elección de rector ustedes encarnan a la gran casa de estudios superiores que por 43 años me ha dado cobijo, placer, dinero, grata convivencia entre universitarios y suave presión para estudiar y vivir la búsqueda del conocimiento científico, que nos exige saber cada vez más, y cada vez creer menos.

No existe en Baja California otra entidad pública tan llena de generosidad y merecimientos; tanto que en mi concepto su clase gobernante no ha estado a la altura de las necesidades del pueblo de Baja California.

Bien entiendo que, salvo honrosas excepciones, esa no es la opinión prevaleciente entre la clase gobernante que ha tenido nuestra UABC.

Tienen ustedes hoy, una vez más, la relevante tarea de votar al próximo titular del más relevante cargo unipersonal de nuestra casa de estudios superiores. Nada más, pero nada menos; les ruego excusarme si en algún momento mi lenguaje, en aras de la claridad pudiera parecerles poco comedido; intentaré expresar algunas ideas básicas, del modo más sencillo y accesible de que yo sea capaz; empezaré con dos cosas que considero relevantes:

1ª.- La UABC no ha sido gobernada adecuadamente; en su gobierno han imperado criterios vinculados más con el poder que con el saber; podría dar una multiplicidad de ejemplos, pero asumo que por el momento no vienen al caso.

2ª.- Me resulta penoso pero necesario decir (a riesgo de parecer chocante) que gracias a la suave presión que sobre mi persona ha ejercido mi trabajo académico, administrativo y político desempeñado por 43 años en la UABC, me considero apto para ser el rector que nuestra casa de estudios necesita en la actual coyuntura del México que vivimos.

Por más de veinte años he hecho pública mi discordancia con la manera de gobernar a la UABC; también lo hice en los tiempos (1991–2001) en que ocupé los honrosos cargos de abogado general y luego director de la Facultad de Derecho; mi experiencia dentro del gobierno universitario me permite decir no sin temor peri sí con plena satisfacción, siguiendo a José Martí:

“… conozco al monstruo; he vivido en sus entrañas…”

Y no es que la UABC deba ser considerada precisamente un “monstruo”, sino por el contrario, es el centro de trabajo más grato que uno pudiera imaginar; por eso estoy usando esa expresión solo para efectos retóricos y para enfatizar la idea de que sé de lo que hablo.

Pido su comprensión, su tolerancia, cuando mi texto, para ilustrar la ilegalidad en que incurre esa honorable Junta de Gobierno al desdeñar la Ley Orgánica en aras de cumplir un reglamento (el Estatuto General); me atrevo a usar el estilo coloquial en que conversaban Sócrates y Critón, cuando éste ofreció a aquél una escapatoria de la prisión en que pasaba su última noche.

Reprochaba Sócrates a Critón que éste le estuviera invitando a desobedecer las “Leyes de Atenas” que ya se habían concretizado en una sentencia conforme a la cual Sócrates debía morir:

“… y qué diríamos, si las leyes dijeran: “Sócrates, ¿es esto lo que convinimos tú y nosotras, o más bien convinimos permanecer fieles en las decisiones judiciales que la ciudad determinase?” Si nos extrañásemos de sus palabras, quizás dijeran: “Sócrates, no te extrañes de nuestras palabras y responde, tú que tan acostumbrado estás a servirte de preguntas y respuestas. Vamos a ver, ¿qué acusación tienes contra nosotras (las leyes) y contra la ciudad para intentar destruirnos?, … ¿no te dimos nosotras la vida y, por medio de nosotras, desposó tu padre a tu madre y te engendró?.
“ … ¿tienes algo que reprocharles a las leyes que se refieren al matrimonio?” “No tengo nada que reprocharles”, … ¿Y a las que se refieren a la crianza de los hijos y a la educación, en la cual tú también has sido educado?
“… ¿acaso no disponían bien aquellas de nosotras establecidas para ello, recomendando a tu padre que te educase en la música y en la gimnasia?”
“Sí”, afirmaría yo. “Entonces, si gracias a nosotras naciste, fuiste criado y educado, ¿podrías decir, en principio, que no eras resultado de nosotras y esclavo nuestro, tú y tus progenitores? Y si es así, ¿crees que tenemos los mismos derechos? ¿Y es justo que tú nos hagas lo mismo que nosotras intentamos hacerte? …
“… ¿Te sería posible, en cambio, obrar con respecto a la patria y a las leyes de manera que, si nosotras nos proponemos matarte, considerando que es justo, tú intentes, en la medida de tus fuerzas, destruirnos a nosotras, las leyes, y a la patria, y afirmes que, al hacer esto, haces algo justo tú, que en verdad te ocupas de ejercitar la virtud? ¿Acaso eres tan sabio que se te escapa que merece la patria más honor que la madre, el padre y todos los antepasados, y que es más venerable y más sagrada y digna de la mayor estima entre los dioses y entre los hombres de juicio,…
“… y que hay que respetar y obedecer y halagar más a la patria, si se irrita, que al padre; y que hay que persuadirla u obedecerla en lo que ella mande; y que, si manda sufrir algo, hay que soportarlo con mansedumbre, ya sea ser azotado como ser encarcelado, o ir a la guerra para ser herido o morir; y que hay que hacer esto porque es lo justo; y que no hay que ceder, ni retroceder, ni abandonar el puesto de batalla, sino que, incluso en la guerra y en la cárcel, y en todo lugar, hay que hacer lo que mande la patria y la ciudad, o persuadirla de lo que es justo por naturaleza; y que no es piadoso maltratar a la madre y al padre, pero menos piadoso aun es maltratar a la patria?” ¿Qué diremos a esto, Critón? ¿Dicen las leyes la verdad, o no?
“… Si te marchas ahora, te vas habiendo sido condenado injustamente no por nosotras, las leyes, sino por los hombres. En cambio, si huyes de forma tan vergonzosa, devolviendo injuria por injuria, mal por mal, habiendo quebrantado tus acuerdos y tus pactos con nosotras, y habiendo hecho daño a los que menos conviene, a ti mismo, a tus amigos, a la patria y a nosotras, entonces nosotras, mientras vivas, estaremos irritadas contigo, y allí, en el Hades, nuestras hermanas las leyes no te recibirán bien, sabiendo que intentaste destruirnos en la medida de tus fuerzas. Vamos, que no te convenza Critón a hacer lo que dice más que nosotras.” Has de saber, querido amigo Critón, que yo creo oír esto, como los coribantes creen oír las flautas, y en mí retumba el eco de estas palabras y hace que no pueda oír las demás. Y además, al menos en lo que por ahora a mí me pare ce bien, si dices algo en contra, hablarás en vano. Sin embargo, si crees que puedes conseguir algo más, habla.
Critón No tengo nada más que decir, Sócrates….”

Esta cita viene a colación porque advierto que la Junta de Gobierno está inobservando (violando) la Ley Orgánica de nuestra casa de estudios superiores al aplicar la exigencia contenida en una norma inferior, el Estatuto General que parece exigir que el rector sea un empleado universitario, un trabajador, un subordinado al salario que se le entrega por su trabajo. Esa no es ni la letra, ni el espíritu de nuestra Ley Orgánica, que la Junta de Gobierno debe cumplir por encima de cualquier otra norma inferior.

2.- LA CONVOCATORIA

La convocatoria ya obstaculiza que la Junta de Gobierno cumpla adecuadamente su deber que le imponen los artículos 22 y 25 de la Ley Orgánica de UABC, en cuya base 6 eidética se encuentra el deber fundamental de elegir a la persona idónea para la coyuntura específica que vive la institución, esté o no dentro de ésta.

Ese deber no debe dejarlo la Junta a la voluntad de los pretendientes del cargo. La elección no debe quedar limitada a escoger uno de entre quienes por libre decisión se convierten en “aspirantes”; la ley no autoriza elegir a uno de los que “quieren ser rector” sino a la persona idónea, por lo que no es descartable que la Junta pudiera tener candidatos por invitación, acudan o no voluntariamente a su llamado.

Se podría decir, en contrario, que el Estatuto General exige que el Rector esté subordinado al patrón UABC por una relación de trabajo, lo que es notoriamente cierto pero ilegal; la Junta no debió exigirlo en su convocatoria, ya que el proceso debe guiarse por la Ley Orgánica y no por normas inferiores.

Tampoco es adecuado exigir una serie de requisitos que probablemente la persona idónea no esté dispuesta a reunir. Por esa vía la Junta puede perder a esa persona.

La convocatoria asume que la elección de rector lleva implícita una contienda; un conflicto inter-partes; una confrontación de intereses; un litigio en que la falta de cualquier requisito sirve para descartar a cualquiera de los “contendientes”, como si llegar al cargo fuera una cuestión bajo el interés personal de éstos, y no del superior interés de la institución.

No soy quién para decir a ustedes cómo deben desempeñar su trabajo; me limito a decir que la convocatoria es inacorde con la Ley Orgánica, por más que pudiera parecer acorde con normas inferiores, inapropiadas para conseguir los fines institucionales.

No vengo a pedirles precisamente su voto para ser rector, sino a ponerme a su disposición por si ustedes deciden que la forma en que se ha gobernado a nuestra casa 7 de estudios superiores debe cambiar; solo si fuere así, tendría sentido que voltearán hacia mi candidatura.

Ofrezco gobernar a la UABC de manera distinta a la tradicional. Modestias aparte, tengo el talento, el talante y la paciencia del educador que en mi concepto necesita nuestra casa de estudios superiores.

3.- DEMOCRATIZAR LA VIDA INSTITUCIONAL

Hace unos veinte años fui por primera vez candidato a rector; desde entonces expliqué a la Junta de Gobierno que ya era necesario impulsar un proceso democratizador de nuestra vida institucional.

Algunos miembros de la Junta de Gobierno lo admitieron, pero la atajaron bajo el argumento (que entonces no logré superar) de que en ese momento “no eran los tiempos” ni las circunstancias políticas de Baja California lo permitían.

Sostuve finalmente que si no impulsamos desde adentro una reforma universitaria democratizadora, nos podría ocurrir lo que ya había ocurrido, entonces muy recientemente, a los universitarios sonorenses. Llegó de pronto un nuevo gobernador y “los democratizó” por cuenta propia.

Les impuso una nueva Ley Orgánica que hizo polvo lo poco que habían logrado de autonomía universitaria.

En 2002 de nuevo tuve oportunidad de ser candidato a rector y mi propuesta fundamental fue también democratizar la vida universitaria; lo mismo propuse cuando en 2010 intenté acercarme nuevamente al proceso electoral de rector; en lo sustancial he propuesto lo que ahora repito:

  1. Que el rector de la UABC bien podría ser electo por el voto de todos los profesores e investigadores con al menos cinco años de servicios ininterrumpidos a nuestra vida académica.
  2. Que los directores de unidades académicas podrían ser votados por todos los profesores e investigadores con esa misma antigüedad en el servicio.
  3. Que la UABC debe ser gobernada por sus propios académicos; que mucho podría servir una norma según la cual nadie puede durar más de cuatro años en la administración universitaria; que terminado ese periodo, todos vuelvan a su cátedra o su laboratorio de investigación, idea que tomé de un artículo de Eduardo Backoff, denominado La Filosofía del Soldado Raso).
  4. Que es necesario corregir nuestros reglamentos relativos a la elección de los representantes de los estudiantes y de los profesores e investigadores en el Consejo Universitario y en los Consejos Técnicos; tal como hoy están escritos, impiden la democracia estudiantil.
  5. Que nuestro país, y el Estado de Baja California en particular, aún no encuentran el mejor modo de ser gobernados; y aunque ciertamente la UABC no es una república, ni responde con rigor a los conceptos relativos a las formas de gobierno aplicables a los Estados-nación, ni a las entidades federativas, nuestra casa de estudios superiores bien podría constituir y practicar un gobierno universitario que pudiera servir de modelo a la nación y a nuestro Estado. Tenemos a las personas más preparadas, y además tenemos el deber de preparar a las mejores personas tanto en los planos del personal académico como en el plano estudiantil.

Para eso nos paga la nación; no solo para instruirnos y capacitarnos para un oficio o una profesión en beneficio personal; también para esto nos paga.

4.- DESARROLLO INSTITUCIONAL

Un proyecto de desarrollo institucional no puede ser obra de un candidato a rector, sino de la comunidad universitaria; sólo así podríamos llegar a un proyecto viable y sensato.

El Rector debe convertirse en el promotor del proceso democratizador y académico de nuestra vida institucional; visitar todas las unidades académicas y conversar con todos los universitarios para lograr los consensos indispensables. Imponerlos sirve de muy poco; así, el próximo rector debe promover una universidad aportadora de soluciones y tendrá presente:

a) Que las universidades públicas fueron creadas para cultivar el conocimiento y no para entrar en la disputa por el poder político.

b).- Que estas casas de estudios no son empresas prestadoras de servicios mercantiles, sino instituciones que trabajan en beneficio de la sociedad y el individuo.

5.- VINCULACIÓN UNIVERSITARIA

Hasta épocas muy recientes las universidades públicas vivieron aisladas de su comunidad, pero esos no fueron sus mejores tiempos. Hoy todo mundo reconoce que la élite del conocimiento ( aspiración suprema de los universitarios) debe participar en la búsqueda de soluciones, sin invadir la competencia de los poderes públicos y privados.

La UABC ya ha dado pasos sólidos, pero aún falta un largo aprendizaje. Necesitamos reglas claras para retribuir económicamente el trabajo de quienes realicen tareas de vinculación, de extensión, de educación continua. Nos hacen falta para 10 estimular a los mejores talentos. El artículo 123 de la Constitución nacional y la Ley Federal del Trabajo reconocen que la UABC puede crear esas reglas por sí misma.

6.- ENSEÑANZA, DOCENCIA y DIFUSION CULTURAL

Las tareas de enseñanza y formación de profesionales de la ciencia, la tecnología, las humanidades, las artes, son la actividad principal de la UABC; los estudios superiores son el factor más importante de movilidad y progreso social, individual y familiar porque la Universidad no tiene que dirigir sus esfuerzos a preparar “personal para el mercado” sino individuos aptos para impulsar el progreso social con sentido humanístico, por lo que la rectoría debe apoyar al menos los siguientes aspectos básicos:

a).- Que respetando la vocación de los estudiantes, las carreras universitarias respondan a las necesidades del entorno. Inducir desde los estudios previos a los futuros universitarios, con absoluto respeto a su individualidad, ayudará a reorientar la matrícula excesiva en las áreas más cargadas de estudiantes.

b).- Que los planes y programas de estudio estén sujetos a permanente actualización, comparándolos con otras universidades públicas o privadas, nacionales o extranjeras.

c).- Que la formación pedagógica y la actualización profesional sean actividad cotidiana entre el personal académico de la institución.

d).- Sin olvidar que la organización y operación de la vida académica descansa en el personal de tiempo completo y medio tiempo, la UABC debe estimular el ingreso y permanencia de profesores de asignatura, provenientes de la actividad profesional especializada. Con frecuencia ellos traen el conocimiento más actualizado.

7.- PLANES DE ESTUDIOS POR COMPETENCIAS

El modelo de “competencias” llegó a la UABC sin debate alguno a pesar de su enorme trascendencia no solo práctica sino también ideológica; nunca es tarde para ponerlo a debate en el seno de nuestra casa de estudios, para ratificarlo o revocarlo.

Este es uno de los puntos fundamentales de la autonomía universitaria; decidir qué enseñamos o investigamos; qué orientación ideológica damos a nuestros estudios e investigaciones, son puntos básicos de la autonomía que no hemos ejercido.

Algunos no corresponden a la institución, sino a la libertad de cátedra que corresponde a cada profesor, a cada investigador. En todo esto estamos en pañales pero la autonomía universitaria lo permite, lo exige. Tenemos que ser en verdad una institución autónoma.

8.- INGRESO POR DERECHO, PERMANENCIA POR CAPACIDAD

Soy uno de los universitarios que ha hecho lo posible porque nuestra universidad no rechace estudiantes; ese esfuerzo ha permitido que ya tengamos unos cuantos egresados que de no ser por esas batallas que los propios estudiantes pudieron dar, nunca habrían concluido una carrera universitaria. Nuestra UABC ya tiene algunos que entraron por esta vía y ya son profesionales exitosos.

En la actual coyuntura nacional tenemos la promesa del presidente electo Andrés Manuel López Obrador de que en México ya no habrá rechazo de estudiantes; tenemos que estar preparados para adecuarnos y enfrentar esa nueva y generosa realidad institucional:

El ingreso debe ser por derecho y la permanencia por capacidad probada intramuros, ante profesores exigentes.

Lo anterior requiere formar equipos de profesores particularmente exigentes durante los primeros ciclos escolares; esa es la sustancia del derecho a la educación que postula el artículo 3º de la Constitución nacional, conforme al cual la democracia no es solo una forma de gobierno, sino una forma de vida fundada en el mejoramiento constante del pueblo en lo cultural, en lo económico, en lo político, en lo social, pues en mi concepto en la UABC puede cumplirse la aspiración del célebre iusfilósofo italiano Mauro Capelleti: “… en la confiada esperanza de que inteligencia y voluntad acabarán por ser en todas partes los únicos requisitos necesarios para trasponer los umbrales de la Universidad.” (Estudio del Derecho y Tirocinio Profesional, Ediciones Jurídicas Europa-América, Buenos Aires, 1959 )

9.- RELACIONES LABORALES

El próximo rector debe promover que dentro de las reformas a las leyes del trabajo se propicie una revisión del marco jurídico de la huelga en las instituciones educativas; una propuesta inicial se encuentra en mi ensayo “El Régimen Jurídico de la Huelga en la Universidad Pública” visible en la Revista de Educación Superior, ANUIES, abril-junio de 1996, págs. 133 a 140.

10.- LAS FINANZAS DE LA UNIVERSIDAD

A mayor transparencia, mayor confianza de la sociedad; la actual coyuntura nacional pregona la posibilidad de que las universidades tengan recursos suficientes, con la sola condición de garantizar una administración honrada, honorable, eficiente. La reforma universitaria que viene debe ocuparse de encontrar la manera más sensata de cumplir en este punto los fines institucionales.

11.- EL PERSONAL ACADÉMICO

Los números actuales son impresionantes e ingratos; un 70 u 80 % de nuestros profesores e investigadores son trabajadores precarios, lo que propicia el abuso por parte de las autoridades universitarias.

Es necesario que la selección de profesores sea colegiada y no al gusto discrecional de los directores en turno, y establecer procedimientos ágiles parea que los académicos adquieran derechos sensatos a la permanencia en sus labores.

12.- AUTONOMÍA Y GOBIERNO UNIVERSITARIO

La comunidad universitaria, y no únicamente sus gobernantes, debe emprender su propia renovación institucional. No hay razón para esperar una renovación que venga de fuera, empujada por manos extrañas, desconocedoras de la naturaleza universitaria.

El mejor momento es el actual. No hay por qué esperar otros tiempos; el secreto es encontrar la fórmula que permita equilibrar la libertad y la autoridad en el marco del derecho universitario.

RESPETUOSAMENTE

Mexicali, B.C., a 07 de noviembre de 2018.

DANIEL SOLORIO RAMIREZ