Limonadas y pulseras

Porque el sobreproteccionismo de hoy será la incompetencia de mañana


En estos días se han puesto de moda las pulseras DIY que hacen los niños, mezclando con más o menos arte unos aros de goma elástica. Ya se pueden ver en todas partes. De las escuelas salen niños y niñas con varias pulseras que hacen ellos mismos, o sus amigos. En la calle y en los trabajos se ven a los papis con las que han hecho sus hijos, sobrinos, familiares o los de sus conocidos y amigos.

Hace unos días comentaba con unos compañeros como algunos de estos niños habían tenido la intención de comerciar con estos productos, con sus propias creaciones, fruto de su propia iniciativa, de sus propias manos. Y parece ser que incluso estaban vendiéndolas en los patios de algunos colegios. Pero hete aquí que ya están prohibiendo este tipo de iniciativas en las escuelas.

No sé cual es la base por la cual este tipo de acciones pueden o no llevarse a cabo. Lo cierto es que, sea como fuere, en España parece ser que las iniciativas que lleven una carga de emprendimiento comercial o económico están castigadas o se dificultan siempre, en cualquier estrato de esta sociedad.

Era casi normal que viniera a nuestra cabeza el caso de cómo en las películas y medios americanos hemos visto a los niños pequeños haciendo y vendiendo sus limonadas a pie de calle. Está en su cultura. Favorecen que desde pequeños, todos estén familiarizados con el hecho de que el trabajo y la iniciativa es algo que se debe pagar. Les animan a que se acostumbren a manejar el dinero, a manejar productos y manipularlos para ofrecerlos al público general y con ello generar algo para su propio beneficio.

No tiene nada de negativo que un niño aprenda a saber que su trabajo tiene un precio. Que algo que ellos hacen puede ser comprado. Que cuando tengan el dinero en sus manos deben saber administrarlo para poder hacer más cosas, para ocio o negocio, y que cualquiera de estas acciones tiene repercusión. Incluso que deben devolver a sus padres el dinero que ha costado el material para hacer las pulseras, los limones, el agua o el azúcar. Sólo haciéndolo pueden aprenderlo.

Al prohibirlo sin muchas más justificaciones estamos dotando al emprendimiento de un halo de negatividad. Le estamos poniendo una estampa de que es algo feo, que no se debe hacer.

Mientras en tiernas edades rechazamos y ocultamos las realidades del emprendimiento orientado al comercio, luego nos gastamos millones de euros en el fomento de esta realidad que ya está oculta, con la que ya no estamos familiarizados, y que cuesta mucho más despertar.

El ciudadano de esta tierra quiere trabajar en lo público y no en lo privado, en parte porque no está acostumbrado a vender, porque no está acostumbrado a crear y comerciar.

Hay una terrible fractura entre lo que se enseña en las escuelas y lo que nos encontramos en la calle. Un alabanza de lo público en las primeras etapas. Un entorno empresarial abierto y castigado por esos mismos estamentos públicos. Y una gran empresa avalada, gratificada, agasajada, por aquellos que castigan a la pequeña empresa.

Ahora la moda en la edad adulta en España es el emprendimiento. Sin cultura previa. Y luego nos extrañamos de que a las pequeñas empresas les cueste ser productivas y competitivas.

El emprendimiento (no el autonomizamiento) necesita de algo más que incentivos irregulares, parciales y arbitrarios. Necesita algo más que publicidad engañosa. O más bien, no necesita nada de eso, sino todo lo contrario.

Al final y como siempre, se trata de educación.

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