El profeta en su tierra

Dicen que nadie es profeta en su tierra, mucho menos si ese pedazo de tierra se llama México. Sin embargo, para toda regla debe existir una excepción y bajo esa premisa, el profeta se llama: Juan Gabriel.

Y así, en un par de días hemos visto, el poder de ese señor con sobrepeso y de movimientos estrambóticos en sus conciertos. Donde un país tan complejo como este, ha mostrado que su gran último ídolo aún estaba vivo y seguía haciendo los mejores conciertos en la vida. Un tipo con una historia peculiar, una historia llena de lados oscuros, momentos verdaderamente salvajes y tormentosos; eso que en palabras de Baudelaire quedan perfectas ante el epígrafe con el que Roberto Bolaño, (aquel que usó a México como su personaje literario, más lúcido) nos invita a leer su ‘2666':

Un oasis de horror, en medio de un desierto de aburrimiento.

Así, fue como un tipo salido de las profundidades de este país, escribiría verdaderas joyas (se cuentan más de 1,500 canciones, una verdadera locura) y el soundtrack de cada uno de los que aquí nos tocó vivir. No faltará el petulante que siempre diga que la música de ‘JuanGa’, no estaba al nivel, o que era “música de gente pobre, para gente pobre”. Pavadas pueriles que sólo gente con bajo criterio, se atreve a espetar.

Pero la unanimidad al respecto de Juan Gabriel, no tiene escalas. Desde el momento que se supo de su muerte, hasta este momento, gente de todos los gustos y opiniones, han decretado su amor por ‘JuanGa’. Y no es para menos, el tipo cantó de todo, grabó con medio mundo musical y hasta covereó a los ‘Creedence’ (así de chingón era).

Yo tuve la fortuna de verlo una vez en vivo y debo decir que, aunque cerca de un estado hipotérmico, las cuatro horas de su concierto me parecieron una cosa que no tiene precedentes. Algo que no se compara, ese ‘show man’, ese mariachi, la cantidad de músicos no dejaban a duda que lo que veías era para la eternidad de tus recuerdos.

De él, nos queda la pasión por lo que haces, el amor a su país y a su gente; la transgresión a las reglas (un homosexual, en un país de machirulos poniendo a bailar a esos machirulos), un tipo humilde, sencillo y hasta la madre de carismático.

Todos tenemos una rola de él, que nos ha marcado y nos ha acompañado. Nos dejó grandes obras y lecciones de vida pura. Un maestro de la vida, como dice mi amigo César Faz.

No queda más que darle gracias al niño que se escapó del orfanato, que se puso a vender burritos, pasó dieciocho meses en la cárcel y de ahí, hizo suyo a un país por medio siglo. Esa es la lección más grande, que a pesar de la adversidad, tu objetivo en la vida, te sacará adelante. Él supo maximizar aquello de: “las cosas brillantes, siempre salen de repente”.

Sí, amor eterno a nuestro profeta y guía espiritual. Todos somos parte de Juan Gabriel y hasta que te conocí. Buen viaje y que donde estés, sigas haciendo bailar y mover las caderas como a nadie. Desde siempre, fuiste nuestro dios. Besos al ‘JuanGa’.

Like what you read? Give Daniel Torres a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.