Ya sé dónde estoy… ¿Ahora, que hago?

Cuando nuestras finanzas nos revelan nuestra verdadera situación

¿Qué es lo que hace que el tema financiero sea algo tan complicado en la vida de las personas? Muchas veces nos encontramos en lugares donde jamás imaginamos estar… cuando tenemos la oportunidad de viajar, conocer un nuevo lugar, vacacionar en un lugar realmente bonito o ir a comer a un nuevo restaurante. Incluso a veces nos encontramos en momentos significativos; nuestra boda, la graduación de primaria de nuestros hijos o la compra de nuestro primer carro o casa.

Lamentablemente también nos encontramos en posiciones en las que no quisiéramos estar; la muerte de un ser querido, un despido, un hospital o sin darnos cuenta, endeudados y con una muy mala situación financiera.

Pero ¿Qué es una mala situación financiera y como sé cuándo estoy en una? Existen muchos conceptos teóricos y técnicos provenientes de diferentes ramas y disciplinas para describir lo que sucede con nuestras finanzas cuando entramos en una crisis financiera.

Para simplificar un poco la definición se puede afirmar que una mala situación financiera se da cuando gastamos más de lo que ganamos, cuando tenemos un nivel de endeudamiento mayor al 35% de nuestro ingreso total, cuando no tenemos un patrimonio que nos ayude a salir de deudas y no se cuenta con un ahorro que nos ayude a mejorar la situación.

Al darnos cuenta lo primero que nos preguntamos es ¿y ahora qué hago? Lo cual es totalmente valido, pues debemos de algún modo salir adelante con todas las implicaciones que esto conlleva. Sin embargo, aún más importante, es determinar cómo fue que llegamos a donde estamos, pues para mejorar en el futuro tenemos que aprender del pasado, corregir malas prácticas y generar cambios sustanciales que nos lleven a mejorar la forma en la manejamos nuestros ingresos.

Algunas pistas que nos pueden llevar a determinar qué fue lo que paso están muchas veces presentes en los siguientes generadores:

· Mala gestión de la deuda.

· Excesivos o malos patrones de consumo.

· Poco o nulo nivel de ahorro.

· Fianzas.

· Entre otros.

Ahora bien, ¿qué hacer cuando ya estamos ahí? Lo primero es presupuestarnos, si es que no lo estamos haciendo y si lo hacemos, debemos de revisar y corregir nuestro presupuesto, pero ¿Cómo lo hacemos?

Existen muchos métodos que se pueden utilizar, el mejor dependerá de cada caso, sin embargo, el ejercicio básico consiste en confrontar todos los ingresos contra todos los egresos, priorizando siempre los más importantes como hipoteca o renta, deudas o compromisos adquiridos, servicios públicos, alimentación, transporte y vestido.

Otras partidas como recreación, compras por internet, tecnología y vacaciones se ven automáticamente relegadas al final de la lista. Otro rubro importante que todo presupuesto debe de incluir en todo momento es el ahorro.

Este debe de ser de por lo menos un 10% del ingreso total mensual, preferiblemente un monto fijo que genere tranquilidad y siempre una meta que se totalmente alcanzable con el propósito de evitar frustración o incumplimiento.

Los más recomendable para organizar un ahorro es valerse de diferentes instrumentos que las entidades financieras ponen a disposición de sus clientes, por lo general los planes de ahorro programado resultan ser los mejores aliados pues retiran los fondos automáticamente de las cuentas, los aíslan y pagan un interés pasivo que compensa, hasta cierto punto, la inflación.

La administración del ahorro es un tema amplio, que amerita profundizar más en el tema y que posteriormente trataremos en otros blogs.

Una vez realizado el presupuesto viene la parte más importante y complicada, apegarse a él, lo cual requiere de un esfuerzo casi diario y un cambio radical en nuestro patrón de consumo que garantice el cumplimiento del plan.

Los excedentes, si los hay, deben de ser destinados a la cancelación de deuda basándose en cual maneja la mayor tasa de interés, el plazo faltante para terminar, las comisiones o cargos existentes por concepto de pago anticipado, el saldo pendiente y la cuota. Esto con el propósito de generar la mayor liquidez posible que permita reforzar ahorro y cancelación de obligaciones.

Paralelo al presupuesto, el ahorro y la reducción del endeudamiento, es muy buena idea generar ingresos adicionales que nos permitan financiarnos paralelamente a nuestro salario y que desahoguen la presión financiera que sentimos. Una opción es convertir ese talento, pasatiempo o pasión personal en una idea de negocio, un producto o servicio con potencial y que garantice un rédito económico.

De esta manera empezaremos a recorrer un camino de cambio, pues no se pueden esperar resultados diferentes haciendo las mismas cosas. Siempre es necesario recordar que el mejoramiento en cualquier área de nuestras vidas es un compromiso que asumimos con nosotros mismos y que a la postre, el beneficio será para nosotros mismos y nuestros seres más cercanos.

¡Suerte y adelante!