Derechos: ¿regalos o conquistas?

Podemos pensar en los derechos como regalos que nos han hecho algunos gobernantes o como conquistas de los pueblos.

1) Los derechos como algo que nos es/fue dado por una persona generosa en el poder.

La actitud que se deduce de esto es que tenemos que serle fieles a esa persona generosa en el poder (en adelante, PGP) que nos dio derechos, y asegurarnos que conserve esa posición de poder ya sea por agradecimiento o por miedo a que venga otro que nos quite los derechos conseguidos.

Si actuamos en base a esto, entonces nos convertiremos en militantes de PGP, subordinándonos a su agenda política. No solo enfrentaremos a los competidores de PGP por arriba, sino a la gente de abajo, como nosotros, que luche por derechos que PGP no está dispuesto a conceder. Consideraremos que esta gente no se da cuenta de que con PGP se abre una nueva etapa histórica donde la única forma legítima de luchar por nuevos derechos es mediante el “apoyo crítico”, en otro caso se estaría siendo funcional a los rivales de PGP por arriba y eso pone en peligro a los derechos recientemente conseguidos. Si vemos a personas favorecidas por los derechos recientes que no son fieles a PGP nos enojaremos con ellas, las consideraremos unas desagradecidas, y las recriminaremos con “¿Cómo no vas a apoyar a PGP si te dio derechos?”.

Cuando actuamos de esta manera, nos transformamos en cómplices de la opresión que sufren otras personas y fortalecemos al sistema de dominación en su conjunto.

2) Los derechos como una conquista que le arrebatamos al poder.

La actitud que se deduce de esto es que los derechos son algo que nos corresponde, de manera que no hay nada que agradecerle al poder ni le debemos nuestra fidelidad a la persona en el poder que los conceda.

Hay momentos en que la gente en el poder está lo suficiente confiada como para gobernar sin conceder derechos. Pero hay otros momentos donde se ve empujada a hacer concesiones por arriba para desactivar una revolución desde abajo.

Si tienen el margen, los poderosos calculan a mediano plazo: “concediendo estos derechos voy a amasar un capital político que me permitirá superar a mis competidores y conseguir la fidelidad de algunas organizaciones, partidos y personalidades con prestigio social.”

Incluso en el caso de que el poder local concedió derechos sin una lucha que lo pusiera entre la espada y la pared, la idea la sacó de luchas por esos derechos que hubo en otros lugares y momentos históricos. La jornada legal de 8 horas en Argentina fue posible porque hacía un siglo que el movimiento obrero de varios países venía luchando por la reducción de la jornada laboral, y particularmente décadas en que se venía luchando por el objetivo de las 8 horas.

Entonces, ¿tenemos que estar agradecidos por nuestros derechos? Sí, a la gente de generaciones pasadas que luchó por ellos y a quienes luchan hoy en día, en cualquier parte del mundo.