Dos maneras de pensar las relaciones

Uno de los temas que se habla mucho a partir de la vida adulta y que acumula muchísimas frustraciones es el de los vínculos sexoafectivos. En lenguaje de la cultura monogámica, las relaciones de pareja.

Generalmente, se piensa en este tema de la misma manera en que se piensa en los demás temas sociales: generalizando -con poco o ningún rigor- a partir de la propia experiencia y/o de anécdotas.

El riesgo de esa manera de pensar es que no solo lleva a generalizaciones incorrectas, sino a resultados conservadores. Si se piensa de la propia experiencia como generalmente “buena”, esto se presta para sermones voluntaristas y para baja dosis de empatía hacia quienes “fracasan” en las relaciones. Si se piensa de la propia experiencia como generalmente “mala”, esto se presta a mirarse como víctima, generalmente de la manera de ser atribuida al grupo de personas con quien se eligen estos vínculos. Como las víctimas tienen poca o ninguna responsabilidad, las conclusiones de estos razonamientos serán más catárticas que propositivas, con muy poca autocrítica y encontrando la raíz de todos los males en “lo que pasa es que ustedes/ellxs son así”.

De esta manera corrientemente se logra reforzar estereotipos y prejuicios ligados a sistemas de dominación, como lo son el machismo y la heteronormatividad. También se fomenta una mentalidad de “ellxs y nosotrxs” (autoras como Coral Herrera Gomez hablan de guerras románticas). En este caso, una guerra que solo puede ganarse si hay una subordinación total de un bando a los deseos del otro.

¿Pero qué pasa cuando cambiamos nuestra forma de pensar y partimos de analizar los sistemas de relaciones en los cuales existimos, examinando nuestras trayectorias personales en ese marco?

De esta otra manera podemos tener una mirada más lúcida de nuestra agencia y de los límites de esa agencia puestos por circunstancias sociales y por los condicionamientos que nos atraviesan. Podemos superar la mirada bélica de “ellxs vs nosotrxs” reemplazándola por un “todxs nosotrxs, en este contexto”. Podemos problematizar lo naturalizado (lo natural no tiene solución, los problemas sí). Podemos sacar conclusiones propositivas a partir de las cuales construir una agenda transformadora que nos saque de la impotencia de “las cosas son así”. Podemos salir de la posición de víctima, examinando nuestras responsabilidades pero sin caer en el voluntarismo. Este camino se presta a la creatividad, a la hora de crear o combinar ideas, y de ensayarlas.

La primera manera de pensar lleva, en lo inmediato, a prolongar situaciones de impotencia y de irresponsabilidad, y a largo plazo, a reproducir las condiciones sociales que crean el suelo fértil para muchas violencias y frustraciones. La segunda manera de pensar lleva, en lo inmediato, a conocer y poder ensayar otras maneras más libres, igualitarias y responsables de vincularnos con las personas, y a largo plazo, en pensar un proyecto colectivo de transformación de las relaciones sociales.

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