Por “budismo de clase media” me refiero a una modernización de la ideología dominante usando referencias budistas y de la cultura oriental. A esta ideología se la puede encontrar en el género literario de “autoayuda”, en frases de políticos y famosos, y en las redes sociales. Esta ideología tiene un efecto muy fuerte en los sectores populares conocidos como “clase media”.

Reemplazar la clásica “voluntad de Dios” por el Karma no solo parece más sofisticado y pluricultural, sino que es coherente con una sociedad cada vez más individualista.

En algunas religiones abrahámicas la idea de predestinación es más fuerte que otras, pero está presente en todas. La nueva ideología prescinde de ella, dando más lugar a la acción del individuo. Recuperando el grueso de la teoría de la elección racional -que ya estaba presente en la ideología clásica de la burguesía occidental- con un poco de misticismo oriental, se perfeccionó la defensa ideológica del actual sistema social argumentándole al individuo que sus condiciones de vida son resultado exclusivo de sus decisiones. Con el bonus que, si no fueron decisiones de esta vida, fueron las de vidas pasadas.

Para entrar al Paraíso abrahámico es necesario someterse a la voluntad de un monarca celestial. Para alcanzar la “Iluminación” New Age el individuo debe pasar por varias reencarnaciones donde va experimentando y aprendiendo lo necesario para alcanzar ese estado de dicha y lucidez perpetua, de unidad consciente con el universo. De esta manera, la Iluminación aparece como un proyecto basado en la autonomía personal, donde no hay que complacer a ninguna autoridad y se hace énfasis en tomar las riendas uno mismo. Calzó perfecto con la necesidad de neutralizar la crítica a las jerarquías en la sociedad de posguerra, cuando se demostró las graves limitaciones que tiene la defensa autoritaria de las mismas. Se aprendió la lección: había que permitir la crítica a las jerarquías y la reivindicación de autonomía individual. Pero había que alentar que las críticas y los reclamos se restringieran a dimensiones individuales de la vida que no afectaran a las jerarquías vitales para el funcionamiento del sistema social.

El proyecto de la Iluminación promueve el desapego. El desapego es incompatible con el consumismo y los proyectos de vida con eje en el tener, pero es perfectamente compatible con la ausencia de compromiso social y político. De esta manera, posiciones tibias o neutrales ante la injusticia y la opresión pueden ser glorificadas como “iluminadas”. El desapego respecto a la historia de la sociedad en que se vive también funciona para el sistema, que encuentra conveniente la idea de un presente perpetuo, donde las cosas “siempre fueron así y nunca van a cambiar”.

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La filosofía anti-control del “dejar fluir” le viene bárbaro a quienes saben que es la acción y la fuerza las que cambian las circunstancias sociales y quieren seguir controlando nuestras vidas. El argumento sensato de que los humanos no controlamos ni necesitamos controlar todo (ni como individuos ni como especie) se utilizó como palanca para justificar la renuncia a todo control, incluso el que nos corresponde como ciudadanos y como pueblos sobre aquello que nos afecta en el universo social y político.

Sobre el sufrimiento, esta ideología tiene una dialéctica entre reivindicarlo como escuela de sabiduría y la necesidad de desidentificarse del mismo. Todo lo que te pasa, inclusive lo malo, “es por una razón”. Toda la gente que “el Universo te pone en tu camino” tiene un propósito para tu desarrollo personal. Hasta ahí un reciclaje del cristianismo, que atribuía al monarca celestial la concepción y ejecución de un plan maestro para la creación y un destino particular para cada una de sus criaturas.

Un requerimiento central para alcanzar la iluminación es desidentificarse con este mundo material y transitorio e identificarse con lo espiritual y trascendente. Los pensamientos le pertenecen a la mente; los sentimientos, sensaciones y emociones le pertenecen al cuerpo. Tu verdadero Yo está más allá de tu cuerpo y tu mente. La solución no es eliminar o reducir el sufrimiento materialmente y mediante la acción, como proyecto colectivo de cambiar el mundo en el que vivimos. La solución es que cada uno se abstraiga del sufrimiento así como debe abstraerse del placer. La meditación se pone al servicio no de la acción, sino de alcanzar un estadio contemplativo que puede ver los pensamientos y las emociones como proyecciones en una pantalla. Hay que vivir desde allí, pues ese es tu verdadero yo trascendente y eterno. Ser un espectador y no un actor. Una vez más, el sistema y el 1% en el poder lo agradecen.

¿Si soy un asesino serial debo aceptarme en todo momento?

Otros lugares comunes de esta ideología son el discurso de la aceptación, la tolerancia y una reacción negativa ante todo lo que “divida”. En principio estas parecen facetas bastante inofensivas y uno puede imaginar muchas situaciones en las que pueden aplicarse para el bien, por ejemplo para contestar actos de discriminación o discursos de odio al que es diferente. Pero en su versión más extremista, significa negarse a reconocer que hay cosas que, por el bien común y el de las mayorías, no pueden ni deben ser aceptadas o toleradas, y hasta deben ser combatidas y eliminadas (por ejemplo, el nazismo). También significa negarse a reconocer divisiones que existen por razones fundadas (por ejemplo, entre opresores y oprimidos). El fundamentalismo anti-violencia, que para darse autoridad en discusiones políticas cita versiones edulcoradas de Martin Luther King y de Ghandi, al condenar con la misma intensidad la violencia de la víctima y la del agresor, la del fuerte y la del débil, la del opresor y el oprimido, en los hechos termina apoyando la violencia del más fuerte, del agresor, del opresor.

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Toda esta ideología tiene versiones más “subversivas”, como puede verse en la película The Matrix. Se critica a un sistema de dominación pero se pone como condición de emancipación la adquisición de capacidades extraordinarias que, por supuesto, solamente unos pocos pueden manejar. Las masas son vistas como mayorías “dormidas”, agentes pasivos del sistema y potenciales amenazas para los individuos “liberados”. El reciclaje de la liberación humana apocalíptica vía Mesías era poco original, ¿pero qué otra salida le queda a los guionistas cuando excluyen a los procesos colectivos de autoorganización, solidaridad y lucha?

“Todo empieza por uno”, dice el budismo de clase media. Así que primero hay que liberarse uno individualmente y luego hacer algo por la libertad de los demás, creando un etapismo absurdo basado en la ilusión de la libertad como una propiedad del individuo. El cambio social se entiende como una sumatoria de millones de cambios individuales, y no como un cambio de las relaciones sociales. La dimensión socio-histórica y las instituciones no son tenidas en cuenta, pues lo único que importarían son las personas.

Esta ideología también tiene autores lo suficientemente hábiles como para explorar, en el mundo intelectual, qué elementos pueden servir para hacerla más sofisticada. Un caso típico es el hindú Deepak Chopra, que ha incorporado en sus libros una interpretación conveniente de la física cuántica con el propósito de guiar al lector a la conclusión de que la ciencia moderna finalmente está alcanzando conclusiones largamente anticipadas por la filosofía oriental. El desafío de las nociones materialistas y mecanicistas por la física cuántica es aprovechado para argumentar en términos “científicos” la presencia de un mundo inmaterial y trascendente que sería más real que el mundo que percibimos sensorialmente. Habría una “conciencia” en cada átomo, un “propósito” del universo… En fin, se toma de lo que dicen los científicos lo justo y necesario para legitimar una ideología misticista. Como han hecho en el video What the bleep do we know.

Ni lentas ni perezosas, las editoriales han creado un nuevo género literario conocido como autoayuda, donde una diversidad de autores hacen propaganda a nivel masivo de su propia versión de la ideología que estamos analizando. El propósito explícito de la autoayuda es proveer herramientas a los individuos (de cierto poder adquisitivo) para mejorar sus vidas. Esto coincide con la ideología burguesa clásica del self-made man, donde el individuo logra sus progresos en la estructura social por mérito de su propio esfuerzo y sacrificio. El ser ayudado es humillante para una clase media que concibe la solidaridad como caridad, así que auto-ayudarse es menos chocante para el ego. El público lector de autoayuda, que suele considerarse más sofisticado que los evangelistas con su “pare de sufrir”, está librado a sus propias capacidades de interpretación y aplicación de las ideas de los gurúes, a apoyarse en el voluntarismo y la meritocracia, y a vivir sus fracasos amargamente como resultados de su debilidad o falta de iluminación. Enriquecer al pastor con el diezmo no es tan diferente de enriquecer al gurú con la compra de sus libros o videos o con la visita a su ashram. Pero al menos las iglesias evangelistas ofrecen a sus fieles la integración a una comunidad que cuenta con redes de apoyo para enfrentar las dificultades de la vida. El lector de autoayuda, en cambio, está por su cuenta. Y alrededor suyo solo encuentra competencia.

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Este no es un texto anti-budista. Tampoco es un texto pro-materialismo ni anti-espiritualidad. Estoy promoviendo una mirada crítica a los frases e ideas que suenan “espirituales” e “iluminadas” y en realidad legitiman el orden social existente o proponen falsas maneras de cambiarlo.

  • Si una forma de espiritualidad es indiferente a la existencia de la explotación y/o a si vivimos en una democracia o en un régimen totalitario, es para desconfiar.
  • Si una idea está afirmada como principio universal, hay que imaginar todas las aplicaciones posibles y no solo la primera que se conoce.
  • Si se promueve que la población explotada y oprimida acepte su destino o renuncie a cambiarlo mediante la fuerza, obviamente se benefician quienes la explotan y oprimen.
  • Si se promueve una liberación solamente individual, entonces es compatible con descuidar la comunidad, que al fin y al cabo es el nido de cada individuo.
  • Cuando te responsabilizas totalmente de todas tus circunstancias, la gente que tiene el poder para determinarlas sin consultarte (por ejemplo, a través de una política económica) queda impune.

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