Las palabras y la acción Por Eduardo Macchiavelli
Eduardo Macchiavelli
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Sí, a nivel de las ciudades es bueno promover la gestión integral de los residuos, los techos verdes, la tecnología LED, la energía solar, los estándares térmicos en la construcción…

Pero el mayor impacto de nuestro país en el cambio climático viene de dos fuentes principales: nuestro modelo agropecuario y de uso del suelo y nuestra matriz energética (casi el 70% basada en hidrocarburos).

Mientras continúe el modelo extractivista a nivel nacional y sigamos desmontando para monocultivo, ganadería o urbanizaciones no planificadas, nuestras contribuciones al cambio climático serán negativas. Porque los bosques son no solo mayores absorbentes de CO2 que los campos de agricultura o ganadería, sino que además absorben mucha más agua de lluvia y mitigan las inundaciones. Necesitamos un modelo agropecuario ecológico (se puede, hay iniciativas de agroecología desde el mismo INTA) y orientado principalmente al mercado interno. Necesitamos un agresivo plan de restauración de los bosques con especies autóctonas. Necesitamos incentivos a dueños de campo para que les convenga preservar el monte más que desmontarlo.

Necesitamos que la matriz energética se base lo más posible en las energías renovables y que sean las basadas en las hidrocarburos (actualmente el 70% de la matriz) las que pasen a ser las “alternativas”. Este gobierno empezó a invertir en parques solares y eólicos, pero sigue invirtiendo también en termoeléctrica y en fracking, y esto va en contra de la promesa de contribución e incluso del objetivo de alcanzar el 20% de renovables en el 2020.

Lo que hagamos en las próximas décadas es crucial para nuestro futuro. Necesitamos dirigentes más ocupados en la supervivencia de la humanidad que en los negocios y en las próximas elecciones.

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