Basta de versos tristes

Mi amigo tiene una casa

con muros invisibles, como prisión de peces,

con todas las ventanas abiertas,

una gran cacerola para cocer “jamim”

y una sola puerta cerrada.

Pero mi amigo no quiere saber nada de versos tristes.

Nada de jardineros resfriados que cultivan rosas,

ni de zapateros descalzos,

y nada de niñas con el corazón astillado.

la verdad, es que prefiere

descender por la chimenea del mundo

para despertar a las crisálidas dormidas.

Interesarse por la salud de las mariposas,

o increpar con duras palabras a los gatos negros

que sin duda lo merecen, cuando cruzan impertinentes

de este a oeste, por las veredas y los prados.

Mi amigo prefiere marchar cabizbajo

en la procesión de las hormigas

y no perdonará al cielo, que hace como si nadie lo mira

cuando mancha el azul con las estrellas.

La casa de mi amigo tiene ventanas como ojos,

para mirar hacia adentro , o para mirar hacia afuera,

pero de versos tristes,

no quiere saber nada

jamim: guiso que se deja cocinar a fuego lento durante la tarde del viernes para no encender fuego el sábado

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