Fatal alimento para elefantes

Hace unos pocos años, cómo dicen los abuelos, trabajé para una editorial que preparaba un diccionario etimológico de palabras con raíces semíticas que supongo debe ser muy interesante y que me ocupó la mayor parte de un año y medio de mi vida. Para escribir y consultar sin molestias, alquilé una habitación y baño en una de esas casas de estilo “Bauhaus” levantino, que aún abundan en el viejo Tel Aviv. El dormitorio, que era tambien mi oficina, en un tercer piso se asomaba sobre una calleja tranquila, con vecinos de cabezas grises, muy ocupados con sus achaques , muy populares entre los gatos vagabundos del vecindario y felizmente poco interesados en las etimologías antiguas. Yo me dedicaba a rastrear , a hurgar en las raíces de palabras en lenguas derivados del latin y tambien sajonas, los orígenes e influencias de vocablos y fonemas del hebreo, del griego, árabe y sánscrito. Trabajo minucioso y agotador para lo que contaba con la ayuda de una buena computadora , docenas de diccionarios y multitud de revistas de diversas insttuciones universitarias americanas y europeas que cubrán todo lugar

Muy poco salía de la habitación durante todo el día . Solamente cada dos o tres horas me concedía un respiro para tomar café y estirar las piernas. Un par de veces diarias bajaba hasta el bulevar donde se solazaban los perros del vecindario, compraba algunos alimentos y retornaba a la rutina de mi escritorio sin prestar mucha atención al mundo que me rodeaba ni a la casa vecina, más vieja aün de la que yo vivía , sin ningun rasgo que la hiciera atrayente. Los dos edificios estaban separados por un angosto sendero, sobre el que pendían ropas hümedas a la moda mediterránea. Sobre este sendero, ambas casas mostraban ventanas estrechas y alargadas, siempre sobre los dormitorios, que permitían solamente la entrada de luz pues se abrían a una altura de casi dos metros. Era una de las libertades que se tomaron los arquitectos “iekes” locales (así llamaban a los judíos alemanes que arribaron escapados de las persecuciones durante los años treinta y que nunca dejaban de vestir su chaqueta ,”’jacket” ,aün en los más tórridos días del ardiente verano de Tierra Santa ) . Estas ventanas no figuraban en los principios del famoso arquitecto Groppius, fundador de la escuela “Bauhaus” , que su principal exponent es parte de la ciudad de Tel Aviv, pero no tuvieron más remedio que aceptar los hechos, forzados por el sol inclemente, y no creo que alguien protestara. Esta ciudad es hasta hoy el major ejemplo en existencia de este estilo que nace despues de la primera guerra mundial.

Un día, trepé a una silla para cubrir la ventana con una cortina. Era un pretexto que me concedía a mi mismo cuando estaba fatigado, o no sabía qué escribir. Había llegado a la letra “N” y en la proxima entrada aparecía la palabra “naranja”. La búsqueda de etimologías y la fuerte luz diurna formaban un lago sobre mis diccionarios y una laguna en mi mente.

Al principio , la pared de enfrente y su ventanuco no me interesaron en lo más mínimo . Para colgar la cortina tuve que subir sobre un banco más alto, y entonces,, inesperadamente, la vi. En el segundo piso de la casa vecina, una mujer desconocida, se devestía lentamente. Desde mi puesto de observación podia ver casi todo su cuerpo, pero no su rostro. Solamente un mechón de cabellos castaños y los senos resaltaban en la luz del mediodía. Elegía un vestido seguramente de pié frente a un espejo, invisible desde mi lugar. Sentí vergüenza por invadir su intimidad, pero la curiosidad fué más fuerte y me acerqué nuevamente a la ventana .La desconocida estaba completamente desnuda y ungía su cuerpo con alguna crema o perfume de los que yo intuía sus efluvios y parecía exaninarse con atención sin saber que un oculto polizonte la acompañaba en sus pesquisas. De a poco fuí descubriendo todos sus secretos.. Llegué a conocer cada centímetro de su piel , cada curva de sus caderas, el vello de su pubis, sus nalgas redondas, todo, menos su rostro. Parecía vacilar en decider que ropas debía vestir . Yo, mentalmente la aconsejaba y ella parecía tomar en cuenta mi opinion. Desde ese dia en Adelante mi trabajo empeoró aún má s. La mayor parte del tiempo me dirigía a la ventana esperando su llegada o a esperar que se encendiera la luz de su cuarto. Luego me acomodaba y durante horas seguía cada movimiento suyo, debo admitir, con fruición. Pero una parte de ella seguía en el misterio, y el misterio me atormentaba. Imaginé todos los rostros conocidos y los que veía en fotografías. Mis pesquisas sobre las raíces de las lenguas latinas se habían detenido en el término “naranja” y no conseguía adelantar ni un paso. Decidí que debía dar fin a la situación, pues el que no trabaja, no va al mercado y mi sustento dependía de las condenadas etimologías. Cuando la mujer estaba en su casa, yo estaba en la ventana. Cuando salía , yo me consumía esperando.

Hasta que un día, puse especial atención en el vestido que lucía cuando se preparaba para salir. Un vestido azul y sandalias negras. Salté de mi banco y salí corriendo. Baj€ los escalones de tres en tres y casi me estrellé frontalmente con una vecina que protegió su gato de muerte violenta entre sus brazos antes de que yo lo aplastara. Llegué a la calle y busqu€ en todas direcciones, pero no veía ni trazos del vestido y de su cuerpo bien torneado. Corrí hasta el parador del autobus, y de pronto, increíble, allí estaba. Vestida de azul y sandalias negras, de cabello castaño ojos verdes. mirada triste,y un rostro más hermoso de todos los que hasta entonces había imaginado. Yo la miraba, y no sabía que decir. Cómo explicar que la conocía intimamente, hastra el ultimo secreto de su cuerpo. No hay muchas palabras adecuadas para una situación cómo esta. Pronto llegó el autobus , y un instante después, mi sueño, que se había hecho realidad durante un instante, desapareció sin que ella supiera de mi existencia.

De esto hacen muchos años, cómo dicen los viejos. Ah! me olvidaba. Seguramente van a querer saber cómo terminó esta historia. Bueno, no se preocupen, ya sé el origen de la palabras “naranja” . Significa “Fatal alimento para elefantes”.Se trata de una expression en sánscrito: “naga ranga” Y sobre el origen del nombre “elefante” les contaré una antigua leyenda en la próxima historia . Les enviar€, si quieren, una fotografía familiar , con mi bella hija de cabellos castaños y ojos verdes..

SAVADAN

.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Dan Laor’s story.