14 nuevas “torturas” en 22 párrafos

Antes que nada, quiero agradecerle a Fernando Adolfo Iglesias por haberse tomado el tiempo de responder mi nota “La tortura del dato crea un nuevo relato”. Veamos qué respondió Iglesias, y por qué vuelve a caer en una nueva ola de “torturas de datos”, tergiversaciones, incomprensiones de texto y severos errores conceptuales y técnicos. Al igual que en la primera nota, pongo acá un cuadro resumen con las 14 “torturas” que vertió en 22 párrafos de respuesta. La argumentación posterior se encuentra más abajo (llevará, nuevamente, unos 10/15 minutos de lectura, aunque buena parte del texto son fragmentos de la respuesta de Iglesias).

Dice Iglesias:

Mi primera objeción es de manual: al mismo tiempo que reconoce que los datos que utilizo en mi nota son veraces y confiables, Schteingart sostiene que los “torturo”. La expresión me llenó de curiosidad sobre qué términos habría usado el propio Schteingart para criticar al INDEK que decía que la inflación era de un dígito, se comía con seis pesos y la pobreza era menor que en Alemania. Consultado, Schteingart se defendió copiándome el link de una página en la que definía a los datos del INDEK de Moreno como “poco creíbles”. He allí el perionismo en toda su extensión. Mis datos son ciertos y verificables, pero yo los TORTURO; los de Guillermo Moreno, en cambio, son POCO CREÍBLES. La vara de Suiza con mi artículo. La de Uganda, para un ente oficial que durante diez años fue parte de una estafa monumental a cuarenta millones de argentinos.

Vamos por partes. La expresión “tortura de datos” no la inventé yo, y es ampliamente utilizada en economía y estadística. En efecto, la expresión corresponde al Nobel de Economía Ronald Coase, para referirse a la interpretación forzada de un dato para “hacerlo que confiese” lo que el autor quiere que confiese (ver aquí). Eso hace Iglesias, tanto en su artículo original (“Cuando el dato mata el relato”) como, todavía mucho más burdamente, en su respuesta a mi crítica. El INDEK truchaba los datos (directamente creaba datos que eran cualquier cosa, particularmente en inflación, pobreza y PBI); Iglesias (sujeto) toma datos creíbles (objeto) y los “hace decir” lo que él quiere que digan. Por eso los tortura una y otra vez.

En el párrafo citado anteriormente tenemos una prueba de ello. Tuve varias formas de referirme a los desastrosos datos del INDEK. Iglesias me preguntó dónde había dicho que esos datos eran “truchos”. Le mostré un tuit mío del 14/11/2016, justamente, de un intercambio tuitero con él mismo, en el que él me acusaba de tomar datos truchos (estábamos discutiendo sobre si Argentina 2015 estaba similar a la de mediados de 2001, como él afirmaba) y mi respuesta fue “Truchos? Qué loco. No tomé nada del INDEC K. Tomé INDEC pre K e INDEC 2016”, ver acá. Tortura nº1.

En el mismo párrafo de Iglesias tenemos la tortura nº2. Además de haberle pasado ese tuit, le pasé otro (ver acá), en el que decía, refiriéndome a la calidad de los datos de distintas fuentes de información, que el INDEC K era “no creíble”. Iglesias parafrasea mal y manipula: reemplaza el “no” por el “poco”. [No sólo me referí a los datos del INDEK como “truchos” o “no creíbles”. También los llamé “desastre” (acá), por poner un ejemplo más entre otros].

Sigamos. Dice Iglesias:

Schteingart dice acordar conmigo en que tenemos “un INDEC medianamente confiable”. Primera distorsión. Para mí el INDEC es hoy plenamente confiable, y si Schteingart no está de acuerdo debe decirlo por sí solo y con su propia voz, explicando por qué no confía del todo. Acaso, denunciando penalmente si cree que existe algún delito, como hicimos quienes nos enfrentamos al kirchnerismo en el pico de su poder mientras él publicaba articulitos justificadores en Pagina12. Nótese, además, los calificativos empleados por el perionismo: el INDEC de Todesca, “medianamente confiable”, no está muy lejos para Schteingart del INDEK de Moreno, que era “poco creíble”. “Hay (legítimas) dudas sobre la confiabilidad de los datos de 2015”, “Opto por no poner las manos en el fuego por ellos”, agrega Schteingart. El Partido del Sé ‘gual en acción. La Biblia junto al calefón. Horrible.

Nuevo set de torturas de información por parte de Iglesias: primero, a Iglesias le conté que, aún con el kirchnerismo en el gobierno, escribí con dos colegas dos papers académicos (que nos llevaron meses de trabajo) tratando de reestimar datos del INDEK que hasta entonces nadie había hecho: precios mayoristas en la industria, y PBI industrial (acá y acá). Iglesias, en su respuesta, omitió ello (tortura nº3). Luego, sugerir que yo pienso que el INDEC actual “no está muy lejos del INDEK de Moreno” es una barbaridad por parte de Iglesias. En el mismo tuit que Iglesias usa para descalificarme me refiero al INDEC actual como “creíble” y al INDEK como “no creíble” (aunque para Iglesias “no” sea sinónimo de “poco”, vaya a saber qué diccionario consultó) (tortura nº4). Si me refiero a “medianamente” en lugar de “plenamente” es porque el INDEC actual puede ser todavía más mejorable, por ejemplo, mostrando estadísticas más desagregadas de precios y PBI, que permitan una transparencia mayor de los datos, por ejemplo, sabiendo exactamente cuánto pondera hoy la luz en el IPC (imposible de saber pues los ponderadores del IPC están fijados a diciembre de 2015 y el primer dato del IPC es de abril de 2016) y cuánto fue exactamente el aumento que calculó el INDEC de tarifas (que solo aparece genéricamente como “servicios básicos y combustibles de la vivienda”, categoría que además incluye a agua y gas, a diferencia del IPC-CABA o IPC-Córdoba, donde hay mayor desagregación de datos) (lo escribí en una columna publicada en BAE el 20/3/2017). De todos modos, cualquier persona que me siga en Twitter puede dar fe de que siempre consideré al INDEC actual como infinitamente mejor al INDEK (incluso, me han dicho que “opero para el macrismo” por defender al INDEC actual). Tortura nº5 de Iglesias: las “legítimas dudas” sobre la confiabilidad de los datos de 2015 refieren EXPRESAMENTE a las cifras de DESOCUPACIÓN, no sobre las de PBI, pobreza y precios, en donde la manipulación fue CLARAMENTE EVIDENTE (también reafirmado en este mismo tuit que le pasé a Iglesias). (Nota: durante los años K escribí “articulitos” en Página/12, pero también en Clarín, Perfil, El Economista o BAE). Sigamos.

Dice Iglesias:

Schteingart arranca su largo párrafo sobre desocupación sosteniendo que decir que el índice de desempleo bajó entre el segundo y el cuarto trimestre “No es correcto porque no considera cuestiones estacionales”. Para solucionar el problema, causado por la asuencia del dato de diciembre de 2015, y en apoyo a su afirmación de que la desocupación aumentó, Schteingart toma como parámetro… ¡las estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires!, un distrito que reúne menos del 10% de la población nacional y en el que, como todos sabemos, los problemas de inflación y retracción de la demanda han sido más graves que en el interior debido al aumento de tarifas, entre otros factores. ¿Qué distorsiona más un dato, doctor Schteingart, el factor estacional o el considerar la situación de 1/14 parte de la población, la más rica del país, como representativa del conjunto?

Primero, Iglesias dice que la desocupación bajó en 2016. Ello significa que hay que comparar sí o sí contra 2015. Le mostré datos del INDEK sobre desocupación; como considero que esos datos de desocupación tienen válidas dudas, también le mostré una fuente alternativa que es CABA. Y lo que él dice respecto a que CABA sufrió más que el resto del país es refutado por los datos oficiales: en 2016, la caída del empleo formal privado fue del 0,7% en el conjunto del país, y del 0,3% en CABA, según las “Estadísticas de Registros Laborales” del INDEC actual (ver gráfico a continuación).

Aún más, según el Indicador Sintético de Actividad de las Provincias (ISAP) del consultor Federico Muñoz (basado en ocho indicadores de actividad, como Nivel de Empleo, Salario Promedio, Recaudación del IVA, Ventas de Supermercados, Despachos de Combustibles, Despachos de Cemento, Transferencias del Tesoro Nacional y Patentamientos de Autos) muestra que CABA fue el cuarto distrito menos afectado por la recesión de 2016 (ver gráfico). Ergo ese “como todos sabemos” (¡Iglesias no pone una sola prueba!) es pura fruta. Tortura nº6.

Luego, dice Iglesias:

Pero veamos la “distorsión estacional” de la que se lamenta Schteingart. No tenemos datos de 2015 porque el INDEK era el caos que era (motivo por el cual me fue imposible hacer una comparación interanual perfecta como la que Schteingart me reclama), pero sí los hay entre el segundo y el cuarto trimestre de los dos gobiernos de Cristina, y estos oscilan entre una disminución máxima de 0.8 puntos en 2013 y una mínima de 0.3 puntos en 2012. ¿Por qué el “preciso” Schteingart considera entonces poco significativa la reducción de 1.7 puntos porcentuales ocurrida en 2016, que duplica, triplica, cuadruplica, quintuplica y hasta sextuplica las disminuciones ocurridas durante el cristinismo durante los mismos períodos estacionales? Se trata de un misterio perionista que probablemente nos aclarará algún día Ernesto Tenembaum, ese amante de la precisión schteingartiana.

Parece que Iglesias no entendió (o no quiso entender) lo que yo escribí. Yo mismo dije en mi nota que en el segundo semestre de 2016 hubo cierta reactivación y generación de puestos de empleo (incluso hablé de baja de la pobreza en el cuarto trimestre), lo cual no quita que para comparar entre trimestres haya que ser muy consciente del factor estacional (o, en su defecto, usar una medición desestacionalizada). Lo que no está mal, sino PÉSIMO es decir que la desocupación bajó en 2016 PARTIENDO del segundo trimestre (a menos que en el fernandoiglesismo los años arranquen en abril y no en enero). Por otro lado, que Iglesias diga que “duplica, triplica, cuadruplica, quintuplica y hasta sextuplica las disminuciones” muestra un profundo desconocimiento (y nueva tortura) de cómo interpretar una estadística. Ese dato hay que analizarlo sólo en puntos porcentuales, no en variación porcentual (del mismo modo que sería ridículo decir que, si para el IPC-CABA la inflación fue del 0,01% mensual y para el INDEC del 0,03%, para el INDEC la inflación fue el TRIPLE que la del IPC-CABA).Tortura nº7. Sigamos.

“Schteingart desmiente el aumento de 81.000 puestos de trabajo registrados en 2016 (un 0.7% de aumento interanual) señalado en mis artículos. Sostiene, por el contrario, que hubo una disminución de 0.7% interanual sin aclarar de qué fuente proviene ese dato, y realiza después una serie de consideraciones muy interesantes acerca de la calidad de los empleos creados”.

A pesar de que en un tuit Iglesias me mande a estudiar lectocomprensión a las Academias Pitman (ver acá), lo que su respuesta confirma es, nuevamente, que leyó apurado (o no comprendió o lisa y llanamente “torturó”) mi escrito. Mi párrafo decía esto textual: “hay que tomar con pinzas los datos que usa Iglesias para hablar de +81.000 empleos registrados. Primero, debemos comparar contra noviembre de 2015, no contra diciembre (ya que Mauricio Macri asumió el 10 de diciembre, esto es, fue presidente dos tercios del mes). En el sector asalariado formal privado en enero de 2017 hubo 55.000 asalariados formales privados menos que en noviembre de 2015, según el Ministerio de Trabajo (es cierto que hay recuperación desde mediados de 2016, pero todavía no se compensó ni de cerca la pérdida del primer semestre). Aún más, la caída del empleo formal privado de 2016 (-0,7%) es la más profunda desde 2009 y la segunda más alta desde 2002; en 9 de 24 provincias, la caída del empleo formal privado es la peor desde 2002, todo según datos del Ministerio de Trabajo (el interesado puede ver el análisis completo acá)”. La destrucción del 0,7% refiere EXPRESAMENTE al EMPLEO ASALARIADO FORMAL PRIVADO (el que el macrismo usaba como caballito de batalla en la campaña electoral para decir que en “Argentina hace cuatro años que no se crea empleo”) y la fuente de información está puesta DOS veces en el mismo párrafo. Tortura nº8.

Luego, dice Iglesias:

Por mi parte, reconozco que ignoraba el cambio en la metodología de medición de la tasa de empleo en la EPH, pero los datos que cita Schteingart en su propia armonización (41.7% y 42.3% de argentinos empleados en 2015 contra 41.7% y 42.1% en 2016) confirman la afirmación central de mis artículos: la epidemia masiva de desempleo provocada por los CEOs es una invención nac&pop cubierta desde la retaguardia por sus habituales justificadores. Sin llegar a sostener que la “recalibración” de la EPH efectuada por Schteingart sea falsa pero temiendo que tenga la misma “precisión” que sus demás observaciones, agrego que si por un lado el corrimiento de la EPH hacia una población de mayor edad implica una mejora de los índices de empleo y pobreza, el corrimiento geográfico de la EPH hacia la provincia de Buenos Aires y la Capital, los dos distritos menos beneficiados por la recuperación del dinamismo del sector agropecuario y los más afectados por la suba de tarifas tiene, precisamente, el efecto contrario.

Esta frase se desmonta sola. Primero, como mostramos anteriormente, ni CABA ni la provincia de Buenos Aires fueron los sectores más afectados en caída del empleo formal privado en 2016, como dice el INDEC, ni en actividad económica en general, como dice el ISAP. Segundo, ¡efectivamente está bien tener en cuenta el corrimiento hacia más Gran Buenos Aires, para así comparar peras con peras! Nueva tortura de Iglesias (¿la novena, no?) y nueva incomprensión de texto. Sigamos.

Dice Iglesias, ahora vinculado a lo que dije acerca de la pobreza:

“En cuanto a la pobreza, Schteingart insiste en su estrategia: negar la validez de datos oficiales al mismo tiempo que no denuncia su falsedad ni periodística ni judicialmente y recurre en su reemplazo a datos de la Capital Federal, un distrito rico, minoritario y de características muy particulares respecto del resto del país”.

Tortura nº10: sí dije en el ámbito periodístico que los datos de pobreza del INDEK eran truchos (ver esta nota del DiarioBAE de octubre de 2016). Además, Iglesias omite mencionar que, como detallé en mi crítica original, con los economistas Zack y Favata hicimos una simulación de la pobreza en el segundo semestre de 2015 a partir de todos los datos oficiales (actuales y creíbles) de empleo e ingresos, y que se puede consultar en detalle la metodología aquí. Tal estimación nos arrojó un 27,7% de pobres en el segundo semestre de 2015. Y lo que hice fue, para quienes no creyeran en nuestra estimación, mostrar datos de poder adquisitivo del 40% más pobre de CABA que, como mostré unos párrafos más arriba, fue uno de los distritos MENOS afectados por la recesión de 2016 (dato de color: según INDEC actual, los salarios netos del sector privado formal subieron nominal 34,7% en CABA en 2016, cuando en el promedio del país lo hicieron en 33,7%). Sigamos.

Dice Iglesias:

Es, además, completamente falsa su afirmación de que el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales de la Universidad de La Plata no haya recalibrado la EPH de 2015 y 2016 en la variable pobreza. Es exactamente lo que han hecho en su informe ( https://t.co/8Q9RdyP6dk ) del que han extraído el gráfico que reproduzco aquí abajo y sacado las conclusiones que he citado en mis artículos: 1) En el período 2006–2015 la reducción de la pobreza en Argentina fue menor que para el promedio regional; 2) Como titula Agustín Szafranco en su artículo de El Cronista ( https://goo.gl/KKhFCg ) “En el primer año de Macri la pobreza fue menor que al final del kirchnerismo”.

Iglesias no entiende de qué recalibración habla. Lo que hizo el CEDLAS fue armonizar la canasta nueva del INDEC (de 2016) con la canasta vieja del INDEC (usada desde principios de los ’90). La canasta nueva del INDEC (lo reconoce el propio organismo en su documento metodológico sobre la pobreza, aquí) es 35% más cara que la vieja, porque es más grande. Por ejemplo, la canasta vieja tenía 45 kgs de comida y la actual 50, por mencionar uno entre tantos cambios. Lo que el CEDLAS también hace (y yo mismo lo he hecho en diversos posts y tuits) es comparar la pobreza en distintos países de la región, a igualdad de vara. Lo que el informe del CEDLAS (y yo mismo lo he repetido decenas de veces) bien muestra es que la mala performance de Argentina se dio a partir de 2011, y no necesariamente entre 2006–11 (cuando de hecho el país bajó más la pobreza que Chile según el propio CEDLAS en ese sexenio). Ahora bien, la recalibración de la que hablo yo en mi post original tiene que ver con el cambio de muestra que hace la EPH en 2013–2015 y, luego, nuevamente, en 2016. Esa recalibración no fue hecha por el CEDLAS, y lo admiten los autores del informe en este artículo en su nota al pie nº1. Tortura nº 11. Luego, respecto a lo que dice Szafranco, lo cuestioné exhaustiva y fundadamente en mi crítica original a Iglesias (necesitamos comparar contra segundo semestre de 2015 y recalibrar la EPH); se ve que Iglesias no lamentablemente no lo comprendió en su totalidad.

Sigamos (¡no se duerman que falta poco!). Dice Iglesias:

Los informes del INDEC ( https://goo.gl/t4AbQT ) desmienten todas las cifras del “preciso” Schteingart, cuyos errores repiten -curiosamente- los de otra agencia informativa de Corea del medio: Chequeado. Los precios de importación no cayeron 10% sino 3.3%; las cantidades importadas no subieron 4% sino 3.7%, y el rubro que más aumentó no fue bienes de consumo sino bienes de capital. Significativamente, la importación de bienes de capital (es decir: destinados a aumentar la producción) es el mejor predictor de la “dinámica productiva” que tanto preocupa a Schteingart, y a pesar de la disminución del 6.9% en el total de las importaciones aumentó un notable 25.9%. No será la lluvia de inversiones esperada pero no está nada mal para un año complicado.

El informe y los datos que cita Iglesias refieren a las importaciones de UN SOLO MES DEL AÑO (DICIEMBRE), que no es parámetro de absolutamente NADA. Si tomáramos los DOCE meses del año, están los datos que yo publiqué en el posteo original, y que también surgen del INDEC (ver aquí, cuadro 5). Tortura nº 12.

Dice Iglesias:

La justificación del aumento de las importaciones durante el kirchnerismo, que según nuestro kirchnerista mal encubierto se debieron al aumento de la actividad económica, lo dice todo sobre nuestro personaje. Es cierto, Schteingart: las importaciones suelen subir con el aumento de la actividad, pero también lo hacen las exportaciones, ya que de lo contrario termina yéndose todo al tacho, como cualquier economista no K comprende. Ahora, por favor, explíquenos doctor con su precisión habitual cómo fue que las importaciones se sextuplicaron durante la década saKeada del gobierno que no quería importar ni un clavo mientras que las exportaciones sólo se duplicaron (de us$13.850.772 millones a us$59.756.708 millones, y de Us$29.938.752 millones a us$56.787.982 millones entre 2002 y 2015, respectivamente). Amante del modelo productivo-industrialista de sustitución de importaciones: lo escuchamos.

Iglesias desconoce algo fundamental de la economía. Las importaciones tienen una correlación estrecha con el ciclo económico interno (demanda interna). La principal variable que explica la dinámica de las exportaciones, por su parte, con el ciclo económico EXTERNO (exportamos cuando nuestros socios comerciales nos demandan más, esto es, cuando crecen más). Hay diversos papers econométricos que muestran que cuando el PBI de Argentina crece 1%, las importaciones (en cantidades) lo hacen en 1,81%, en tanto que las exportaciones (en cantidades) crecen 0,99% por cada 1% que crezcan nuestros socios comerciales (ver ejemplo aquí, cuadros 1 y 2). Lógicamente, la política económica y sectorial local tiene un rol muy importante en promover más exportaciones. Pero desconocer que una variable fundamental de nuestras exportaciones es el ciclo económico externo es un error garrafal (tortura nº13).

Ya estamos llegando al final. Dice Iglesias:

Finalmente, aún si creemos en las recalibraciones de Schteingart y las aplicamos al tema de la balanza comercial, “en 2016 hubiéramos tenido un déficit comercial de 1.492 millones de dólares”, como él mismo sostiene. Es decir: una reducción a la mitad del déficit de us$2.968 millones heredado de Cristina Kirchner. Atribuir esta performance a una mejora del 6.4% en los términos de intercambio es por lo menos absurdo por parte de quienes se burlaban del “viento de cola” que duplicó el valor de nuestras exportaciones entre 2001 y 2012 mientras ellos gritaban “¡Milagro productivo! ¡Milagro!”.

Iglesias aquí recurre en una burda falacia ad hominem. Jamás me burlé del “viento de cola”: ustedes mismos pueden leer aquí mi trabajo “La restricción externa en el largo plazo: 1960–2013” en donde remarco la mejora de los términos del intercambio durante los años K como una clave fundamental de su dinámica macroeconómica. Tortura nº14.

En suma, podría seguir, pero esto ya está largo. Balance: Iglesias metió 14 nuevas “torturas” en 22 párrafos. Más allá del atisbo de seriedad que quiera mostrar a sus números, hay una cosa que es clara: Iglesias es el rey momo del chicanódromo.