Memorias de la India
Memorias fotográficas de un mes en Chennai, India.

Ir a la India te saca de tu zona de confort.
Incluso, desde antes de tomar el vuelo, la gente te dice cosas como: — “¿Y que carajos vas a hacer en la India guey?” —
Y cuando aterrizas y sales del aeropuerto, el tráfico, el bullicio, el “sensory overload”, el calor asfixiante y la entropía de las calles te reciben como una bofetada que te deja atontado durante los primeros días.

Pero, una vez que te recuperas del primer golpe y te das permiso de no juzgar las cosas usando tu conjunto establecido de reglas, es cuando encuentras la belleza de este país.
La clave es no escarbar profundo. No se trata de buscar al tigre de bengala, al elefante, o al encantador de cobras.

La belleza de la India está en lo inesperado. Al voltear detrás de una esquina, o caminar por la calle que no conoces. Al comer algo que no sabes como se llama o hablar con alguien cuyo nombre no puedes pronunciar.
Al dejar de mirar con ojos de mexicano, y tratar, aunque sea durante un segundo, de ver este país como uno más de sus habitantes.


En conclusión, y citando a E.M. Forster:
— “La India no es una promesa, tan sólo un llamado.”
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