Una vez más, ni una menos.

El 3 de Junio se realizó por tercera vez la marca ni una menos en la ciudad de General Roca. Todo comenzó a las 17:15 y se extendió hasta las 18:30. Alrededor de 800 personas participaron de la marcha: muchas lo hicieron en silencio y otras cantaron. Todos estaban allí por la misma razón: exigían principalmente al Estado políticas para que no exista más la violencia machista y que no hayan femicidios.

De la marcha participaron distintos gremios, como ATE y la CTA. También estuvieron presentes las trabajadoras de limpieza de la FADECS-FADEL y el IUPA. Además se vio una gran presencia de agrupaciones feministas como Pan y Rosas, Mala Junta, Codemu (pertenecientes a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales) y la inapropiada colectiva. El PTS, el Nuevo más y la comunidad LGBT también dijeron presente.

La marcha partió desde la Av. Roca y Tucumán hacia la comisaria tercera, allí se detuvo por unos segundos: “yo sabía, yo sabía que a los violadores los cuida la policía”, se escucho al unísono, mientras algunas mujeres rayaban las paredes. Florencia Fernandez, una piba que estaba con un aerosol negro en la mano, miraba detenidamente las paredes del lugar. Sabia que si no escribía allí, lo haría en algún otro espacio de la ciudad. Es su manera de descargar su rabia: “Me parece una forma de protesta zarpada y me gusta hacerlo, no me siento cómoda marchando y solamente estando ahí con un cartel.”

Ella sabe que es una de las medidas de protesta que más se critica y que los medios utilizan para mostrar como “violento” al movimiento feminista, pero no le importa, considera que lo hacen para invisibilizar la cuestión central: “Las paredes son solamente paredes. Si se plantea que esto es el principal problema, algo está mal” afirmó Florencia.

En la comisaria surgió la primera intervención: dos mujeres que parecían estar golpeadas por el maquillaje que tenían se acostaron en el suelo y se cubrieron con bolsas. Esa representación fue una pequeña muestra de lo que sucede todos los días. Vanesa, activista independiente comentó “con estas representaciones lo que buscamos es mostrar que la gente no hace nada, pasan, sacan fotos, nos miran y no hay reacción. Eso pasa en la vida cotidiana y representamos eso mismo. Todos los días matan a una de nosotras y nadie hace nada.”

Luego, la muchedumbre se dirigió a canal 10, donde se realizó también una breve pausa. A metros de allí, sobre las vías del tren, las dos mujeres realizaron nuevamente su intervención, se tiraron al suelo y simularon estar muertas.

La marcha siguió por la calle Italia en dirección a la Catedral. Allí, nuevamente se detuvo. Las dos jóvenes subieron las escalinatas de la Catedral y nuevamente cubrieron sus cuerpos con una bolsa negra. Mientras tanto, integrantes de la agrupación mala junta colgaban una bandera entre las columnas de la catedral con la frase “campaña nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir.”

Segundos después de colocar la bandera, el sacerdote de la catedral salió y sacó de la columna de la iglesia una bolsa de consorcio negra que era parte de la representación. Recibió insultos y gritos de todas las que estaban allí presentes. Él sin decir ni una palabra y mirando al piso, ingresó nuevamente a la iglesia. Las personas que salían de allí miraban sorprendidas todo lo que estaba sucediendo.

En ese mismo momento, otras integrantes de Mala Junta realizaron una intervención. Con un sombrero de bruja en la cabeza, se colocaron en forma circular y cantaron: “Somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar.” Prendieron bengalas de colores y el ambiente se lleno de polvo.

Posteriormente la marcha siguió su recorrido para volver nuevamente al lugar donde comenzó. Allí se leyó un documento escrito en conjunto por todas las agrupaciones que estaban presentes: “El documento lo elaboramos entre todas las agrupaciones que hoy forman parte de esta marcha, a través de reuniones se llegó a un consenso de todos los puntos importantes que había que tratar” explicó María Felisa Railen, una de las organizadoras del evento.

En este documento se dejó en claro que lo principal era declarar emergencia nacional en violencia de género. Pero también se expresó que se necesita más presupuesto para ayudar a las víctimas de esta violencia, que hay que terminar con la precarización laboral de las mujeres y se exigió cárcel para los femicidas, pedófilos y violadores. Otro de los puntos de la marcha fue la liberación de Higui.

Por otro lado, se reclamó la implementación de la educación integral sexual y el aborto seguro, legal y gratuito. Todas estas políticas conllevan a lo mismo, que no haya más mujeres muertas. Aylin Garcia León, integrante de La Campora y de la Inapropiada colectiva resumió en pocas palabras la importancia de la marcha: “Queremos transmitir que la cuestión de los femicidios es la punta del iceberg de una problemática que es mucho más profunda, tiene que ver con la desigualdad propia del patriarcado. La desigualdad laboral, el trato cotidiano en la calle y el poco acceso a los cargos públicos entre otras cosas.”

La marcha estaba plagada de diferencias políticas y personas de distinto sexo y edad, pero todas se unían por la misma causa: gritar al unísono ni una menos. Porque en la primera marcha las estadísticas decían que una mujer moría cada 30 horas y ahora es una cada 18. Porque todos los días mujeres son golpeadas, raptadas, maltratadas, sometidas, violadas, lastimadas y asesinadas. Porque no se puede seguir así, los medios no tienen que invizibilizar el problema, el Estado tiene que actuar.

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