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El software como hecho cultural

A partir de la lectura del libro Software takes command de Lev Manovich –disponible online en formatos Word y PDF– emerge una nueva cuestión: la necesidad de realizar estudios culturales sobre el software.

Esta iniciativa obedece a varias cuestiones, la más relevante, que el software ocupa un espacio cada vez mayor en la vida social.

Y no se trata sólo de las redes sociales –los medios masivos hoy hablan de su auge y Twitter es el fenómeno excluyente estos días– porque eso implica obturar otras funciones de gran relevancia, que merecen mayor atención.

El software permite hacer seguimiento de paquetes físicos, de datos y personas, establecer rutina, construir perfiles de grupos sociales, analizar consumos, elaborar estadísticas permanentes, crear mundos, copiar y editar, crear avatares y nuevas personas que se relacionan con otras en mundos digitales.

Analizadas individualmente, cada una de estas capacidades ofrece un espacio de exploración muy interesante. Por ejemplo, en la creación de avatares en metaversos se establece una continuidad entre los videojuegos, la soledad de las ciudades y la necesidad de narrar la historia propia desde un Yo reconocible por el Otro. Sobre esto habla Paula Sibilia cuando dice que el cuerpo es la nueva utopía.

Fredric Jameson decía que la moda en la Posmodernidad, servía para ofrecer información en forma rápida al Otro, que decodificaba gustos, preferencias e ideología a través de lo que comunica la ropa. Hoy todo eso se amplió hacia nuevos límites en los que el cuerpo propio incluye también a las imágenes autocreadas usando software.

La combinación de esto con otras capacidades como la posibilidad del seguimiento en tiempo real, la disponibilidad de mapas con capas temáticas –entretenimiento, salidas nocturnas, chicos perdidos, etcétera– y la publicación de perfiles online, permite configurar nuevos modelos de aceptación social, sociabilidad y autopromoción, que modifican radicalmente nuestra idea de ser humano tanto desde sus potencialidades como de sus nuevos derechos.

Entonces llega el momento de entender al software como un hecho cultural y avanzar en este nuevo campo de estudios.