Metropolis

La sociedad de las máquinas

Esta película forma parte del ciclo expresionista de Fritz Lang — desde 1918 hasta su exilio de Alemania en 1933. El expresionismo alemán en el cine se caracteriza por el énfasis en la iluminación y edición para transmitir diferentes estados de ánimo. Particularmente, la exaltación de los estados de animo a través de la música se convertirá en una técnica natural en la cinematografía moderna (con grandes exponentes como Alfred Hitchcock o Tim Burton). La otra variante de esta corriente corresponde a la arquitectónica: ángulos agudos y edificios monumentales son característicos. Desde el punto de vista estrictamente cinematográfico Metropolis es un gran ejemplo de esta corriente artística [1].

Recordemos que estamos a punto de ver el nacimiento del Nazismo, ante la ineficacia de la República de Weimar en mantener económicamente estable a Alemania. Los trabajadores eran los más afectados por esta inestabilidad y entonces sentían la necesidad de acercarse a ideas más radicales, es así que oscilaban entre el comunismo y el nacionalsocialismo (una respuesta de la derecha al primero). Ambos aprovechaban los sentimientos anti-capitalistas, anti-negocios, y anti-burguesía. Otros elementos particulares al nazismo eran el antisemitismo y anti-comunismo. Veremos que estos aspectos sociales se reflejan y son un tema relevante en la película.

En la época en la que se filmó esta película existía un gran proteccionismo (debido a la debilidad económica), y sumado a la gran inflación el valor de la moneda se depreciaba. Los trabajadores preferían gastar su dinero en entretenimiento y por esto el auge del cine alemán.


A causa de las raíces propias de Lang (madre judía y padre católico), hay una gran influencia de la mitología judeocristiana en la trama de Metropolis [2]. Esta mitología se usa profusamente para desarrollar el guión. Mas allá de lo obvio — la parábola de Babel, Moloch, y el Apocalipsis — existen muchos paralelos: el Edén representado en el Club de los Hijos; Sodoma, la ciudad de los pecados, en Yoshiwara; la inundación para destruir la metropolis (la humanidad); es Freder, quien encarna al mesias crucificado en el reloj clamando: — “¡Padre, Padre! ¿Es qué diez horas no pasan?” Un reflejo directo del Cristo en la cruz agonizando: — “¡Padre, Padre! ¿Porqué me haz abandonado?”; y María es al mismo tiempo el Profeta Juan Bautista y la Virgen María.

La representación de los Siete Pecados Capitales no puede pasar desapercibida, se ven las estatuas en la catedral, y los nombra — no a todos — el Delgado en el anuncio del Apocalipsis): Avaricia, Gula, Vanidad, Lujuria, Envidia, Ira, e Indolencia.

Sin embargo, puede no ser evidente que los personajes que vemos como malvados, o caóticos, se alinean a estos pecados; los que vemos como héroes se alinean con las virtudes cristianas, o platónicas. La Lujuria, personifica el Deseo (carnal) y tiene como contrapunto la Castidad que reemplaza a la Pureza de Platón. No podemos dudar del amor casto entre Freder y María, versus la lujuria de Yoshiwara representadas por los miembros del Club de los Hijos y la maschinenmensch María. La Moderación, que se contrapone a la Gula (que es la representación del exceso de consumo), es expuesta en la prudencia de María. La Caridad, en su versión mas excelsa corresponde al Sacrificio platónico, es la que mueve a Freder en cambio la Avaricia mueve a Joh. También la Diligencia (Persistencia) que se traslada en su amigo Josaphat, y porque no Grot, frente a la Holgazanería o Apatía. La Ira es uno de los pecados que mueve a la muchedumbre, fanatizados por el Odio, que se contrapone con la Paciencia y el pedido de paz inicial. La Generosidad (Lealtad) de Josaphat, y la Humildad (Coraje) de Freder se contraponen contra la Envidia y el Orgullo general. Esta tensión entre virtudes y pecados se mantiene, con diferentes tonalidades, durante la película hasta la conclusión. En ella el más virtuoso es quien se convierte en el nexo que une ambos extremos.

Central a Metropolis es la ginoide o Maschinenmensch [3]: un ser artificial electro-mecánico. En 1927 la palabra androide (ginoide) no estaba popularizada aún; esta proviene de la raíz griega andro- ἀν-ήρ/-δρός gr. ‘varón’ (gyn[aiko]- γυνή/γυναικός gr. ‘mujer’) y descinencia -eid(és) -ειδ-ής/-ές gr. ‘que tiene el aspecto de’. En oposición a Frankenstein, el maschinenmensch sigue las ordenes de su creador: no se opone a él. Obsesionado con la pérdida de Hel, Rotwang decide que su creación debe destruir al hijo de Joh Fredersen, y para eso a todos los hijos. Aquí no hay creación contra creador, sino un objeto tecnológico usado para destruir. Muchas historias de ciencia-ficción tienen a los robots como instrumentos bélicos empleados contra la humanidad, es por esto que Isaac Asimov con su “Serie de Robots” discute que para evadir los riesgos de la inteligencia artificial se requiere de la programación (en hardware) de una serie de reglas que forman un compás moral para los autómatas, las tres leyes de la robótica:

  1. Un robot no debe herir a un ser humano, o a través de la inacción, permitir que un ser humano sea dañado.
  2. Un robot debe obedecer las ordenes dadas por los seres humanos, excepto aquellas que entren en conflicto con las primera ley.
  3. Un robot debe proteger su existencia siempre y cuando no entre en conflicto con la primera o segunda ley.

Asimov las introduce explícitamente por primera vez en el cuento «Runaround» publicado en Astounding Science Fiction en Marzo de 19423. El cuento se centra en un robot de exploración que se mueve en círculos en un ciclo sin fin debido al conflicto entre la segunda y tercera ley, y sólo la acción de la primera logra romperlo. Las tres leyes son una primera aproximación, muy simple, a un compás moral. En ellas, la vida humana debe preservarse antes que nada. Sin embargo, es fácil explorar escenarios (como lo ha hecho el mismo Asimov) donde este código moral se fuerza al límite [4]. El escenario en Metropolis es simple, y si la maschinenmensch hubiera sido creada bajo las tres leyes de la robótica el núcleo de la historia en Metropolis no se hubiera desarrollado. Es necesario un ser tan amoral como su creador para hacer avanzar la historia. Es así que es instrumental a la destrucción causada por la maschinenmensch el ánimo vengativo de Rotwang. Esta ginoide se convierte en el catalizador de la frustración de los obreros, y desencadenante del caos y destrucción.

Cuando los trabajadores irrumpen en la Máquina-Corazón que provee de energía a toda Metropolis, son brevemente detenidos por Grot:

“Seid Ihr verrückt geworden — ?? Wenn die Herz-Maschine zugrunde geht, versäuft die ganze Arbeiterstadt — !!” (¿Se han vuelto locos? ¡¡Si la Máquina-Corazón muere la ciudad de los trabajadores se inundará completamente!!) [6]

Esta escena contrasta la opinión mayoritaria irracional frente a la opinión experta que la contradice. Este enfrentamiento sucede a diario, y está particularmente magnificado en redes sociales y diferentes canales de comunicación. Internet en el Siglo XXI se ha convertido en un instrumento igualador. La libertad que otorga para crear contenidos, dar opiniones, y acceder a los mismos ha generado una diseminación democrática de la información. Sin embargo, esta misma libertad promueve una igualdad entre opiniones: una falsa equivalencia entre expertos e inexpertos. Las muletillas ‘esta es mi verdad’ o ‘todos pueden opinar’ encubren muchas veces una creencia engañosa solo sostenida por la democracia de likes o retuits. El problema se agudiza cuando en los medios se ponen en igualdad de condiciones a voces especializadas y pretensos especialistas [7].

Evidencia científica versus opinión.
Evidencia científica versus opinión.

En verdad, ‘esta es mi verdad’ en el sentido de ‘tengo derecho a pensar lo que quiera sin que nadie me censure’ es una cualidad deseable de cualquier sociedad — tan así que se ha convertido en un derecho constitucional en todo occidente. Pero esto no significa que esa ‘verdad’ se tome como un serio contrincante frente a la evidencia probada (histórica o científica). Anti-vacunas [8], cambio climático [9], GMOs [10], y energía nuclear [11] se presentan como temas polémicos donde proponentes y oponentes aparentan tener argumentos de igual peso a su favor; sin embargo, son temas zanjados a base de evidencia científica o avance tecnológico.

Finalmente, Metropolis plantea la explotación en una sociedad altamente tecnificada. En su predicción de la relación entre trabajadores y creadores, los primeros se convierten en sirvientes de las máquinas. Obligados a vivir en condiciones sub-humanas, esclavizados a diez horas de trabajo y una vida en las profundidades. Mientras los creadores gozan de una vida de lujo y diversión. Si bien la comparación autóctona es ineludible, esta no abarca las escalas humanas presentada en la película. Aquí, como en otros países occidentales, — a pesar de todos nuestros defectos — existe un paraguas de protección a las clases más humildes. Nuestra sociedad goza de las miserias de otra: las ciudades-fábrica en China. Aquí en nuestro país tenemos una vida moderna con cierto grado de comodidad. Mucho de nuestra vida diaria tiene un gran nivel de entretenimiento lúdico: televisión, videojuegos, salidas nocturnas, celulares de última generación, etc. Es decir, tenemos libertad para decidir como usamos nuestro tiempo libre, y rara vez estamos ajustados a horas de trabajo excesivas. En cambio, las ciudades-fábrica representan el ambiente represivo descripto en esta película. Los trabajadores están sujetos a un horario estándar de más de ocho horas, y abandonar el puesto de trabajo aunque sea para hacer sus necesidades esta penalizado. Existe poco tiempo para el esparcimiento; básicamente, salen del trabajo para comer (en los negocios de comida de la empresa que los emplea) y luego a dormir (a los departamentos que les arrienda la empresa que los emplea).

El nivel de abuso es tal que empresas como Apple han sido criticadas por recurrir a este trabajo esclavo. La razón que se esgrime es simple ¿Ud. quiere pagar lo que paga por los dispositivos digitales que usa? Ese es el costo.

Esta desigualdad atroz esbozada en la película adquiere su forma más violenta en la violencia de masas, que es la única que se ve. La película intenta mostrar que la violencia irracional se vuelve en nuestra contra. Si bien el plan original de Joh de reprimir a la turba violenta no se consuma; la destrucción les llega antes por sus propias manos. La destrucción de la Máquina-Corazón que le da vida a la ciudad en la superficie también mantiene la ciudad bajo tierra. Es decir, las máquinas ayudan a todos.

Como comentario final, quisiera enfatizar este fenómeno que se repetirá recurrentemente en mucho de lo que discutiremos este año. Que las desigualdades sociales tienden a estar subordinadas al progreso y parecen necesarias — aunque el concepto de desigualdad muta junto con nuestro progreso tecnológico. Entonces nos preguntaremos si será posible eliminar totalmente a la humanidad (como un todo) de la parte que resulta desfavorecida en nuestra carrera hacia el futuro, y que rol jugarán los robots en este proceso.


  1. Existe alguna discusión sobre la pertenencia de Metropolis as esta corriente; sin embargo, dado el contexto histórico la mayoría de los historiadores del cine la aceptan en esta categoría. ↩︎
  2. David M. Wharton, ‘Crucified to the Machine: Religious Imagery in Fritz Lang’s Metropolis’, Strange Horizons 6 January 2003. ↩︎
  3. Hombre-máquina. ↩︎
  4. Aparece en la compilación ‘I, Robot’ (Gnome Press, 1950). ↩︎
  5. Visitar el sitio Moral Machine para entender las dificultades que un coche autónomo puede encontrar. ↩︎
  6. A Compendium of Resources on Fritz Lang’s Metropolis (1927), compilado por Michael Organ. ↩︎
  7. No, you’re not entitled to your opinion por Patrick Stokes. ↩︎
  8. No existe evidencia que vincule las vacunas al autismo. ↩︎
  9. Consenso sobre cambio climático. ↩︎
  10. Inexistentes efectos adversos de los alimentos genéticamente modificados. ↩︎
  11. Muertes por Terawatt producido en un periodo de dos años por energía nuclear es de 4 (3.78) versus 996 producto de fuentes fósiles. ↩︎