Los lobos no cazan solos


Aún recuerdo la mirada de Carlos Pérez con el boli rojo exorcizando mis historias. Eran días de papel donde nos brillaban los ojos cada que vez que a los ayudantes de redacción nos liberaban para probar a qué sabe la calle al lado de esos lobos y lobas capaces de hacer de un dato, una historia extraordinaria.

Jamás pregunté qué llevaba a Paco Gómez a pedirme que lo esperara sobre Periférico en Iztapalapa para acompañarlo a indagar el crimen de un mesero asesinado supuestamente por el chofer de un subdelegado de Tlalpan (al sur de la Ciudad de México).

—Te veo sobre la avenida padrino — decía Gómez con la ceja arqueada y ese tono de voz que inflamaba su pecho que años después sería abierto para que los doctores le salvaran el corazón. Se notaba a leguas que el bombeo de sangre de Gómez era diferente. — Escucha primero antes de preguntar — recomendaba cuando estaba enfrente de un funcionario sinaloense con cara de cárcel que lo miraba con desconfianza mientras -como los lobos- me mostraba cómo el silencio era una forma de acechar a la presa para después hacer las preguntas necesarias.

—La clave está en la entrevista hermano — soltaba como cuando el macho alfa aulla para convocar a otros lobos una vez que han visto su presa. Y así, poco a poco, ensañaba a cazar. A mostrar que la paciencia era una buena forma de ganar historias.

Hace mucho que no escucho esos aullidos para convocar a otra manada a cazar historias de la mano de los lobos más experimentados. El bosque ha sido invadido por taladores de historias por segundo que difaman, ofenden y luego confirman. Noticias bonitas pero no importantes.

Estoy seguro que si los lobos y lobas más experimentadas aullaran de nuevo, las nuevas camadas sabrían en qué senderos hay oscuridad, cómo se caza en medio de la niebla que produce la sobreinformación y sobre todo, recordar que los lobos y las lobas, no cazan solos.

(a Paco Gómez)

——————————————————————-

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Darío Dávila’s story.