Protestemos entre todos.

A nadie le gusta protestar

Nadie quiere estar cortando una calle o realizando una manifestación en una plaza. No es algo que preferiría hacer: es fácil la opción entre el aire acondicionado en 24° o el reojo de la Infantería para que ninguno se mande una macana. Estoy seguro que a nadie le gusta protestar.

El derecho a protestar podría pensarse como una forma de pedir algo ante quienes gobiernan: reclamar un derecho que pensamos está siendo vulnerado o que no es cumplido. Pero probablemente haya algo más.

El derecho a protestar no es solo reclamar, sino también a la libertad de poder expresarnos. Y que esa expresión sea lo más libre posible.

Y esta libertad es también una suerte de primer derecho: nos permite decir cuando el resto de los derechos no son atendidos. Reclamamos las promesas de un sistema en el que vivimos.

Protestar es también, ser visibilizado cuando nos volvemos invisibles.

Y salimos a las calles y a las plazas porque aun en nuestra democracia no todos tenemos el acceso pleno a medios de comunicación masivos como la televisión, la radio o la gráfica. Incluso después de haber seguido los pasos correctos para pedirle a las autoridades que intervengan.

Hagamos la protesta entre todos

Democracia no es solo poder votar una vez cada tanto. Es tomar decisiones de manera conjunta y escuchar a quienes hablan a favor y en contra de algo. En ese debate intervienen en gran parte los partidos políticos, pero no parecería ser suficiente: también hay en juego movimientos sociales, sindicatos, ONGs y otras asociaciones que buscan aglutinar distintos intereses.

Y así como es injusto impedir la libre circulación de bienes y personas como consecuencia de un piquete, no menos justo es que el Estado no haga caso cuando un derecho es vulnerado.

Si las personas tienen razón o no en protestar se vuelve secundario.

Porque nadie está exento de hacerlo: se puede reclamar por salarios, la liberación de un preso, la legalización del consumo personal de marihuana o el color de los huevos kinder. El eje es el tiempo, lugar y modo de la protesta.

Por eso debe pensarse un protocolo donde haya un debate amplio y robusto que incluya todos los puntos que pensamos tienen que considerarse sobre la forma en que nos manifestamos. Si bien desde el gobierno se ha abierto un sitio web donde cualquier ciudadano puede agregar sugerencias, no termina de ser la discusión que debería darse. Sino una donde todos tengan voz para lograr un consenso amplio en este tema. Desde los movimientos y organizaciones sociales, centros de estudios, sindicatos y la prensa, hasta intelectuales y ciudadanos de a pie.

El hecho que se piense un protocolo que regule el derecho de protesta no es malo en sí. Todo va a depender de como lo elaboremos y qué condiciones se logren. Partir de esa idea es ridiculizar casi cualquier reglamentación de derechos.

Pero si protestar es propio de la democracia, la forma en que se regule también debería ser democrática.

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