
Hiroshima, por John Hersey
La tragedia vista a través de las víctimas
A finales de 1945, John Hersey viajó a China y Japón en busca de historias sobre los días posteriores al final de la II Guerra Mundial. Ya había estado en el campo de batalla en los años anteriores; presenció la guerra en Europa y también en Asia, donde había vivido los primeros diez años de su vida porque sus padres eran misioneros asentados en China. Tras escribir varias buenas historias en los últimos años de la contienda (entre ellas la que dio fama a John Fitzgerald Kennedy), volvió a embarcarse en busca de algo más.
Fue el jefe de redacción de la revista The New Yorker, William Shawn, el que le sugirió que escribiera sobre los supervivientes de las bombas atómicas de Hiroshima (6 de agosto de 1945) y Nagasaki (8 de agosto de 1945). El resultado fue un número monográfico de la publicación neoyorquina el 31 de agosto de 1946 en el que el reportaje de Hersey, titulado Hiroshima, contaba la historia del bombardeo a través de seis supervivientes de manera bastante detallista.
“Hiroshima” is not a celebration of the extraordinary heroism of ordinary people. It’s far too grim for that. For a magazine that tended to hold to a somewhat genteel line, it’s extremely graphic (“their faces were wholly burned, their eye sockets were hollow, the fluid from their melted eyes had run down their cheeks”), but its tone is cal and measured. Without undue hysteria, Hersey limns an apocalyptic landscape from precise description, internal monologue, and constantly shifting points of view.
“Hiroshima” was a radical piece of writing for 1946, only a year after the war’s end. It gave a voice and a sense of the tragic to the enemy, and its powerful imagery resonated with those who had never given a thought to–or who had even dismissed outright– the plight of the bomb’s victims. In 1999 New York University’s department of journalism named “Hiroshima” the most important news story of the twentieth century
Los supervivientes retratados en el reportaje, que posteriormente se publicó en forma de libro, fueron: Kiyoshi Tanimoto, Hatsuyo Nakamura, Masakazu Fujii, el padre Wilhelm Kleinsorge, Dr. Terufumi Sasaki y Toshinki Sasaki.
La inspiración para abordar el tema de manera tan poco habitual la tomó Hersey del libro The Bridge of San Luis Rey (Thornton Wilder), que estaba entre los que le dieron cuando se curaba de la gripe que sufrió mientras viajaba en el barco que le llevó desde el norte de China a Shanghái, cuenta Marc Weingarten en su libro The Gang That Wouldn’t Write Straight.
Hersey fue el primero en enseñar el daño sufrido por la población japonesa, hasta ese momento dejada de lado por los medios de comunicación. Su minuciosa descripción del instante en el que cayó la bomba y lo que siguió, reconstruido a través de entrevistas con los supervivientes, marcó un antes y un después en el periodismo americano, pero de poco sirvió para los miles de afectados por la tragedia (sin contar los muertos), que lo perdieron casi todo.
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