Independencia en un mundo global

En un mundo globalizado, dónde internet y la robótica están eliminando intermediarios y multitud de entes que controlan el flujo de la transacción, el ciudadano ve como se presenta un mundo dónde el trato de tú a tú brinda la oportunidad de que su progreso no tenga más cadenas que las que se imponga uno mismo.

Ya estamos viviendo en nuestras propias carnes, como la banca está agitada y preocupada por la irrupción de nuevas monedas, los banqueros y las energéticas pierden el protagonismo, y se tienden a las transacciones libres de intermediarios. Donde el flujo de dinero y energía ya no está bajo su control.

Las nuevas tecnologías nos permiten crear monedas a conveniencia y sistemas de intercambio al margen del sistema y que complacen a las partes.

El sector energético, está en pánico total. Pues la tecnologia actual, convierte cada cubierta de edificio en una central eléctrica, y el coste de ponerlo en marcha es tan bajo que en los próximos años si no consumimos la energía casi gratis es porque no queremos. Ya no necesitamos centrales térmicas, ni nucleares para generar nuestra energía. No necesitamos las empresas energéticas.

Así podría continuar con cada sector de nuestra sociedad: transporte, comida, seguros, telecomunicaciones,…

El denominador común es la eliminación de intermediarios. La relación entre los actores carece de intermediarios, y en muchos de los casos las plataformas que ponen en contacto las partes, las comisiones que cobran cada vez son más reducidas. Porque no hay razón para comisiones, ni intermediarios.

El valor es el contenido, la experiencia de usuario, el producto o servicio, nunca la transacción en si.

Ahora pues, extrapolemos la situación a naciones y estados…

Imaginad un pueblo o grupo de ciudadanos que cansados de no tener control de su riqueza y que sus necesidades no son complacidas a su gusto y peculiaridades, puedan generar sus propias sinergias para conseguir lo que más les satisface: piden ser protagonistas de sus tratos, ser libres de generar sinérgias con quien quiera y convenga, con reglas a medida para cada transacción. No sólo eso, poder ir a su ritmo y no al ritmo de otros.

Los Estados, con tal de mantener su estatus, enarbolan la bandera del proteccionismo a los ciudadanos y sus intereses. Se venden como Padres y Madres del pueblo, pero al fin y al cabo, son meros intermediarios que buscan mantener sus ingresos, nosotros somos sus clientes sin haberlos contratado y nos meten elecciones donde nos piden nuestra confianza a cambio de un gran coste: perder nuestra responsabilidad y nuestra independencia. Ellos eligen por nosotros y nosotros pasamos a ser sus clientes cautivos.

La independencia, busca satisfacer al individuo, y a su vez responsabilizarse de sus decisiones, así cuantas más transacciones bilaterales entre individuos libres, menos intermediarios, mejores tratos y mayor compromiso y responsabilidad entre las partes.

Entonces, porque no eliminar al intermediario en mayusculas: LOS ESTADOS.

Y a su vez, las uniones de estados, que aun son mayores comisionistas.

No tardemos entonces en derribar los estados, las uniones de estados para así ser libres de verdad, con relaciones justas, aceptadas entre las partes. Con condiciones adaptadas a cada tiempo y caso.

Durante el SXXI, será inevitable la tendencia a un mundo menos regulado, donde las plataformas que fomentan los tratos bilaterales favorecen la libertad de elección de los ciudadanos y donde la IA y la robótica nos darán acceso a productos y servicios a coste tendiente a 0, con lo que daremos la bienvenida a la era del conocimiento, la imaginación y la libertad.

VIVA LA INDEPENDENCIA.

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