Miedo a volar.

Entrar a el aeropuerto es como entrar a una sala de Urgencias de Hospital. Se siente la tensión, la prisa de entes caminantes errando sus pasos contra ti, asomando caras de desesperación, tristeza o ansiedad. Se puedes sentir en el aire que no es un lugar agradable, no al menos cuando tienes que partir a algún lugar al que no quieres regresar.

Todo este año tuve la oportunidad de acercarme a casa muchas veces cuando quise y deseaba impulsivamente hacerlo. Si tenía la necesidad de volar, lo hice. Si tenía la inquietud de saborear y disfrutar una vez más una tajada de la ciudad, me permití hacerlo a diestra y siniestra. Este año me quité el miedo a volar, a deshacerme de la ansiedad que me causaba el hacerlo, incluso a disfrutarlo y hacerlo una adicción. Pero no sabía que habría que pagar una enorme consecuencia. La de regresar.

Las despedidas siempre han sido mi punto débil. No puedo enfrentarme al hecho de no ver a quién amo en un incierto período de tiempo, mucho menos cuando se está tan lejos, después de haber pasado días en compañía que me hizo tan feliz, que me hizo olvidar por un momento si tenía alguna dificultad o simplemente disfrutar de quienes estuvieron conmigo, rompiendo la rutina de mi lugar de origen, de haber hecho lo que tanto planeé y me imaginaba desde el día en que tomé el vuelo al mirar la ventanilla del avión camino a casa.

Me parte el corazón el reconocer como se quiebra la voz de mi padre al despedirme pero intentando esbozar una sonrisa, mientras hace un chiste que él bien sabe que será inútil corresponder con alegría pues me pondré a llorar inmediatamente. Odio los reproches del porque estoy tan lejos, porque tuve que irme, porque no estamos juntos. Odio el pensar que de alguna forma pienso en quedarme para siempre. Al fin tengo muchos motivos. Pero me voy. Y desde mi asiento vuelvo a preguntarme que carajos hacer de mi vida, hacia donde será correcto volar, porque debo llegar a algún lugar…

No sé me ocurre nada. Nunca he pertenecido a ninguna parte, soy feliz en donde quiera que esté.