Lo que no vale dinero

Hoy ha sido un mal día, pero he aprendido una gran lección. Hace unos cuantos meses, por el volumen que tenía de trabajo decidí pasar de ser freelance a tener mi propia empresa.
No fue una decisión premeditada, simplemente decidí aceptar las oportunidades que surgían. Algo me ha obsesionado mucho este tiempo: la cultura empresarial y sin embargo los árboles no me han dejado ver el bosque.
Uno de los clientes ha sido muy difícil de gestionar, nuestro interlocutor es una persona muy conflictiva y yo, que soy la responsable de la empresa, no me he dado cuenta a tiempo del daño que estaba haciendo al equipo hasta que he estado allí directamente.
No he sabido cuidar y proteger a mi equipo. No he sabido evaluar a tiempo cuánto vale que los tuyos estén bien y los he puesto en riesgo. Da igual como se quede el flujo de caja. Algunas cosas no se miden con dinero y sin embargo yo no he sido capaz de darles el valor que tiene.
Estoy aprendiendo a gestionar empleados, que no es ni de lejos lo mismo que gestionar equipos. Y parece que como casi siempre se aprende a golpe de fracaso.
Este post es una disculpa en voz alta, pero la habrá con ellos en voz baja, que a pedir perdón aprendí hace mucho