hurricane
No me enojo con vos. O eso intento. Sé que sos un tarado y el mundo está lleno de tarados y quizás seas de los tarados huracanes (inventé una categoría nueva) que más cosas destrozan, destruyen y desordenan. Quienes se llevan puesto todo lo que está a su paso. Pero no me enoja porque no lo haces a propósito, solo es parte de la naturaleza de un huracán. Bueno si, quizás si me enoje a veces. Quizás por momentos desee no haberte conocido, no haber tocado la tempestad, y en su otro extremo agradezca haberte tenido y perdido, suspenderme en el aire con vos y volver con los pies en la tierra. Pero no estoy decepcionada. Porque sé cómo funcionan los huracanes; lo mío fue haber sentido una ráfaga de viento fresco en verano, cuando en realidad un eclipse me espetaba ver lo equivocado. Problema mío haber visto el caos en forma de una destrucción hermosa y cegadora. Solo me entristece porque no sé si los huracanes pueden bailar como la brisa del mar y tengo la esperanza que un día puedas sanar, bajar los kilómetros por hora y dejar de llevarte cosas a tu paso (en cierto punto una parte de mi) y realmente seas lo que en algún momento idealicé (quizás una mejor versión de vos), sobre todo porque los huracanes no pueden ser selectivos, no eligen qué tomar y qué dejar intacto. Quizás solo deba dejar de idealizar.
