El guasón, cuando la locura es política

David Añazco Ojeda
Nov 4 · 3 min read

Es con toda seguridad una de las mejores películas que he visto en mi vida. El color, la fotografía, el sonido, la construcción del contexto, pero sobre todo la actuación de Phoenix es maravillosa. Cada movimiento con su detalle, te hace espectador y cómplice para sintonizar con la ira. Aunque depende, ¡Qué feo ser rico y ver la película!

Yo no he sido seguidor de comics, ni de nada. Pero la he visto como un (ex) psicólogo en medio del post-paro (insurrección de octubre) en el Ecuador. Hay gente que me ha dicho que el argumento narrativo no le ha gustado. Pero yo creo que tiene mucho sentido y es muy subversiva en el ámbito de la psicología norteamericana. Y, en especial, en un momento en que el discurso del emprendedurismo te hace responsable/culpable único de tu éxito o de tu fracaso en todos los ámbitos. Desde el amor hasta el affair, desde las bolsas de plástico hasta de tu salario. Discurso con un fin utilitario: esconder una estructura social y económica que tiene mucho que ver, no de modo absoluto,con tu bienestar o tu supervivencia. Paso a explicar esto.

La tradición freudiana tiñó a buena parte de la práctica psicológica (clínica especialmente) de hedonismo. Tanto en su acepción ligada al placer, cuanto a su comprensión ligada al individualismo. Para comprender la salud o el desorden mental, la psicología tradicional queda anclada en el sujeto, en su pasado en sus placeres resueltos o negados, o máximo en su contexto inmediato. De ahí que, cuando "los síntomas" se expresan, esta psicología recurre al pasado (traumas, crisis, eventos) o la familia para dar cuenta del llamado desorden, trastorno, neurosis... Cuando esta vía se agota, vienen las explicaciones médicas, las consideraciones orgánicas y funcionales de los sistemas comprometidos en la conducta (nervioso central y endocrino). Lamentablemente, aquí es donde brilla el neoliberalismo que empuja fuertemente las débiles bases epistemologicas de la psicología, y convierte al "desorden mental" en un negocio. Los psicofármacos, como en la película, se vuelven clave para la contención de la "locura".

¿Dónde está el giro? En que la película nos coloca en zonas poco exploradas por las psicología(s) clínica(s) que sintonizan con el sentido común neoliberal: la política, la desigualdad social y la injusticia; o dicho directamente, interpelar el capitalismo. Pocos expertxs, profesionales y aficionados a estas formas de psicología, recurren a una compresión política o económica de la locura, salvo a través de contadas, marginales y complejas teorías como las de Lacan, Guattari, o el propio Freud en su explicación del malestar de la cultura. Tampoco esa psicología dominate suele acudir a campos más dialogantes con otras disciplinas como la psicología social, comunitaria y/o cultural.

La película dibuja un contexto que ofrece una explicación política y económica del sentido de actuación que tiene The Joker. Él está loco para el sistema, para los que mandan, para los medios, para el discurso hegemónico. No obstante, viene a poner en crisis lo que representa la familia Wayne (Batman): el orden, el sistema, la normatividad, la acumulación injusta de recursos. Entonces, ¿está loco el guason, o es un producto de un sistema enfermo?

Para ambos casos, ¿cuál es la cura?

    David Añazco Ojeda

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    cronopio.david

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