La batalla de Najaf: ficción para construir la verdad

El primer disparo estalla incluso antes de que empiece la guerra. Es una cita de Chaves Nogales que recoge la esencia de las hojas que antecede; un relato absorbente, construido para revelar la verdad — o el punto de vista más verosímil, si lo hubiera— , pero moldeado con las argucias de la ficción:

“Las batallas no se ven. Se describen luego gracias a la imaginación y deduciéndolas de su resultado”.

Esa ha sido la intención de Álvaro Colomer con Aunque caminen por el valle de la muerte (Random House): una novela bélica de investigación sobre la batalla acaecida en Najaf (Irak) el 4 de abril de 2004, la más importante para las tropas españolas en el último medio siglo. Un enfrentamiento misterioso, que nunca tuvo lugar; en un momento donde las vibraciones de las bombas del 11-M todavía eran palpables y en medio del traspaso de poderes entre el ejecutivo popular de José María Aznar y el nuevo socialista de José Luis Rodríguez Zapatero.


Aquella jornada nadie descolgaba el teléfono en el edificio del Ministerio de Defensa. La base Al-Andalus era objeto de asedio por parte de los insurgentes del Ejército del Mahdi, comandados por el clérigo chií Muqtada al Sadr. Mientras los miembros de la Coalición respondían al fuego enemigo, la Brigada Plus Ultra se mantuvo al margen respetando sus códigos internos.

— ¡Hay mil o dos mil flacuchos disparándonos y los españoles se han escondido en los sótanos de su cuartel.
— ¡¿Cómo?!
— Lo que oye señor. Los españoles no están participando en el combate. (…)

Pero es que el papel de las tropas españolas es aún una incógnita sin resolver. Al mismo tiempo que su indecorosa pasividad era duramente criticada por los aliados estadounidenses, emprendieron una exitosa misión de rescate a un grupo de soldados salvadoreños que se habían quedado aislados en la lluvia de balas.


La batalla de Najaf es un conglomerado de versiones homogéneas incapaces de fundirse en un único argumento. “En la guerra, como en la literatura, hay tantas verdades como puntos de vista”, dice el autor. Por eso, Colomer, tras más de doscientas entrevistas con civiles y militares que conocen los entresijos de aquel 4 de abril, fue incapaz de elaborar un relato verosímil con sentido. Ha tenido que recurrir a la ficción para reconstruir el día D del ejército español en Irak.

Periodismo y ficción, a simple vista, pueden resultar entes incompatibles. Sin embargo, la combinación de ambos permite limar las flaquezas de cada uno e inventar un género horriblemente bello.


Más allá de las evidencias e invenciones, la narración de Colomer — en forma de pequeños capítulos con diferentes personajes, todos simulados pero con reflejo en la realidad — es de una gran fuerza. El empleo preciso de lenguaje y tecnicismo bélico, sumado a minuciosas descripciones de cada momento de la contienda, llevan al lector a recordar imágenes de guerra tan potentes como las de la película de Ridley Scott Black Hawk derribado.

Pero el autor no solo pretende ceñirse a la descripción de los detalles de una refriega entre un ejército sumamente entrenado y armado frente a un atajo de fanáticos alocados sin el menor conocimiento de táctica militar — “una carnicería en la que solo afilan cuchillos los del bando aliado “— ; si no que, en forma de breves brochazos, también se manifiestan las consecuencias de la guerra, los pensamientos que invaden a los soldados — la distancia con los seres queridos, la reaparición de los fantasmas de sus víctimas, el temor a la vuelta a casa — cuando el estruendo de las balas ha cesado y la calma se dibuja en “el silbido del viento y el aplauso de las palmeras”.