Carta pública a favor de la emancipación colectiva
Respuesta al artículo escrito por Cristóbal Álvarez P. con fecha 26/07/17, por alusiones directas y desacuerdos ideológicos

E l día de ayer, mi mejor amigo, Cristóbal, publicó en su primer artículo dentro de esta plataforma una apasionada crítica a algo que él clasifica como “el progrerreduccionismo políticamente correcto” (¿sí lo escribí bien?). En el desarrollo de su texto, menciona que hace poco tuvo una leve discusión con alguno de sus amigos íntimos sobre si era apropiado o no asistir a marchar en el Pride. La persona mencionada decía que sí, Cristóbal decía que no. Esa persona era yo.
Un día cercano a la marcha del pride de Guadalajara, uno de mis mejores amigos me preguntó que si iba a ir. Le dije que no y él, muy extrañado, me pregunta que porqué era eso, si ya había ido a la marcha del matrimonio igualitario el año pasado y que pensaba que esas cosas me encantaban. Es entonces cuando procedo a explicarle que está absolutamente equivocado y que, contrario a su creencia, me cagan los prides.
Luego, describe por qué, en lo particular, no le gustan ni “le sirven” los Prides:
Pero todavía más importante que el hecho de que no me gustan, me parece importante mencionar que no me sirven. Puedo entender que para cierto tipo de personas es importante participar en actividades públicas que permitan sentirse acompañados para poder estar orgullosos de su sexualidad. No es mi caso. Yo estoy contento y tranquilo con mi sexualidad y no necesito hacer nada para estarlo. Y ese es el problema de los desfiles del pride, y de la comunidad LGBT en general: se generó una imagen muy específica de lo que deben ser los miembros que le conforman.
Aquí comienzo con mi crítica. Estás, Cristóbal, en todo tu derecho de que no te gusten los Prides. A mí tampoco me gusta celebrar con banderitas ni enchiladas la Independencia y eso no me hace ni más ni menos mexicano; es decir: no tienes que ir religiosamente a todos los Prides para que recibas tu credencial de miembro del Club No-Heterosexual. Es muy respetable tu decisión y esta respuesta no busca convencerte de nada, pero sí debatirte las ideas. Creo que es pertinente que entiendas por qué -creo yo- “no te sirven” los Prides, como tú dices:
Probablemente tú no necesites de alguien que te apoye porque vives en la suficiente comodidad para que casi ninguno de tus derechos se ponga en riesgo.
Yo también vivo en condiciones similares, lo admito. Pero te pido que veas más allá de tu privilegio (sí, dije la palabra prohibida con la que la Dictadura Progre atemoriza al mundo): haz un pequeño ejercicio de imaginación y piensa en todas y todos lo que sufren lo que tu no vives. Ese mundo existe, pero no es tan fácil conocerlo porque nunca hemos -ni creo que lleguemos a estar- ahí.
Piensa en un hombre homosexual que se prostituye entre narcos para sobrevivir en alguna cantina de Tijuana, poniendo en riesgo prácticamente su vida todos los días para poder comer y sostener a su pareja o familia; piensa en todas las personas de nuestra edad que no pueden salir del clóset porque corren el riesgo de quedarse prácticamente sin familia o sin amigos; o, sencillamente, imagina a todas las personas homosexuales que viven en países (76 países) en donde es ilegal ser homosexual o que este hecho les puede costar la vida con pena de muerte (10 países). No estoy apelando a romantizar la jodidez: estoy apelando a la realidad.
¿Una marcha en México va a salvarles la vida a personas en Arabia Saudí? Evidentemente, no. Pero son una oportunidad -un espacio de confianza- para que quienes viven en la jodidez, en los márgenes, de nuestra sociedad sepan que hay miles de manos solidarias que están dispuestas a apoyarles: desde organizaciones de la sociedad civil hasta grupos religiosos.
Estoy completamente seguro de que al primer Pride al que fui asistieron también chavitos y chavitas que están en grupos de apoyo porque sus familias los rechazaron; o personas transgénero caminando juntas para salir del clima de violencia en el que viven constantemente debido a que son quienes probablemente sufren de más discriminación dentro de la comunidad. No es un paliativo: es una manera de empezar a organizarnos. En promedio, 65 personas al año siguen muriendo en nuestro país por crímenes de odio en contra de las personas LGBT. Cada Pride es una oportunidad para decirles: nunca más.
Un espacio en el cual tener la voz y el protagonismo dentro de los miles de acontecimientos en el país para que sepan -quienes odian y quienes restringen derechos- que estamos juntas y juntos, y que nos vamos a acompañar para exigir nuestros derechos y denunciar todas las agresiones, porque no es posible que ni siquiera tengamos la libertad de formar una familia con reconocimiento jurídico si queremos hacerlo con alguien del mismo sexo. Ni tú ni yo.
Si crees que tus derechos están intactos o casi intactos, y por ello no sientas la necesidad de marchar, entonces estamos hablando de un problema de solidaridad tuyo, pero que nadie acuse a la comunidad de rechazar a quienes no cumplen un cierto estereotipo. A mí nunca me han violentado por no vestir, hablar o pensar de cierta manera o de “la forma correcta”. Porque no hay forma correcta.
Los gays se comportan así, las lesbianas son así, los transexuales son de esta forma, los bisexuales así, etcétera. Quien sale de esa norma, se vuelve en el bicho raro y es fácilmente expulsado de lo estereotípico de la comunidad elegebeté. Así, se crea una especie de “normatividad alternativa” a la que deben ceñirse todos aquellos que ya de por sí se atrevieron a desafiar la heteronormatividad.
Dices luego que la comunidad quiere imponer una identidad única del No-Heterosexual. Creo que estás equivocado. Yo no soy heterosexual, y no me identifico con Me Solté el Cabello de Gloria Trevi, ni me apetece ir a un antro gay. Tampoco critico a quien lo hace.
Si hay algo que busca la comunidad es -precisamente- que se respete toda la diversidad que quiere caber dentro de ella. Si piensas que el Pride es un cuerpo homogéneo de tangas, batucada y sombreros arcoiris es probablemente porque nunca has asistido a uno. En el último Pride al que tuve la oportunidad de ir me di cuenta de la tremenda diversidad que convive e interactúa en un mismo espacio físico. Nunca me sentí bicho raro, porque sabía que tenía algo en similar con todas esas personas: por lo menos uno de mis derechos no están siendo respetados.
¿Pero qué tienen que ver entre ellos los bisexuales, los homosexuales, los transexuales, los transgénero, intersexuales, etcétera? ¡Nada! Asumir que sí es partir del entendido de que todas estas luchas y todos los miembros de estas comunidades son iguales a pesar de que lo único que tienen en común es que no comparten la sexualidad tradicional. Y todavía peor, reafirma el estereotipo de la identidad queer.
Insisto: lo común en la comunidad no es que no tengamos una sexualidad “tradicional” o hegemónica y sí tengamos una “aceptable o característica de gay”; más allá de eso, lo común, entre todas las personas de la comunidad, es que nuestros derechos no están siendo respetados.
Ese estereotipo del que hablas no lo inventamos nosotros dentro de la comunidad: es una etiqueta que inventaron desde fuera para señalarnos, segregarnos y hasta intentar lucrar con nosotros…¡qué mejor que un Absolut de colores para ganar derechos! ¿no?
Asumir que todos son iguales va precisamente en detrimento de la lucha por la equidad y el respeto a la diversidad sexual y sus derechos. Las personas deben ser capaces de expresar su sexualidad de la manera que se les pegue la gana, libres de cánones morales basados en postulados religiosos, pero también de los estándares limitativos impuestos por la comunidad LGBT sobre cómo es que debe vivirse la sexualidad.
Estoy de acuerdo con eso: cada quien es libre de gozar de su sexualidad como mejor se le antoje. Pero te equivocas al afirmar que la comunidad LGBT se dedica a adoctrinar sobre cómo debemos de vivir nuestra sexualidad. Si alguien piensa que ser No-Heterosexual es usar ropa de látex negro, pelucas o ir a bares en donde los asistentes usan tirantes sobre el pecho velludo, es porque ese estereotipo se ha construido erróneamente en el imaginario colectivo heterosexual, mayoritariamente.
Ser No-Heterosexual comprende una gama de posibilidades verdaderamente infinitas que no tiene caso reducir a ciertas etiquetas, grupos o ideas. La diversidad comprende desde el desarrollo de la personalidad individual hasta las prácticas sexuales: ser afeminado o no; disfrutar del sexo anal o no; que te guste más Juan Gabriel o A Quién Le Importa de Alaska, o ninguno.
Cada quien es libre de desarrollar su personalidad y gozar de su sexualidad como quiera. No hay una Policía Gay encargada de decirte que a tu atuendo “le falta rosa” o que hablas “muy hombre”. Lo gay no existe: es una construcción imaginaria que inventaron para estereotiparnos, y perpetuar esa idea (peor aun: decir que proviene de la comunidad) es aceptar que no podemos vivir de la forma que se nos antoje. No hay una identidad hegemónica también dentro de la comunidad LGBT y la comunidad lucha constantemente para que ninguna identidad se imponga; lucha por tu derecho y mi derecho a expresar de mil maneras distintas que no eres heterosexual, y ser feliz con eso.
Emancipación colectiva vs individual

Ninguna revolución se realizó por la mera emancipación ética de un individuo, sino por la suma de las fuerzas sociales que adquirieron consciencia de la realidad y decidieron disputar el poder público para revertir una condición que percibían como injusta. La emancipación individual es ideológica -a lo mucho-; la emancipación colectiva es histórica.
Es decir: nunca bastó que un obrero dijera “soy obrero y estoy orgulloso de serlo” para que inmediatamente recibiera mejores condiciones laborales. Jamás una mujer exclamó “soy mujer, y soy muy feliz con ello” para que se le permitiera votar. Las conquistas de derechos son luchas colectivas e históricas.
Uno solito no puede contra los poderosos. Mucho menos, cuando los poderosos son muy poderosos o son mayoría. Gandhi no hubiera sido Gandhi sin el apoyo de las masas que le acompañaron en su lucha pacífica. Las revoluciones no son otra cosa que un grupo harto de una situación social (desigualdad, opresión, violencia por parte del Estado u otro grupo) que se convierte en relevante y desarrolla la capacidad para poder ajustar esa condición inequitativa.
Son valientes quienes protestan en solitario, de forma quijotesca, pero poco pueden transformar en la Historia más allá del recuerdo de su hazaña. Y quien niega su responsabilidad social en la Historia, yo no sé para qué vive.

Arriba colgué una foto de una protesta en contra de los actos terroristas perpetrados en contra de Charlie Hebdo en 2015. Me gustó porque 1.5 millones de personas -de distintas clases sociales, culturas, religiones e ideologías políticas- decidieron disputarle el espacio público a los terroristas para decirles: no les tenemos miedo porque estamos juntos. No se trata de una marcha para decir “todos somos franceses” ni “todos somos cristianos amorosos y repudiamos el extremismo del Islam”: el único motivo de la protesta es para decir “dentro de nuestra diversidad, todos estamos de acuerdo con que el odio no es nunca la salida a nada”.

Es cierto: las multitudes han cometido atrocidades a lo largo de la Historia humana en nombre del beneficio de las mayorías. Por eso debemos de estar atentos a qué se exige y cómo se hace. Es muy diferente la histórica marcha del I Have a Dream o la Primavera de Praga que la Solución Final nazi. Las multitudes no siempre tienen la razón, pero cuando se hacen oír quiere decir que hay algo que no está funcionando correctamente.
Si cada persona fuera por su lado, creyendo que nada tiene que ver con los otros, dudo mucho de que gozaríamos -tú, yo, todos- de la gran cantidad de derechos y conquistas sociales actuales.
Finalmente
Está de moda ser crítico de lo crítico. Lo entiendo. Cuando hay tanta información, datos, personalidades, cuentas de Twitter tan parecidas y repetición ideológica corriendo en las redes, uno quiere ser lo alterno de lo alterno; la revolución de la revolución, pues. Cristóbal eres brillante, y te quiero mucho: lo sabes. Respeto mucho tu trabajo intelectual y tus ideas: por esa misma razón estoy contestando; porque creo que empezaste un ejercicio valioso. Pero también soy directo siempre que te lo critico: inventar que existe “una Dictadura de lo Políticamente Correcto” únicamente alimenta a personajes como Callo de Hacha que viven de satisfacer a quienes, por construirse urgentemente un personalidad alternativa y cool o por negar su privilegio, deciden adoptar un personaje rebelde, que no se deja llevar por “la corriente social”; justicieros en contra de la Dictadura Progre.
Para serte sincero, creo que un “Escribo sobre lo YO quiera, de la forma en la que a MÍ se me pegue la gana y si no te gusta pues puedes ir a CHINGAR A TU MADRE” se acerca a un “La verdad te hará libre pero primero te hará enojar”. No me gustaría que te convirtieras en algo así, Cristóbal: sé que eres más que eso. En fin, es tu libertad creer y opinar lo que quieras, así como es mi libertad rebatirlo.
Te mando un abrazo, con todo mi cariño y admiración.
David Ricardo Flores

