Cómo permití que VIAJAR fuese una necesidad

Necesito viajar, de hecho, este constante experimento de conocer el mundo se ha convertido en un condicionante en mi futuro laboral y personal. Inclusive, me llego a sentir preso de mis circunstancias si me estaciono en mi zona de confort por más de unas pocas semanas.

Antes de esperar a que mi hipotético ‘yo’ funcional que busca avanzar en una empresa tradicional, entre a lamentarse o erradicar mi abstinencia con la habitual somnolencia de la estabilidad mundana y rutinaria; prefiero analizar las razones por las que llegué a estar así:

1- Unos estudios que se limitan a la simple teoría. Más de quince años entre clases, exámenes y apuntes… Todo para fortalecer una memoria a corto plazo que en muy pocas ocasiones se ve incentivada con una práctica que fortalezca la experiencia y el conocimiento en sí mismo.

¿Por qué casi nadie se preocupa en enseñarnos la belleza real de una cordillera en lugar de forzarte a aprender la geografía de tu país? ¿De qué sirve como cultura general aprender todos los ríos y sus afluentes de España si no observas su nacimiento, desembocadura en el mar o enmudeces en medio de su caudal siguiendo la corriente? ¿Por qué nos hacen estudiar los animales más característicos si no los podemos contemplar en libertad? ¿Por qué no acompañan las clases de historia llenas de fechas y nombres con una visita al lugar del acontecimiento? ¿Con una obra de teatro que nos transporte siglos atrás? Entiendo que existen muchas limitaciones en educación y que hay maravillosos profesores que hacen lo que realmente pueden, pero el sistema educativo sigue y lamentablemente seguirá siendo así… Y no encuentro mejor ejemplo, que aquella escena tan desgarradora y motivadora de ‘Good Will Hunting’.

2- La literatura es otra de las razones fuertes que siempre ha acompañado mi deseo de contemplar otros horizontes, otros estilos de vida, otras épocas que definan el contexto de una ciudad. Desde la más pura ficción a novelas autobiográficas, todas estas obras siempre han ayudado a entender que el mundo es mucho más grande de lo que uno puede pensar respecto a su entorno.
“El fascismo se cura leyendo, y el racismo viajando.”
Miguel de Unamuno.

Y es que no conozco a nadie incapaz de no desear irrefrenablemente visitar Barcelona tras leer a Carlos Ruíz Zafón, tratar de contemplar los molinos que invaden las tierras de Castilla tras ‘El Quijote’, o sentir una punzada en el pecho al leer algún libro testimonial de la atrocidad nazi en los campos de concentración de centro Europa, o no poder evitar anotar la casa de Ana Frank en un viaje a Ámsterdam… Sin lugar a dudas, probablemente las novelas son las mejores embajadoras turísticas de cada ciudad, y ‘sólo’ usando el ingenio y las palabras adecuadas para venderte la mejor historia y la invitación más entusiasta de descubrir una ciudad.

3- Conocer gente de otros lugares del mundo y darte cuenta de que tus prejuicios te empobrecen. Una lección de humildad de la que me siento enormemente orgulloso, porque el conflicto entre la cultura y ética heredada de tradicionalismos se choca frontalmente con una apertura de mente inusitada que surge desde el más puro desconocimiento, respeto y admiración.

En mi caso, tristemente este proceso de conocer gente foránea empezó con fuerza en mi etapa adolescente y adulta ya que apenas pude compartir mi niñez con niños de otros lugares y culturas. Pero fue con esta circunstancia, cuando mi deseo de descubrir mundo no encontró punto de retorno. Necesitaba descubrir sus lugares de origen y así entender su admiración, odio o estrés ante mi Madrid. Me empecé a enriquecer de sus costumbres e intenté ilusoriamente sentirme un foráneo en sus pisos de alquiler donde ellos trataban (fruto de su cultura y melancolía) convertir en lo más parecido a su hogar.

4- La fotografía se ha convertido en mi acompañante desde hace varios años atrás ya que cumple el objetivo de capturar un instante para la eternidad.

Observar una imagen tomada un determinado día es la chispa que necesita mi mente para transportarme inmediatamente a ese lugar aunque separen miles de kilómetros: volver a sentir el frío o el calor de ese momento, recordar la gente que me rodeaba, el último hallazgo de ese momento concreto, la conversación que mantenía o lo último que comí…

Y es que la fotografía en sí misma también es adictiva, cuánto más se practica, más se desea mejorar la técnica, la composición, la iluminación, la posterior edición… Y multiplicar hasta la extenuación esta sensación tan gratificante.

5- Conocer a gente más especializada en el entorno de viajar, ya sea tu amigo de toda la vida, un bloguero desde Estambul o un privilegiado periodista/aventurero que viaja para trabajar mientras el resto trabaja para viajar…

Esta gente con la que es fácil de sincronizar la idea de aprendizaje continuo, te incitan a creer que es posible una vida nómada aunque la sociedad intente convencerte de lo contrario, te colocan la miel en sus labios con sus artículos, foto-reportajes y vídeos. Gente que considero máximos influyentes y que por sí solos son capaces de encender esa mecha aventurera desde una envidia sana y cien por cien saludable :-)

Espero que este artículo te sea de ayuda, para sentirte identificado o lejos de mis ideas, cada uno elige su manera de enriquecerse y disfrutar de la vida con total libertad. Ante aquellos que se encuentren una situación parecida a la mía, no os dejéis persuadir en contra de vuestras alocadas ideas, casi todas las podrás conseguir con cautela y mucha organización; y si por lo contrario estás libre de esta afición, seguramente vuestra economía y estabilidad os lo agradecerá, porque podréis disponer de mayor presupuesto para otras prioridades y estaréis más cerca de compraros un chalé o un deportivo de alta gama que yo.

Y dicho todo esto, te invito cordialmente a que me encuentres por este mundo 2.0 donde no existen más distancias que la velocidad de nuestra conexión.

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