La Pereza Envenena

Qué delicia es acostarse por la noche sabiendo que al día siguiente no toca madrugar, trabajar, estudiar etc. Poder desactivar las alarmas del teléfono y dormir en paz, despertarse a las 8,9,10 hasta 12md dependiendo de las condiciones, andar en pijama todo el día, no bañarse en mi caso, dedicarse a Netflix, comer y existir. Sí, todos hemos tenido un día así y es riquísimo y algunas veces, justificado, sin embargo, podemos estar dañándonos más de lo que creemos.

Si nos damos una vuelta por redes sociales, sin mucho scrolling podemos ver que la pereza es un trending topic que no pasa de moda. Frases como: ‘Que se acabe esta clase YAAAA’, ‘Hoy me toca estudiar cálculo, maténme’, ‘Faltan dos horas para salir (Emojis tristes)’ son pan de cada día. Es tanta la naturalidad y la normalidad de la pereza en nuestra vida que si alguien se muestra motivado o entusiasmado con su trabajo o sus estudios los tachamos de que no tiene una vida, ¿irónico no?.

Y la pereza no es algo de este siglo solamente. Si nos vamos a la historia del Rey David de Israel, al que Dios mismo llamó el hombre con el corazón más conforme a su voluntad, podemos ver que la pereza y la vagancia pueden hacer meter la pata hasta al más cuidadoso.

2 Samuel 11: 1–2

1 Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén.

2 Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa.

Ya sabemos como termina la historia, David se mete con una mujer ajena y se embarriala el asunto. Los errores de David fueron varios. Uno, no estaba cumpliendo la labor que como Rey debía cumplir y dos, claramente estaba pereceando levantándose a esas horas y vagueando por la casa. (¿Suena familiar no?)

El problema con la pereza y la vagancia es que carcome nuestras motivaciones y anhelos, es un veneno silencioso que nos aleja del propósito y las metas que tenemos y nos encadena a estar alimentándola constantemente. Medite un momento si la pereza no es la causa principal de tanta procastinación en su rutina diaria.

La solución, fácil, ayuda de Dios y ser conscientes que tenemos la capacidad de rechazar la pereza desde nuestra mente y no permitir que nos robe el deseo por hacer las cosas con excelencia y esmero.

Proverbios 13:4

El alma del perezoso desea, pero nada consigue, mas el alma de los diligentes queda satisfecha.

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Desde 1993. Justificado. Casi psicólogo.

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