Egoístas por naturaleza
Somos egoístas, subiendo al transporte público en mi que hacer rutinario, intento soportar el tedio observando el actuar de las personas, todos peleando por ser los primeros en salir, empujones, miradas despectivas, todas orquestadas por la necesidad de priorizar el “yo”, en cada paso que damos.
El humano como individuo, su naturaleza partiendo de muchas vertientes ha sido estudiado por muchos, Nicolas Maquiavelo un filósofo político italiano entre el siglo 15 y 16, dijo que el humano era malo por naturaleza, un ser que buscaba exclusivamente su bienestar, ingratos y volubles les llama, entonces esta naturaleza del individuo, ¿puedo transportarse al plano colectivo, somos por naturaleza una sociedad de egoístas?
Maquiavelo no podría ser amigo de aquellos que ven al humano como un ser superior al resto de la naturaleza, pues en un enunciado destaca el humano como un ser instintivo, coloca al instinto dominando sobre las facultades humanas que nosotros mismos nos hemos atribuido: amor, bondad, compasión, etcétera.
Siglos después Thomas Hobbes en una sociedad avanzada con poderes definidos respalda a estudiosos de la naturaleza humana como Maquiavelo, basándose en dos grandes vertientes de la naturaleza, el lado animal y el racional del humano, en resumen, advierte al hombre como un ser que nace en soledad, en busca de su propio beneficio, malo por naturaleza.
J. Rousseau, otro filósofo naturalista, pero con visiones contrarias a los anteriores decía que el hombre es noble por naturaleza, sin embargo la sociedad es quien lo condena al egoísmo y relaciones de poder.
Desde mi parecer, el ser humano es quien conforma la sociedad, es decir si se fuese bueno al nacer, porque formaríamos sociedades macabras y sucias, una especie egocéntrica, atraída por la “supremacía” sobre la naturaleza toda, es muestra de que las raíces, el origen no es bueno, aunque recalco siempre que cuando de posturas se trata, la percepción es la que manda.
El egoísmo del hombre trasciende sus relaciones con sus semejantes, se trata del apoderamiento de la historia, del generar verdades fundamentadas en el conocimiento limitado que tenemos, tan egoístas que se nos olvida que según nosotros mismos, esta tierra existe millones de años antes de nuestro aparecimiento, un egoísmo tan enraizado que suele suponer que estaremos aquí mucho más tiempo del que realmente tenemos, hemos creado vínculos peligrosos con la materialidad desnaturalizada que creamos, se fijan metas y propósitos de vida en objetos efímeros como un automóvil o incluso la posesión carnal de otro humano.
El egoísmo es intrínseco, bloqueamos opiniones contrarias a las nuestras, si nuestros pensamientos fueran capaces de realizar lo que se pasea por nuestra mente, seríamos capaces de provocar la debacle de todos aquellos que con esfuerzo están mejor posicionados que nosotros.
La creación de un humano generoso se destruye cuando su vida esta en riesgo, el instinto es egoísta, la supervivencia también lo es, “matar o morir”, “sálvese quien pueda”, son himnos que han sido gritados por mucho tiempo en muchos idiomas y sociedades diferentes, en el fondo estas fecundadas por esa naturaleza incomoda que ata al hombre que huye de ella.
