Segunda despedida.

Es la segunda vez que escribo un texto despidiéndome, sin embargo, es la primera vez que lo hago de una manera tan tranquila, sin quebrarme, sin hundirme en sollozos, es la primera vez que lo hago sin saber pronunciar un tal vez.

Te me fuiste de las manos, traté varias veces de atraparte pero ya traías el final atado a la punta de la lengua, desde siempre. Me demostraste que los “por siempre” son un jamás fracturado de emoción.

Esta segunda despedida, que es el fantasma de la anterior, viene con más decisión y orgullo indispuesto. Viene con un “Lo intenté” y otro “Gracias por todo”, gracias por levantarme del lugar en el que me encontraba y arreglarme, gracias por quedarte el tiempo que quisimos, por las peleas y los buenos momentos.

Me voy más valiente y con más ganas de perderme en el mundo, me voy conmigo y con el corazón tranquilo.

Gracias por todo.