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Después del desayuno salieron.
10:00 a.m.- Pensaron que era tarde. Ignoraban cuanta gente estaría en la cola. Sin embargo, irían. Costara lo que costara.
Frente a su residencia, esperaban a alguien y mientras hacían tiempo, varias personas comentaban “¿Fueron a firmar?”. Ellos sonreían “A eso vamos”. La gente que pasaba tenía un semblante inspirador, enérgico. Personas alegres a pesar de los sucesos en los días anteriores. Personas que parecían haber olvidado el pasado o por el contrario, personas que lo recordaban a la perfección.
Al llegar a la casa de Acción Democrática en El Paraíso se encontraron una cola inmensa que ocupaba toda una cuadra. Caminaron hasta conseguir el final. Otra vez, el mismo aire esperanzador estaba ahí, latente.
Los carros pasaban, tocaban cornetas. Sacaban la bandera, gritaban. Algunas personas pasaban apuntando el teléfono hacia la cola, grababan material para recordar ese momento tan esperado.
“Nuestro redentor nos ayudará a salir de esto”, dice un señor que va pasando. Ellos avanzaban rápido y la cola no dejaba de aumentar. Cada vez llegaba más y más gente. “¿Quiénes somos? Venezuela. ¿Qué queremos? Libertad, libertad”. Las personas seguían la consigna con los rostros iluminados.
Entre aplausos, charla y risas ellos avanzaban cada vez más y más rápido. Ya estaban frente a la salida de Prevete y comenzó a sonar una canción “Para ti no hay nada imposible, para ti. No hay problemas ni enfermedades, para tí”, era Juan Luis Guerra quien se escuchaba a través de una corneta que estaba dentro de Acción Democrática. Qué pertinente canción.
Llegaron a la entrada y pasa un grupo de gente. De los tres pasan dos. La otra espera un rato afuera encabezando el próximo lote que entre. Mientras estuvo allí vio cómo recibían donaciones de comida, agua. Además, la euforia de la gente por entrar. Señores mayores, en sillas de ruedas, personas sin una pierna, bastones, andaderas. La calle estaba llena de gente comentando. Después de unos minutos, ella pasa. Camina por un túnel de gente. Aplausos y gritos cada vez que una persona pasaba.
Adentro, en una de las paredes se encontraba la chuleta. “¿Ya sabes cómo hacerlo?”. Tres preguntas, tres respuestas idénticas. La cola avanza y llega al lugar donde están las mesas. Todo es manual. Entrega la cédula y le dan un papel con tres preguntas. “RECHAZA Y DESCONOCE…DEMANDA…APRUEBA”. Tres respuestas afirmativas. Dobla el papel y lo mete en la caja. Luego pasa con otra muchacha que le da un papel con su nombre, la cédula, firma y coloca su huella. Devuelve el bolígrafo.
Mucho más rápido de lo que pensaba. Más rápido que las del CNE.
Se quedaron un rato frente a la casa de Acción Democrática hablando con algunos amigos. Después de un largo rato llegó el muchacho a quien le partieron el violín. Estaba con un montón de gente. Luego llegó Henry Ramos Allup.
Todos aplaudían. Gritaban consignas. La que más se escuchaba era “¿Quiénes somos? Venezuela. ¿Qué queremos? Libertad, libertad”. Cornetas de carros, pitos. Los perros también llevaban banderas de Venezuela. Cuando pasaba la GNB todos se acercaban al carro y gritaban “Libertad. Libertad”. Algunas personas perseguían el carro y se le asomaban insultándolos. No todos los guardias tenían el rostro serio, unos asentían desde sus asientos.
Después de un rato pasaron otros GNB en una moto. La masa de gente hacía que el tránsito por la calle fuera lento. Mientras ellos querían pasar, la gente gritaba. “Y va caer y va a caer. Este gobierno va a caer. Y va caer y va a caer. Este gobierno va a caer”. Cada vez más y más fuerte. La cara de ellos reflejaba arrechera. El que iba en la parrilla de pronto sacó la pistola y a los pocos segundos sonaron dos tiros. La gente se pone alerta, pero no corre. Las personas ya no se la calan.
11:00 p.m. El resultado: 7.186.170 de personas

