Un ciudadano extranjero (Parte 2)

Fuente (imagen): https://gananci.com/

Había decidido ir a Chile. Mi amigo estaba allá y me ayudó a preguntar si existía algún lugar para mí. Recibí una respuesta afirmativa y siendo sincero no tenía mucho arraigo a Perú, no me sentía muy bien. Ya había reportado en mi trabajo que llegaba hasta el 30 de agosto y el dinero de la liquidación lo utilizaría para llegar a Chile.

Cumplí con el plazo. Sin embargo, al llegar la fecha el pago no aparecía. Esperé cinco, seis, siete, ocho y así hasta llegar al día 21. Tenía casi todo el mes sin cobrar y mis esperanzas de ir a Chile poco a poco se fueron apagando. Mi compañero de cuarto me prestó dinero. Pero yo seguía insistiendo. Todos los días iba a la oficina y las excusas eran infinitas.

En esa situación no solo me encontraba yo, sino también tres personas más. No tener el permiso de trabajo hacía más difícil la posibilidad de presionar, entonces mi empleo se había convertido en una constante visita a la oficina. Comencé a pensar en conseguir otra cosa que hacer, reunir dinero y regresar a Venezuela. No la estaba pasando muy bien.

22 de septiembre. Salí de nuevo en la aventura de conseguir trabajo. Ese día conseguí en una compañía de televisión que transmitían por cable e internet. No me convencía mucho, pero qué otra alternativa me quedaba. Al día siguiente tenía que llevar unos documentos para confirmar el contrato. Llegué a la residencia. Ahí se encontraba mi compañero de habitación. “Te llegó un Whatsapp”. Ahora los mensajes los recibía él, porque yo no tenía celular.

Era un mensaje. Era urgente. Debía ir a recibir mi pago de Claro. De inmediato me fui y tuve que atravesar casi toda Lima, desde el cono norte al sur. Tenía que estar en la oficina en una hora. Me fui en un sistema BTR, algo parecido al Metrobús en Venezuela. Pasé por unas 25 estaciones aproximadamente y luego de bajarme caminé cinco minutos más. Llegué: un minuto antes de la hora pautada.

Una vez en la oficina me bailaron con otra excusa. El pago debía retirarlo el día siguiente o esperar una hora para que les diera tiempo de retirarlo en el banco. “Había esperado 21 días, podía esperar una hora más”. Luego de recibir el pago fui a reparar la tablet.

Con un poco más de esperanza, ese día llegué a la residencia, le pagué a mi compañero el dinero que facilitó durante esos días y le mandé un mensaje a mi amigo: “¿Todavía me pueden recibir en Chile?”.

Continuará

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