“La chica del Tranvía”, una reflexión objetiva.

Pasquín original (debajo) y respuesta pegada en las marquesinas de Madrid (arriba)

No pensé, hará unos pocos días, cuando estalló en los medios una de tantas polémicas sin mucho contenido práctico o trascendente, el que me iba a servir de ejemplo, y no de cualquier ejemplo, para reflexionar sobre algo que a mi, particularmente me asusta, pero que quizá suela perderse en el tumultuoso día a día de las ciudades, inusitadas como la corriente de aguas, que saltea las piedras sin percatarse de su existencia.

Me gustaría empezar planteando un ejemplo de carácter personal, que ilustra perfectamente lo que me gustaría exponer en esta entrada. Yo, hasta hace bien poco (hoy todavía sigo siéndolo, a mi manera), me he considerado una persona bastante tímida e introvertida para muchas cuestiones, entre ellas, las cuestiones amorosas o sentimentales, y aunque no involucren al amor, siento timidez aún para expresar (bien sea con palabras o con hechos) sentimientos que me involucren de manera personal y directa.

Siempre me he callado lo que siento, para empezar por cuestiones personales y por la manera en la que he captado y percibido las relaciones personales, moviéndome en terrenos donde abrumaba la desconfianza, todo ello debido a las malas experiencias que tuve en el pasado. Otro motivo, es porque he pensado, y aún se me sigue resistiendo esa idea, que si desvelo mis sentimientos directamente hacia otras personas corro el riesgo de que los menosprecien, los tiren y los pisoteen, o simplemente pierda conexión con alguien porque, o bien malinterprete mis intenciones, o bien simplemente no se atreva a mirarme a los ojos después de haberme negado, al menos, su afecto.

Lo que he contado hasta ahora no tiene ninguna relación con el tema a tratar en esta entrada, pero me es algo necesario para que tu, que me lees, comprendas al menos el punto de vista que yo tengo, no solo sobre el amor, sino sobre la calidad de las relaciones humanas dentro de una sociedad absolutamente individualizada, personalista y donde el miedo, la desconfianza y la violencia hacen su agosto. Un cuerpo social donde ya no existe el respeto ni la cooperación entre personas, solo existen los bandos, las lecciones morales, las batallas de gallitos y el fuego cruzado. No existen percepciones, solo degeneraciones de intenciones, opiniones sesgadas y fines sin principios.

Y, honestamente, el esperpéntico espectáculo que se ha montado estos días, dentro de lo que llaman España, por un acto que en otro tiempo demostraría admiración y complacencia, denota mucho, no solo de la normalización de relaciones basadas en el éxtasis, el placer puro, el odio o la irresponsabilidad, sino del miedo que manifiestan ciertas personas (entre las que me incluyo) a entablar siquiera una conversación amistosa con una persona del sexo opuesto, no vaya a ser que el contenido del mensaje se malinterprete.

Algunos declaman su postura invocando toda clase de “argumentos” que, en el fondo, involucran juicios de valor y especulaciones sin ningún fin conciliador, y que no dejan nada más en claro que las aspiraciones de algunas personas para fragmentar la sociedad, crear polarización, degenerar aún más el sujeto presente y construir un futuro donde el odio y la desconfianza sustituyan al amor y a la confianza natural que emana de éste. Me da la sensación, muchas veces, de que ciertos predicadores no se paran a pensar con detenimiento en lo falaz, absurdo e incluso peligroso de sus afirmaciones de tipo supremacista, exclusivista, victimista y sexista, extrapolando visiones extremistas y tomando la voz de la totalidad de un colectivo que, puede (y de hecho muchos de sus integrantes lo manifiestan) no sentirse representado por tales concepciones ideológicas, a día de hoy aparentemente mayoritarias dentro de las juventudes.

Por eso, mi conciencia me ha obligado a “entrar al trapo”, como quién dice, no obstante me he propuesto una serie de condiciones. La primera es que, voy a procurar, en la medida de lo posible, por mantener una visión no juzgona o interesada, esto es, intentar ser objetivo y claro en mi discurso, dejando en claro desde un principio que no soy nadie para resolver que está bien o que este mal, ni para dar lecciones de ética o de moral a otras personas, ya que, al menos se supone, que son capaces de construir una base ética propia.

La segunda, es que me intentaré refugiar en el principio paritativo que predica el amor como recurso esencial de la existencia humana, como tendencia natural de éste y como un asunto de responsabilidad y no de libertinaje o algo que se deba rechazar, como el sexismo político e institucional predica últimamente. El amor tiene su base fundamental en el romanticismo, esto es en la libertad que ostentan dos o más personas de establecer tales relaciones afectivas que pueden tener o no un componente erótico. La naturaleza de los cortejos es la opuesta a la naturaleza de las relaciones de poder, violentas o propias de un acosador, porque se basa en las relaciones horizontales y de mutuo acuerdo entre las personas, siendo conscientes no solo de sus sentimientos sino los de la persona ajena, y de las obligaciones que alberga ese proceso.

Plasmar los sentimientos hacia otra persona, o las primeras impresiones que prendaron el alma de la otra, no es tarea de un enfermo y de un acosador como algunos piensan, es algo natural dada nuestra tendencia a comunicarnos con otras personas que puedan haber compartido los mismos sentimientos, con fines lúdicos, expresivos o incluso con fines divulgativos, para que ello le pudiera llegar a la persona (fuese hombre o fuese mujer, eso no importaba) a la que profesaban su amor. El ejemplo más inmediato y palpable sobre esto eran las cantigas populares, muy frecuentes en las poblaciones del norte y cuya escritura, al igual que del panfleto que nos ocupa, era anónima. Si se leen, se apreciará como se realizan tangentes descripciones sobre las características físicas o emocionales de las personas a las que van dirigidas, aclarando, una vez más, que no eran jerárquicas, es decir, podían ser declaraciones de amor de un hombre hacia una mujer o de una mujer hacia un hombre, e incluso (esto es una suposición personal) declaraciones de amor “homosexual”.

EJEMPLO DE CANTIGA DE AMIGO:

¡Ay Dios, si supiese ahora mi amigo
cuán sola estoy en Vigo!
Y tan enamorada.

¡Ay Dios, si supiese ahora mi amado
cuán sola en Vigo me hallo!
Y tan enamorada

(…)

¡Y a nadie conmigo traigo,
salvo mis ojos que lloran ambos!
Y tan enamorada.

(Ay Dios, si supiese ahora mi amigo — Anónimo)

Como se ha visto y ejemplificado anteriormente, este tipo de cortejos por medio de declaraciones escritas (algunas repito, con descripciones físicas o emocionales profundas y eróticas) es algo que está fuertemente enraizado en la cultura y la tradición de los pueblos que componían el norte peninsular y que crearon comunidades basadas en el amor, en el respeto, en la sublimidad y en un profundo sentido emocional, rechazando toda asociación vertical, cualquier Código Legal por considerarlo una afrenta contra las relaciones humanas (en varias plazas de Aragón se quemaron ejemplares del Liber Iudicorum), ergo a sabiendas antipatriarcal y anti-misógino. El cortejo, o el amor por enamoramiento, fuera de lo que cree el academicismo teorético actual, es la mayor expresión de amor y de respeto hacia la persona por la que se mantienen sentimientos tan profundos y, en cierto modo, espirituales.

Es pues, este tipo de eventos, la ventana por la que los sentimientos y pasiones de las personas se dejaba ver, hasta el momento presente sin impedimentos sociales ni políticos, representando lo contrario a una demostración de odio y de sexismo, sino una demostración de afecto, respeto y profundo sentimiento de benignidad y hermandad. Resulta pues curioso, que esos sectores cavernarios que replicaron tan fervientemente (y probablemente, con buenas intenciones) el pasquín que el muchacho de Murcia colgó por la ciudad, están, sin saberlo, repudiando las raíces del amor, del enamoramiento y de la humanidad, en pro de un sistema completamente artificial de relaciones verticales o basadas exclusivamente en el placer material, incluyendo dentro de éste al placer sexual, o que los únicos espacios donde se pueda desatar, no el erotismo, sino una sexualidad mojigata y pueril, sean en los baños de las discotecas o en cualquier otro momento posterior a la desinhibición y la quita de responsabilidad que la drogadicción de masas ha otorgado a las sociedades actuales.

Al no decantarse por el amor, el romanticismo o las demostraciones de benevolencia, respeto y benignidad que representa éste, como símbolo de la libertad más colosal y como herramienta de unión y confianza entre las gentes, promueven todo lo contrario, la preminencia de la sexualidad sobre el amor, de lo pasional y efímero sobre lo esencial y duradero, el interés sobre la solidaridad y la ramplonería sobre el existencialismo que encierra el acto de amar. Ellos, desde sus postulados reaccionarios, probablemente sean los mismos que defiendan la abolición completa de la familia en todas sus formas, erradicando cualquier posibilidad de emancipación de la sociedad para subsumirla al Estado, a la empresa y al capital, haciéndola exclusivamente dependiente de lo banal, lo dichoso a ojos, lo material o el factor monetario, creando un sujeto totalmente desvirtuado, desprovisto de afecto, calamitoso y únicamente entregado al trabajo o a las pasiones, todo un animal, la perfección del ideal aristotélico de esclavo.

ANÁLISIS DE LOS PASQUINES DESDE UNA VISIÓN CRÍTICA:

Ahora, que he ocupado las primeras líneas de esta entrada a una breve e incompleta reflexión sobre la calidad de las relaciones sociales a día de hoy, y sobre el desconocimiento que muchas personas profesan de la historia de sus antepasados y sobre el verdadero significado de la palabra “romanticismo”, voy a dedicarme a analizar el cartel que en los últimos días ha levantado tanto resquemor y disparidad de opiniones en el entorno social, y proceder a comentar la encíclica (porque no tiene otro nombre posible) que desde la “religión civil” feminista se ha distribuido al conjunto de sus fieles, albergando en su interior un mensaje que incoará a una serie de reflexiones finales de carácter etéreo y, espero claro, con un mensaje último dedicado a toda la sociedad en general, y a los colectivos y personas simpatizantes con la teoría feminista en particular.

Para esta tarea, tomaré como fuente principal un artículo del diario “EL ESPAÑOL” con información, a mi juicio bastante objetiva, de todo este espectáculo orquestado desde el seno de las redes sociales, desvelando las ansias de muchas personas para enfocar esfuerzos, críticas y señalamientos a otras personas similares a ellos, y no en la razón ulterior de su condición o situación, pese a que, algunos análisis feministas convierten a sus ideólogos (porque sí, muchos son hombres) en quizá excelentes palpadores de barrigas pero en pésimos médicos, al no comprender o comprender muy vagamente las causas de esa sintomatología, siendo los remedios propuestos, en muchas ocasiones, meros agravantes de la enfermedad.

Procederé ahora a incluir a continuación ambos textos y así realizar una comparación holística de los mismos:

PASQUIN 1: “QUERIDA CHICA DEL TRANVÍA”

La noche del bando, sobre las 22:20 pm, subiste al último vagón del Tranvía en la parada de la Plaza Circular. Si mal no recuerdo ibas acompañada por unas chicas que parecían ser tus amigas (una de ellas pelirroja con el pelo ondulado). Ellas se bajaron en la parada de la Senda de Granada y tú ocupaste sus sitios.

Me sorprendí a mí mismo en el momento en que me di cuenta de que no podía apartar mis ojos de ti. Tendrás sobre unos 20 años, pelo oscuro y corto. Vestías una camiseta blanca, la cual combinaba muy bien con tus leggins de color negro. Medirás 1,65 aproximadamente.

Pude observar que no tuviste un buen fin de fiesta. Pero aún así estabas preciosa. Dicen que cada momento de búsqueda es un momento de encuentro…

Me gustaría haber reunido el valor de sacarte del infierno que estabas pasando y alegrarte la noche. Ojalá te hubiera tendido mi mano. Sólo quería sacarte una sonrisa y llevarte a cena. Te estoy buscando desde el momento en que te vi. Con la esperanza de encontrarte como una aguja en un pajar. Si lees esto y quieres conocerme aquí te dejo mi número de teléfono (da su número de teléfono)

PASQUIN 2 O ENCÍCLICA: “YO SOY LA CHICA DEL TRANVÍA”:

Ojalá aquella noche del bando, sobre las 22:20 pm no me hubiera subido al último vagón del tranvía en la parada de la Plaza Circular. Me acompañaban mis amigas y solo quería llegar a casa para poder dormir después de las fiestas, así que cuando se bajaron, me senté en los sitios que dejaron. Estaba agotada. Sin embargo, no hay descanso para las mujeres, ni siquiera en el transporte público.

No me sorprendía que un extraño me mirara más de lo normal. No es la primera vez, pero nunca te acostumbras. Prestas atención a tu alrededor, valoras el riesgo de la situación, esperas que no se te acerque y cuando llegas a casa escribes a tus amigas, para que sepan que estás bien. Que no te ha pasado nada. Que has sobrevivido.

Esta noche fue una más. Por suerte no iba sola contigo en el vagón. De ser así me habría bajado inmediatamente, reglas de supervivencia para mujeres. No dejabas de mirarme, y eso asusta. Así que cuando te miraba, te desafiaba. Quería que vieras mi hostilidad. Que no se te ocurriera acercarte.

Sentí alivio cuando vi que ibas a bajarte. Pero no te detendrías ahí. No. Tuviste que insistir. Así que desvié la mirada mientras me hacías gestos ¡para que me bajara contigo! ¿Estas loco? Te ignoré. Te rechacé. ¿Qué esperabas?

Pero no te rindes. No lo entiendes, ¿no? Ahora toda Murcia está empapelada de tu declaración “de amor”, reclamándome para ti. Pero no es más que una declaración. De acoso. No te has parado a pensar ni un segundo en mí. ¿Cómo crees que me hace sentir leer tu entrevista en los periódicos? ¿Crees que un desconocido, que no me conoce, puede saber como hacerme feliz? ¿Qué clase de amor enfermo es ese?

Si de verdad quieres sacarme una sonrisa, deja de buscarme. Déjame. No insistas más.

OBSERVACIONES Y DEDUCCIONES SOBRE LOS PASQUINES:

Supongo que, cualquier persona medianamente razonable, después de leer ambos textos y meditarlos, se dará cuenta de algo más que obvio: que la autora del segundo texto no es, ni de lejos, la chica del tranvía a la que el autor se dirige. ¿Que por qué lo se? Por varias razones, ajenas al texto, pero ello es fácilmente deducible por su contenido, propio más de una elucubración literaria de una mente inquieta y creativa, que de la realidad, si tomamos como referencia objetiva la declaración del pasquín primero.

Si te centras, como digo, en comparar esta encíclica religiosa y carca, con el original publicado por el chico en Murcia, verás que, a no ser que sea una persona del entorno muy cercano a la de la implicada (cosa imposible al no poder saber de quién se trata por medio del texto del chico, y porque estos pasquines fueron pegados por las marquesinas DE MADRID), es imposible que sepa que, al llegar a casa, la chica se dedicó a contarle a sus amigas que un extraño la había “observado” durante su viaje en el tranvía, aparte de ser fisiológicamente imposible debido al más que probable estado de alicoramiento en el que se encontraba, y por las altas horas de la noche, el tener una percepción y reflejos tan agudos como para comprobar que alguien te mira y deducir tanto sus intenciones como su finalidad, requeriría de un esfuerzo mental digna de una persona sobria, despierta y en completas facultades, evidenciando el carácter ideológico, que no real, del texto segundo.

Dado lo anterior, otra invención literaria es la supuesta retribución de la chica a la mirada del hombre, o decir que se sintió acosada ante invitaciones de ese hombre a bajarse con él en la parada que le tocaba, algo que, me reitero, según el texto original no sucedió.

No solo la autora patina con la descripción de los acontecimientos, sino con el recalcitrante odio y la misantropía (pues no es misandria, ya que la trasciende) de su panfleto, una argucia, por cierto bastante inteligente, para hacer que cale entre la gente los mensajes más retrógrados y los postulados ideológicos de calado más fascistoide, es decir, la vertiente más autoritaria de un movimiento, empero, y para gracia de la especie humana, bastante heterogéneo, donde un número nada despreciable de personas conservan aunque sea en rangos mínimos cierto criterio y piensan algunas cosas por sí mismos, aunque, a juicio personal nadie que se atribuya una etiqueta conserva para sí todo el potencial y la responsabilidad que conlleva formular ideas de manera libre.

Otra característica que no pasa desapercibida, y que pone de manifiesto el carácter misógino que el progresismo ha aventado en los movimientos sociales, y que algunos sectores del feminismo toman buena cuenta de ello, al colocar a la mujer por definición a un nivel inferior al hombre, y preconizar consignas cargadas de un victimismo ampuloso (el hecho de decir que “no hay descanso para las mujeres” o que de ir sola en el vagón se habría bajado inmediatamente, arguyendo que se trata de “reglas básicas de supervivencia para mujeres”). Curiosamente, y, como es común en este tipo de fanatismos, hablar por la totalidad de las mujeres del país supone que se concibe una idea totalmente infantilizada de la mujer, como un ser menor de edad, incapaz de pensar lógicamente y de tener la determinación de tomar sus propias decisiones y acarrear las posibles consecuencias que le vengan. Este tipo de mensajes son de los que se sirve el Estado para mediar, implantando autoritarismos como la Ley de Violencia de Género, que como algunos juristas, recogidos por el proyecto documental “Silenciados” reconocen, supone un ataque a las libertades fundamentales tanto de hombres como mujeres, al suponer a los primeros agresores naturales y a las segundas víctimas indefectibles de éstos, destruyendo supuestos principios rectores del Ordenamiento jurídico como la presunción de inocencia y mermando considerablemente las capacidades defensivas de los hombres.

Infantilizadas quedan también las relaciones sociales, y en concreto, las relaciones amorosas, al soltar la autora la siguiente coletilla en voz de la chica: “¿Crees que un desconocido, que no me conoce, sabe como hacerme feliz?”. Esta persona, ignora que el objetivo ulterior de las relaciones amorosas no es garantizar la felicidad, al menos no la merma que hoy se entiende por “felicidad”, una sensación pletórica resultante del saciamiento continuado de placeres que los cristianos primitivos calificaban con toda propiedad de “mundanos” y “terrenales”, que no alimentan al espíritu sino que llenan los vacíos provocados por éste al impedir que los sujetos se dediquen a la auto-construcción tanto personal como de la comunidad en su conjunto.

El verdadero sentido de las relaciones amorosas, considero yo, es el sacrificio, el esfuerzo y el desinterés. El amor, en su sentido original, se basa en una relación libre, sin ningún interés de por medio, ya sea este monetario, de poder o cualquier otro. Es una relación acordada por la que dos o más personas deciden convivir aportándose lo mejor unas a otras. Una relación de beneficios, pero también de responsabilidades, de trabajo, de dedicación y de consenso. Donde, en muchas ocasiones, el individualismo queda eclipsado por el deber de mejorar, paso a paso, la vida de persona o personas que comparten ese sentimiento mutuo, reforzar los vínculos y repartir tanto los bienes materiales como las reflexiones de carácter espiritual.

Dicen que el ladrón juzga según es su condición, y, aunque sobre las conductas o situaciones personales de la autora de esta encíclica no puedo yo alegar nada (ni a favor ni en contra) porque, naturalmente, no la conozco, si que puedo evidenciar el carácter morboso y enfermizo que sus escritos neoinquisidores tienen, donde, por medio de indirectas y de manera sibilina se está renunciando al amor, al enamoramiento y a la convivencia, soltando chabacanerías que predican el odio, la desconfianza, y en última instancia la animadversión o repulsión vomitiva al sexo opuesto, en este caso a los hombres, situando algo que debería estar considerado como mera actitud de cortejo, y con un sentimiento de admiración profundo (tal y como son consideradas las Cantigas populares de amigo), a la escala del acoso, alegando que las relaciones amorosas, son por definición relaciones de poder. Al declamar esto, se está situando a favor de las verdaderas relaciones de poder, esto es aquellas relaciones que involucren el interés, el egoísmo, la autosatisfacción pasajera o el culto al cuerpo o a lo material, ergo la esencia verdadera del capitalismo y el mecanicismo de los tiempos posmodernos.

OBSERVACIONES Y REFLEXIONES FINALES:

Quería, a modo de cierre, realizar un paralelismo entre los tópicos sexistas de la vertiente más enervada del feminismo academicista, y los tópicos racistas derivados de los fascismos y de los neofascismos. Ambos tienen una visión parcelada de la sociedad, donde categorizan la maldad y la bondad y se la atribuyen a las personas que desean, con el fin de bandalizar (crear bandos) en el seno de la sociedad y cumplir la premisa romana de conquista: “divide et impera”.

Los fascismos hacen, al igual que algún sector del feminismo, un discurso puramente biologicista, alegando que las diferencias raciales (y en este caso, sexuales) entre blancos y no blancos, o entre hombres y mujeres, condiciona y debe condicionar no solo sus relaciones, sino sus características físicas o psicológicas. Paradójicamente, al mismo tiempo que adulan a la mujer, atendiendo a su emoción y no a su lógica o capacidad de razonar, la defenestran, al no considerarla equiparable al hombre, y por tanto la verán como más indefensa y necesitada de protección, eliminando su libertad tanto de conciencia como de decisión, y, en relación con el artículo anterior, negar su humanidad.

Quería concluir esta entrada, no sin antes enviar un mensaje conciliador a todas las mujeres, y en especial a aquellas que, seducidas por el análisis feminista de las relaciones o de la condición de la sociedad actual, conservan un mínimo de pensamiento crítico como para definir sus propias convicciones. Necesito dirigirme a vosotras para que, a pesar de lo peliagudo del análisis antes descrito, no me toméis por un enemigo, ni os sintáis ofendidas por lo que he mencionado arriba, ya que lo último que quiero es crear más disensión en todo este pozo mediático. Mi única intención es la de aclarar ciertas confusiones, malentendidos e interpretaciones equivocadas, tanto del mensaje como de otras situaciones, a fin de que se pueda reorganizar los pensamientos y obtener conclusiones personales, vaya por delante que no tienen que ser las conclusiones que he obtenido yo, sino que deben de proceder de un profundo proceso de cuestionamiento de la realidad, aunque ello involucre más de una disonancia cognitiva.

Me gustaría también dirigirme a aquellos sectores que promueven la caterva reaccionaria de las ideologías “de género”, para invitarles a que reflexionen, a que paren sus vidas por un segundo y piensen en qué es lo que están haciendo, y con qué objetivos, que es lo que quieren transmitir y qué es lo que están transmitiendo. No dudo en ningún momento en que haya personas que, habiendo tomado parte en este fuego cruzado, lo hayan hecho (defendiendo a la parte que defiendan) como dije anteriormente, con la mejor de sus intenciones, dado que yo tiendo a pensar en la necesidad que tienen las personas de sentirse útiles, importantes y que, con sus retribuciones ayudan o pueden ayudar a una causa en la que creen con fervor, pero no olvides ese refrán que dice que: “de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”.

Piensa en lo que dices y en su naturaleza, y, bueno, un consejo, ten siempre presente que, por muy acertado o acertada que creas que te encuentras, todo lo que crees puede estar errado. También te pido que, en la medida de lo posible, evites los visceralismos y las emociones a la hora de expresar una perspectiva sobre un tema, especialmente si es tan delicado y tendiente a la enfrentación como son estos temas actualmente (por desgracia), y que pienses en cada mensaje transmitido o palabra pronunciada, así, te garantizo que enmendarás muchos errores antes de que éstos se produzcan. Como última petición, solicito coherencia. Que si defendemos como actitudes negativas unas, no defendamos al mismo tiempo esas actitudes, por mucho que pueda servirnos de coletilla para defender algo que consideramos verdadero, porque corremos el riesgo no solo de equivocarnos, sino de perder la confianza de las gentes, necesarias para un proceso revolucionario integral, por ello también invito a que, cuando veamos por nosotros mismos o por terceros que hemos manejado conductas o transmitido opiniones erradas, reconocerlo, y si procede, disculparse, porque ello dice mucho de una persona.

Quiero cerrar mi discurso (ahora sí, lo prometo), invitando a la reflexión, ahora, a la sociedad en su conjunto, no solo sobre estas líneas, sino sobre el tema que las conduce, a fin de plantear un debate serio que conduzca a un ejercicio colectivo de dubitación para construir un relato común, a fin de que nos represente a todos y sobre el cual podamos proponer soluciones concretas o establecer un plan revolucionario a largo plazo. Invitar a que dejemos los tabúes de lado de una vez, porque al hacerlo estaremos invitando a nuestro interior a rearmarse cada vez, con cada argumento, replantear la estructura mental e ideológica, y si es necesario, cambiar de ideas, de pensamiento o de actitudes, no es algo pernicioso, ni mucho menos, es el mayor exponente de madurez intelectual.

Yo, por mi parte, tenderé mi mano a todo aquel que quiera trabajar codo con codo, profese la ideología que profese o adopte la perspectiva que adopte, a fin de construir una sociedad de sujetos virtuosos que entiendan la importancia del amor, del esfuerzo y de la búsqueda eterna de verdad y de perfección, dado que, al constituir una meta imposible, frenará todo ápice de conformismo. Desechar las visiones utópicas en pro de una sociedad donde la vida no la determine el poder, la ambición o el egoísmo, sino el mutuo respeto y relación de colaboración o de asistencia solidaria. Me tendréis aquí, para, de forma correcta y civilizada, hablar, conciliar y acordar, poniendo de relieve lo que nos une y abstrayendo lo poco que nos pueda separar, ensalzando la objetividad en la medida de lo posible y rechazando todo sectarismo o fanatismo ideológico que tanto mal hacen a la conciencia y a las ideas libres, al amor y al deseo individual o colectivo de superación.

Gracias por leer esta bagatela. Saludos afectuosos.