Las elecciones (futbolísticas) del Barça

Decía Gerard Piqué en una entrevista con El País el pasado mes de diciembre antes del Mundial de Clubes, respondiendo a una pregunta sobre los diferentes matices que el equipo había adquirido con Luis Enrique, que “ahora porque no nos sentimos incómodos si no tenemos la pelota. Antes, la teníamos tanto que cuando no era nuestra, nos costaba. Somos más solventes”. Aunque la respuesta parece enfocada al rendimiento defensivo y también a una cierta necesidad personal de intervenir más como defensor que Piqué explica en la misma entrevista, es difícil no relacionarla con la salida de balón desde atrás, característica del juego siempre presente en el ágora barcelonista.

El domingo en el nuevo San Mamés, un año más Ernesto Valverde propuso un partido exigente para el Barça, asumiendo que cerrarse atrás durante noventa minutos en tu propia casa no aporta ninguna garantía de éxito. Así que 4–4–2 y a presionar arriba, incluso utilizando un perfil como el de Eraso como segundo delantero para potenciar esa intención.

Tres temporadas llevaba el Barcelona sin ganar en Bilbao hasta que en febrero de 2015, en la primera temporada de Luis Enrique, lo hizo con rotundidad, 2–5, con Neymar pero también sin Iniesta. La temporada pasada, 0–1 y también en agosto pero con Claudio Bravo en la portería, quien con 44 pases acertados batió el récord para un portero en la Liga. Hasta el domingo. En su debut ya como titular indiscutible, Marc André Ter Stegen participó en 62 ocasiones con los pies, 51 correctamente, definiendo lo que fue el partido. Es cierto que tuvo un par de errores con el pie pero, combinando su acierto global con la seguridad en los blocajes bajo palos, la suma es claramente positiva.

A menudo desde la propia línea de fondo, Ter Stegen y los dos centrales, el propio Piqué y Umtiti, se empeñaron en sacar el balón jugado, pese a que los números también señalan otra cosa importante: ellos tres intervinieron más que los centrocampistas y que Messi. Mucha efectividad pero poco riesgo. Balón jugado desde atrás, sí, pero no necesariamente con el objetivo de encontrar superioridades y al hombre libre, sino como maniobra de espera, como herramienta para mantener el juego en un estadio de latencia hasta poder aprovechar la calidad técnica del resto de sus compañeros. En el ejemplo anterior que explicaba @axeltorres, el avance azulgrana es colectivo pero la diferencia la marcan dos maniobras magníficas de Rakitic y Messi. En el 0–1, Piqué disfruta de tiempo y espacio para masticar la salida, pero es un primer toque alucinante de Busquets y un control orientado de Luis Suárez los que convierten la salida en jugadas de gol. Parece lo mismo pero no lo es. Como viene ocurriendo desde la llegada de Luis Enrique y el fichaje del uruguayo, muy frecuentemente las diferencias se marcan más en la definición que en la construcción. El plan lleva tres temporadas funcionando más o bien en Bilbao, por ejemplo, donde se exige lo máximo al modelo. Es lógico, se puede entender esa elección teniendo en cuenta los recursos disponibles, pero cuesta imaginarse qué pasará cuando algunos de estos excelsos protagonistas ya no estén y haya que empezar de nuevo.

A partir de ahí, el Barça sí asentó algo más el juego de pases, combinándolo con desmarques de ruptura interesantes, por ejemplo de Denis Suárez, menos participativo que en la jornada inaugural contra el Real Betis pero aportando oxígeno y espacio a los pasadores con sus movimientos. El propio Luis Enrique reconocía en la rueda de prensa posterior que “El partido ha tenido un ritmo frenético. Tuvimos controlado el partido en la segunda parte, pero en la primera cometimos demasiados errores”. Está bien hablar de juego vertical y directo, pero la pelota siempre vuelve igual de rápido que va, ya deberíamos saberlo a estas alturas.

Además de Denis, el otro nuevo integrante del XI titular fue Samuel Umtiti. Asumiendo que es pronto y que estamos en agosto, no comparto el optimismo (cuando no entusiasmo) general con el defensa francés. Continúa tímido en el pase, siempre apoyándose en Piqué pese a que recibe menos atención rival que su compañero. Cuando decide intentar romper líneas conduciendo en vez de mediante un pase profundo, de momento no parece muy acertado en la toma de decisiones. Y en la otra parte del trabajo, la defensiva, tomó una tarjeta amarilla rápido (a sumar el penalty contra el Sevilla FC en la Supercopa), llegó tarde un par de veces al cruce y, sobre todo, dio sensación de no mantener la línea de cuatro con la misma solvencia que los otros tres, terminando por pensar más en acercarse a su propio portero que otra cosa. Le falta bastante para quitarse el puesto a Mascherano, me temo.


Masip-Bartra-Samper-Munir vs Cillessen-Umtiti-Gomes-Alcácer. No digo que no haya diferencia de calidad a favor de los nuevos, pero…¿es de más de 100M €? Lo dudo.