PRIMERA AVENIDA #6

Había un problema con la pizarra de clase. Se veía borrosa. Cuando me acercaba, el problema desaparecía, pero desde mi sitio era complicado leer lo que la señorita Paloma escribía en la pizarra. Un día me puse las gafas de alguien. Eran las gafas de una niña. Con unas gafas de niña todo se veía diferente. Mi madre me llevó a una tienda de gafas y me sentaron en una silla de metal y me preguntaron por unas letras muy pequeñas que había en la pared. Tuve miedo de no saber qué letras eran cada una porque nunca me aprendí muy bien el abecedario. Días después ya tenía mis propias gafas. Gafas de niño. Ahora sólo se veía mal cuando había mucho sol. La culpa era de la tele. De la tele gigante y de sentarme muy cerca de ella. Y de Emilio Aragón.

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