La mierda de trabajar en agencia grande

Por mucho tiempo trabajé en agencias digitales pequeñas por así decirlo, fue donde aprendí a hacer lo que hago; siempre que el tema salía a relucir yo orgullosamente decía “No, no me llaman las agencias grandes, eso de andar trasnochando, de tener que lidiar con gente de egos inflados, no gracias, me gusta aquí”
Por cosas del destino y de la vida, terminé en una de esas gigantescas agencias con nombre de apellidos en inglés rimbombantes, de esos nombres que la gente no puede decir en una frase sin tomar suficiente aire y del que necesita un nivel de inglés lo suficientemente alto para hacerse oír cool.
Oh cosa horrorosa, que no llevando más de 6 meses, he confirmado con tedio que no estaba equivocado en lo más mínimo.

Tuve la oportunidad de vivir y trabajar en el exterior, en una de las colonias más grandes de colombianos, entiendase Buenos Aires, y aunque la diferencia cultural se marca bastante, logré hacer amistades argentas que hoy considero más familia que amigos, y sin embargo habiendo pasado una de las pruebas más difíciles de inclusión cultural, nunca, repito nunca, había conocido peor gente que con la que he tenido que lidiar todos los días desde que entré a la “agenciota esta”.

Recapitulemos, en las agencias grandes el mayor negocio es ATL ya que es una de las industrias que más dinero mueve en general y es donde se encuentran básicamente los niños ricos y puppies de la publicidad; por el contrario, el área digital es una pequeña parte de la torta que ha venido creciendo con los años y que cada vez que el presupuesto de un cliente es bajo, se piensa en digital, si no hay plata hacemos algo digital, básicamente digital son los menos populares, los feos y pobres de la secundaria.

En algunas agenciotas el asunto digital está avanzado y hay grupos más grandes dándole más peso al asunto, sin embargo, desafortunadamente donde yo llegué, eramos apenas 4 gatos, no conocía a nadie, y básicamente no fui tomado muy en cuenta por nadie. Intenté ser amigo y acercarme pero muy pocos querían, por así decirlo, “juntarse con digital, los que salen temprano o como hace poco me enteré que nos definen, los nerds”. Decir que uno puede hacerse el Jaider y decir, “yo vine aquí a trabajar y no a hacer amigos”, es una mentira, mucho del gusto que uno le toma a un trabajo radica en ese ambiente laboral agradable, por fortuna, el equipo digital ha crecido y ya los “nerds” nos apoyamos entre nosotros. Así puedo seguir enumerando un montón de situaciones, pero creo que ya expuse mi punto; para ATL mucho del mundo digital es desconocido, y así como un rico no considera digno a ninguno que no sea parte de su circulo, muchas personas que pertenecen a ATL simplemente prefieren ignorar lo digital por no ser tan “cool”

Ahora vamos por la siguiente joya, los premios, festivales y demás shows mediáticos creados por y para sustentar el ego de los publicistas. Nunca en toda mi vida he soñado con ser un rockstar de la publicidad, nunca mi meta ha sido que mi trabajo sea mi vida, por lo tanto, nunca mi meta jamás ha sido ganarme un premio publicitario, pero claro, esa es mi humilde posición; existe el otro lado, el del profesional que realmente vive para eso, muere, y vuelve a vivir por la fama y la adulación. ¿Cuál es el correcto? Bueno querido lector, eso depende de cada uno. El asunto de los premios es perfecto, es una de las mentiras mejor vendidas de la publicidad, sino la mejor, las agencias no pierden oportunidad para exprimir a sus creativos, que cual zombies hambrientos de ego y de reconocimiento, caminan largas, duras y extenuantes jornadas de hasta 24 horas no reconocidas económicamente ni de ninguna manera; les han vendido tan bien la idea de que los premios los van a separar de sus compañeros mortales, que exhiben su ajetreado modo de vida como si de cicatrices de guerra se tratasen, y todo por ganar un premio, y más importante aún, aumentar sus puntos de ego.
Generalmente ganarse un premio significa reconocimiento, tal vez, no siempre un aumento, o simplemente el hecho de que otra agencia los llame con una significante mejora en el bolsillo, pero entonces el ciclo vuelve a empezar: trasnochos, proactividad obligada y todo ese montón de cosas que exige ser “creativo”. ¿Y por qué es tan genial todo esto? Porque las agencias han creado un ejercito de personas que trabajan el doble del tiempo para agrandar sus arcas sin gastar un peso más.
Ahora, ¿Qué pasa cuando a uno no le interesa ganarse un premio ni ser un rockstar de la publicidad? Nace la dicotomía de “Si no está con nosotros, está en nuestra contra”; Empieza entonces el acoso de jefes, que no teniendo idea de liderar un grupo salen con argumentos tipo “Irse a las 6 es hacer el mínimo esfuerzo” o “Todos los creativos deben trasnochar, solo por que son creativos” Y no son solo los jefes, son casi todos los “creativos” que los rodean. No digo que uno no deba quedarse a veces un poco más, pasa en todos los trabajos, el problema es cuando la excepción se vuelve regla, y cuando no hay una razón real para que la gente tenga que quedarse hasta mas tarde en la oficina, por experiencia lo digo, cuando alguien se trasnocha, es porque alguien en la cadena de trabajo no está haciendo bien su trabajo, es falta de organización, ¿Pero quién en su sano juicio está dispuesto a decirle a un pluma blanca de esos que tienen yates, propiedades a raudal e influencias en todos lados, que está haciendo mal las cosas?,¿Qué debería organizarse mejor?¿Cómo luchas con una maquinaria tan vieja y pesada para cambiar las cosas?

Yo por ahora me quejo y lo seguire haciendo mientras tenga boca y lo puedo gritar a los 4 vientos, más tarde pensaré como sacarle provecho al asunto y sobre todo como salir de este lugar, que tengan una gran semana y sean felices, y si no lo son, esfuercense para serlo más adelante.